Chile en el Mercosur
Por Víctor Vaccaro
La reunión de los equipos de coordinación del Mercosur y Chile que debió realizarse ayer lunes en Santiago, para definir la propuesta de negociación para su incorporación como miembro pleno, fue diferida para después del encuentro que los presidentes del grupo sostendrán el próximo sábado con el mandatario chileno Ricardo Lagos, en el marco de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado que tendrá lugar en Ciudad de Panamá.
Con esta decisión, los negociadores prefirieron que los gobernantes de los cinco países lleguen a un acuerdo que despeje los obstáculos que implican para Chile incorporarse al bloque sin que exista una disciplina comercial colectiva. Ello les proporcionará un marco para eliminar las incógnitas cuando se encuentren, posiblemente a fines de este mes, para ultimar el documento con las condiciones y plazos de la integración de Chile que debería aprobarse en la Cumbre de Florianópolis.
El secretario del Comité Ejecutivo del Mercosur, Augusto Bermúdez, ex Embajador de Chile en Uruguay y la Aladi, reconoció a LA REPUBLICA que los presidentes deberán encontrar criterios comunes respecto a la autonomía para negociar con otros países y bloques, establecer la convergencia arancelaria y la coordinación macroeconómica, que son los principales temas pendientes.
«Si el Mercosur es una unión aduanera y se plantea que Chile tiene que entrar en ella adoptando el arancel externo común (AEC), no hay ninguna posibilidad real de ingreso. Lo más probable, entonces, es que durante un lapso más o menos indeterminado, coexista una zona de libre comercio con una unión aduanera», anticipó el experto.
«Eso significa agregó que Chile no adopta el AEC y se espera que en la llamada convergencia arancelaria sea el Mercosur el que baje sus aranceles, lo que parece viable en la medida que el bloque perfecciona actualmente sus negociaciones con el ALCA y con la Unión Europea. Si se va a una zona de libre comercio con esas dos agrupaciones, Mercosur va a terminar con un arancel 0 en 10 o 15 años más y eso haría perder de hecho su función a la teoría de un arancel externo común».
Bermúdez precisó a este corresponsal que la fórmula especial para el ingreso de Chile «está en coexistir en esta situación disímil en tanto no se materialice el acuerdo con el Alca y la UE. Si con ambas fracasa el proceso de negociación, no hay ninguna posibilidad de que el Mercosur baje sus aranceles y en esas condiciones la coexistencia del arancel chileno con el AEC va durar «n» años, hasta que las tendencias económicas varíen o quizás qué pueda pasar».
En cuanto a las objeciones de la derecha política y un sector de empresarios al ingreso pleno al Mercado Común del Sur, el diplomático cree que sus alegatos son fundamentalmente ideológicos pues piensan que si se ingresa a este bloque no habrá negociación con ALCA ni con la UE. Al respecto llamó la atención sobre el hecho que «hay problemas de acceso al mercado con México, pero nadie dice nada, en cambio si hay una dificultad de acceso a Argentina o Brasil, se crea un escándalo monstruoso. En esto hay un trato muy discriminatorio e injusto».
Añadió el coordinador chileno para el ingreso al Mercosur que la derecha clásica teme la oferta agrícola del Mercosur, que se llegue a negociar la supresión de las bandas de precios y que la agricultura tradicional se vea afectada. Es más, hoy achacan al Mercosur el daño a la agricultura tradicional, en circunstancias que este sector no se empieza a desgravar en el Mercosur. Todos los efectos dañinos que sufre nuestra agricultura tradicional son derivados de la rebaja de 11 al 6 por ciento de nuestros aranceles, que la derecha quiere que llegue a 0 lo antes posible, pero excluyendo a los productos agrícolas.
Por lo mismo, sostuvo que «el tema de la convergencia arancelaria va muy pareado con la autonomía comercial, porque, si yo no tengo un AEC con el Mercosur ¿por qué voy a perder mi autonomía comercial? Los dos elementos están absolutamente ligados, y respecto a ellos Chile no renuncia. Como lo ha reiterado el Presidente Lagos: no abandonará las negociaciones con otros países o regiones ni tampoco modificará su política arancelaria».
Bermúdez concluyó que ahora «estamos viendo qué grado de aceptación real tiene eso, porque a nivel de presidentes existiría un cierto consenso. Lo que se persigue ahora en Panamá es que haya instrucciones muy claras a los negociadores en ese sentido y se despejen definitivamente estos tres puntos. Sólo después de eso vamos a retomar la negociación para implementar el acuerdo antes de la Cumbre de Florianópolis, prevista para el 14 y 15 de diciembre».
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