Comenzó la carrera para 2004 en Estados Unidos
Washington, ANSA
Las elecciones del 2000 todavía no tienen un ganador, pero Al Gore y George Bush ya comenzaron la campaña del 2004, preparándose para una probable revancha dentro de cuatro años.
El reciclado del material ya comenzó. La montaña de pasacalles, carteles y afiches con la leyenda Gore-Lieberman y Bush-Cheney no terminó toda en la basura o en Florida (donde la campaña, de hecho, aún sigue). Ambos partidos tienen buenas probabilidades de usar el mismo material en 2004.
Si es Bush quien jura el 20 de enero próximo como 43º presidente de Estados Unidos, será casi imposible para los demócratas negarle a Gore la posibilidad de una revancha en 2004.
Sobre todo si el vicepresidente, aunque derrotado en la cantidad de Grandes Electores, resulta haber obtenido más votos populares que su rival.
Si Bush pierde la Casa Blanca por un puñado de votos en Florida, quedará durante los próximos cuatro años como el «presidente en las sombras» republicano, un partido donde por el momento no se entrevén personajes capaces de desplazarlo de su posición de líder.
La revancha podría disolverse sólo si el candidato perdedor de las presidenciales de 2000 no sabe reconocer su derrota a tiempo, destruyendo así en la inútil agonía sus posibilidades de presentarse nuevamente dentro de cuatro años.
«Es error que Gore y Bush estarán bien atentos para evitar», afirma el politólogo Larry Sabato, es su interés llevar adelante la batalla por la Casa Blanca 2000 en tanto exista una razonable posibilidad de éxito. Pero no un segundo más».
Perderían de inmediato, en efecto, el apoyo de la mitad del país, y quemarían todas sus posibilidades de revancha.
Aun más complejo es el juego para ambos partidos, que en 2002 se enfrentarán con nuevas elecciones, donde se renovarátoda la Cámara y se reelegirá un tercio del Senado.
Los demócratas tendrán buenas posibilidades dentro de dos años de quitarle el control del Senado al partido rival.
Para llegar a la revancha, Gore y Bush deberán sobrevivir a las recriminaciones que lloverán sobre el candidato derrotado.
Los republicanos ya comenzaron, acusando a Bush de mostrado en los días finales de la campaña un exceso de seguridad que podría costarle la victoria. Las decisiones de Bush de visitar en las horas finales California y Nueva Jersey, dos estados donde no tenía posibilidad de éxito, y de pasar el domingo anterior al voto en su estancia de Texas, mientras Gore pasaba por los estados clave, fueron duramente criticadas.
«Gore cerró la campaña como un velocista –observó un republicano–, Bush como un maratonista apagado y demasiado seguro de sí mismo».
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