Una política de guerra en todos los frentes
BUSH ANUNCIA, por una parte, nuevas medidas contra Cuba, no conforme con el bloqueo que desde hace 47 años sucesivos gobiernos norteamericanos mantienen contra la isla indómita. Es lo que hace cada vez que la Asamblea General de la ONU se apresta a votar una nueva resolución de condena al bloqueo, que por 15 veces consecutivas se tradujo en resultados apabullantes, el año pasado por 182 votos contra 4. Por otro lado, blande la amenaza de una tercera guerra mundial a propósito de Irán, como antes lo hizo el vicepresidente Cheney, y mantiene la decisión de instalar el escudo antimisiles en Europa, enfilado contra Rusia. En tercer término, solicita al Congreso más fondos para continuar la ocupación de Afganistán e Irak. Es una política de guerra en todos los frentes.
La agresión a Irán, en marcha
Los hechos se han ido acumulando. En un discurso en el Instituto de Política para el Medio Oriente de Washington, el pasado fin de semana el vicepresidente Cheney declaró: «El régimen iraní debe saber que si continúa con el rumbo actual, la comunidad internacional está preparada para someterlo a serias consecuencias». No es la primera vez que EEUU pretende hablar en nombre de la comunidad internacional. Luego fue todavía más directo: «No le permitiremos a Irán tener armas nucleares. Nuestro país no puede mantenerse al margen mientras un Estado que apoya al terrorismo cumple sus ambiciones más agresivas», acusando además a Irán de inducir ataques contra las tropas norteamericanas en Irak. Aunque no dijo qué medidas podrían ser adoptadas, informes militares se encargan de precisar que está a favor de un ataque contra Irán. Es lo mismo que hizo, como un halcón mayor, en la invasión contra Irak, al que acusó de ser la sumatoria del terrorismo y de las armas de destrucción masiva (que no se encontraron por ningún lado, pese a las exhaustivas inspecciones). También era partidario de la ocupación de los pozos petrolíferos del sur del país. No se olvide, por otra parte, cómo se benefició (y se sigue beneficiando) Halliburton, la gran empresa a la que estuvo tradicionalmente ligado, con los contratos multimillonarios en Irak. Pero hay algo más: los cables dicen que según informes de medios estadounidenses, Cheney anima a Bush a considerar un ataque con misiles que podría ir más allá de las instalaciones nucleares para golpear también los sistemas de control y comando de los Guardianes de la Revolución de Irak.
Bush está en la misma sintonía, desde luego. El martes insistió en la amenaza iraní (que según él podría desarrollar proyectiles balísticos intercontinentales para 2015), y sobre esa base justificó el proyecto de escudo antimisiles en Europa, que consiste en instalar 10 misiles interceptores en Polonia y un radar en la República Checa. Putin advirtió en su réplica sobre cualquier acción militar contra Irán, defendiendo su derecho al desarrollo pacífico de la energía nuclear, y agregó que con la misma lógica Bush abogaría por instalar sistemas antimisiles en la luna.
Amenaza de una tercera guerra mundial
Se advierte un endurecimiento en el tono de Estados Unidos, dado que la semana pasada Bush evocó directamente una escalada militar que podría conducir a una tercera guerra mundial. Dicho con todas las letras. Los cables ponen en boca del presidente el concepto de que «Irán, equipado con armas nucleares, evoca la amenaza de una tercera guerra mundial», y lo subrayan en estos términos: «Bush llegó a hacer referencia al riesgo de una Tercera Guerra Mundial para afirmar la necesidad de que Irán renuncie a sus actividades nucleares más sensibles. En un gobierno que se niega a excluir el uso de la fuerza, Cheney amenazó a Irán con ‘graves consecuencias'».
En realidad, no fueron los primeros en llegar tan lejos. Los había precedido el canciller fancés Bernard Kouchner, quien pronunció la palabra «guerra», derecho viejo, en relación a Irán. Con ese fin el presidente Nicolas Sarkozy lo extrajo de filas socialistas, en lo que constituye «verdaderamente una vergüenza» a juicio de Mario Soares, ex presidente y ex primer ministro socialista de Portugal («La identidad extraviada de la izquierda europea»). Para que no haya ninguna duda, Sarkozy se reunió con el primer ministro israelí Ehud Olmert en el Palacio del Eliseo el lunes pasado, y ambos a dúo proclamaron que no aceptan de ninguna manera el desarrollo nuclear iraní. Hay antecedentes de bombardeos israelíes a Irán. Todo esto se hace en vísperas de la conferencia a efectuarse en Annápolis, EEUU, en noviembre y bajo el patrocinio de Bush, a efecto de zurcir un acuerdo sobre el Oriente Medio. En el mismo momento, la extrema derecha israelí se moviliza para lograr la liberación de Ygal Amir, el asesino en la plaza central de Tel Aviv del primer ministro israelí Yitzhaj Rabin, que estaba llevando un diálogo de paz con los palestinos.
El Moloch de la guerra
En este clima convulsionado, Bush presentó ante el Congreso un nuevo pedido de fondos para la ocupación de Irak y Afganistán, que significa aumentar en 42.300 millones dicho presupuesto para 2008, los que se agregan a los 141.700 millones de dólares ya solicitados al Congreso en febrero. Según los cables, de aprobarse los nuevos fondos pedidos, llevarían el costo de lo que Bush llama la «guerra mundial contra el terrorismo» a más de 757 mil millones de dólares desde el año 2001. Otras estimaciones elevan la cifra a casi un millón de millones de dólares (un seguido de 12 ceros). Piense las sumas que se embolsan las empresas que explotan el negocio de la guerra y lo que se podría hacer con esa plata a favor de los pobres, los hambrientos, los enfermos y los sin techo del mundo. *
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