Los kurdos, ante una oportunidad histórica única
El pueblo kurdo constituye un grupo étnico originario de la región conocida como Kurdistán, una región que abarca partes de Irán, Irak, Siria y Turquía. La mayoría de los kurdos vive en esos cuatro países pero hay minorías importantes en el Líbano, Armenia, Afganistán, Azerbaiján y distintos países de Europa, encontrándose el contingente más numeroso en Alemania (entre 500 y 800.000). Nadie sabe a ciencia cierta cuántos son los kurdos y las estimaciones varían enormemente. Entre la cifra mínima, 20 millones y la máxima 37,5 millones, existen los más variados cálculos. Pero de lo que no cabe duda es de que los kurdos constituyen la nacionalidad más numerosa e importante del Medio Oriente que no posee un estado nacional. Tampoco existe la menor duda de que ello no se debe a que no deseen tenerlo, sino a que ninguno de los cuatro países en los que reside la mayoría de los kurdos está dispuesto a aceptar su desmembramiento territorial para permitir la creación de un nuevo estado.
Al margen de las incertidumbres demográficas, no cabe la menor duda de que poco más de la mitad de los kurdos viven en Turquía, donde son aproximadamente el 20% de la población (entre 14 y 18 millones) y constituyen la mayor población kurda en el mundo. Le sigue Irak con unos 6 millones, mientras su número y porcentaje en la población es un poco menor en Irán (unos 5 millones, pero sólo conforman un 7% de la población) y en Siria (unos 2 millones, que son alrededor de un 8%).
Los kurdos, que hablan una lengua indoeuropea, tuvieron durante siglos una conciencia nacional propia y en la Edad Media hubo unos 30 principados kurdos. Después de la Primera Guerra Mundial, se produjeron repetidas tentativas kurdas de obtener autonomías regionales en Irak, Irán y Turquía. A lo largo del Siglo XX las insurrecciones kurdas se alternaron con períodos de convivencia pacífica e integración. La represión más dura contra los kurdos tuvo lugar en Irak bajo la dictadura de Saddam Hussein al final de la guerra con Irán. Las tropas del gobierno de Bagdad destruyeron unas 2.000 aldeas y asesinaron a entre 50.000 y 100.000 kurdos.
Las últimas décadas de la historia kurda estuvieron dominadas por dos clanes rivales: los Talabani y los Barazani, que lideraron sendos partidos, el Partido de la Unidad de Kurdistán (PUK) y el Partido Democrático de Kurdistán (KDP). Bajo la protección de las Naciones Unidas, luego de la Guerra del Golfo en 1991, ambos formaron una región autónoma dividida entre ambos. La fusión definitiva de los dos sectores sólo se produjo a comienzos de 2006.
A diferencia de los sunitas y los chiitas, que desperdiciaron la oportunidad histórica de la desaparición de la sangrienta dictadura de Saddam Hussein, permitiendo a los grupos radicales que los hundieran en una guerra civil, los kurdos supieron unirse a tiempo y de hecho han obtenido en Irak la mayor autonomía que hayan tenido en toda su larga historia.
En una avaluación de la situación kurda, escribe el director de la Televisión árabe «Al Arabyah», Abdul Rahman al Rashid en el diario «Asharq Alawsat» de Londres: «Hoy Kurdistán es el lugar más seguro en Irak y allí se está desarrollando una extraordinaria historia de éxito. Tiene dos aeropuertos que están muy activos en sus contactos con el mundo. Hay numerosos proyectos agrícolas, industriales, tecnológicos y educativos en marcha, que evidencian que los kurdos son capaces de sobrevivir y tener éxito. Lo mejor que puede hacer el gobierno kurdo es mantener un perfil bajo en la tormenta y cooperar con los turcos para evitar actividades hostiles contra ellos, que pueden llevar a una escalada que destruya todo lo que han empezado a construir».
El problema, tanto de los turcos como de los kurdos, se llama el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Esta organización fue fundada en 1974 y basándose en una ideología que se autodefine como marxista-leninista, postula la creación de un estado kurdo independiente. El PKK inició una guerra de guerrillas dirigida sobre todo contra el ejército y la policía turcos, pero el grupo sufrió un duro golpe en 1999 con la captura de su líder Abdulla Ocalán, quien fue sentenciado a muerte. La sentencia fue conmutada por cadena perpetua en octubre de 2002 luego de que Turquía aboliera la pena capital. La conmutación fue seguida por un retiro de los rebeldes de Turquía. Ocalán, desde entonces, se ha disculpado por las acciones terroristas y dijo que el PKK trabajará «por una Turquía democrática, en la que los kurdos gocen derechos culturales y lingüísticos». Se estima que hay unos 3.000 combatientes del PKK en el Norte de Irak, y un número indeterminado en Turquía.
Dos atentados recientes, la muerte de 13 soldados turcos en un choque y la muerte de 12 civiles en una emboscada a un autobús, llevaron a una furiosa ofensiva turca en el norte de Irak en la que murieron 34 combatientes del PKK. No está nada claro qué es lo que motivó a las guerrillas kurdas a reemprender acciones violentas, provocando así la enérgica reacción del Parlamento y gobierno de Ankara. Entre las muchas tesis manejadas por los expertos, se ha especulado con que los ataques habrían sido realizados por guerrilleros de los Halcones de la Libertad del Kurdistán, un grupo disidente radical del PKK, responsable también por atentados con bombas en Estambul y en playas turcas del Mediterráneo. Este grupo estaría infiltrado por elementos que podrían responder a Irán o a Al Qaeda.
Sea cual sea la verdad, es evidente que la ola de atentados anti-turcos constituye un bumerán que sólo puede perjudicar a la causa kurda. Cabe esperar que las autoridades del gobierno regional de Kurdistán lo comprendan cuanto antes y frenen con toda energía a los combatientes que utilizan su territorio para emprender acciones bélicas contra Turquía. De lo contrario, volverán a perder una oportunidad histórica única de demostrar al mundo que son capaces de construir una nación moderna y progresista en su región autónoma en Irak. Una guerra generalizada con Turquía enredaría a los kurdos en un laberinto de matanzas interminables según el modelo de los sunitas y chiitas, y añadirían otro episodio trágico a su larga historia de fracasos heroicos. *
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