En Israel pensaron que era un comando suicida

Checheno demente raptó avión ruso

Jerusalén, 12 (ANSA)

El secuestro aéreo, que tuvo un final feliz, hizo vivir sin embargo horas de gran tensión ante el temor de que en el aparato, un Tupolev-154 de la compañía Vnukovo Airlines, hubiera un comando islámico con intenciones de perpetrar un atentado suicida.

La alarma cundió en el corazón de la noche del sábado al domingo, cuando un joven –identificado después como Ahmed Abmrakan– amenazó al piloto del aparato con una bomba de mano, que resultó falsa, obligándolo a desviar el vuelo hacia Israel.

El avión, en el cual viajaban unos 50 pasajeros, entre ellos dos niños, voló sobre el Cáucaso y después de una breve escala en Bakú, la capital de Azerbaiyan, donde se abasteció con combustible, prosiguió viaje hacia Israel y pidió permiso para aterrizar en Tel Aviv.

En Israel fue declarado inmediatamente el estado de alarma, mientras que el premier Ehud Barak, en viaje hacia Washington, decidió regresar a Tel Aviv y autorizar el aterrizaje del avión ruso en el desierto del Neghev.

Escoltado por un aparato militar israelí, el Tupolev aterrizó en el aeropuerto militar de Uvda, aislado por el ejército y por la policía, mientras acudían a toda velocidad unidad esespeciales antiterrorismo.

Los servicios de seguridad israelíes temían que se tratara de un atentado-kamikaze islámico para demostrar solidaridad a la Intifada palestina, temores que se revelaron infundados.

El avión aterrizó en una pista lateral de la que descendió un joven que se acercó pacíficamente a los agentes israelíes y pidió hablar con las autoridades.

El joven llevaba consigo dos cartas, una para las autoridades israelíes y la otra para el emperador del Japón, en las que advertía al mundo sobre el peligro «amarillo» para la civilización blanca.

Una vez constatado de que el joven no llevaba armas ni bombas consigo y que se trataba solamente de un desequilibrado, las autoridades israelíes permitieron a tripulantes y pasajeros que descendieran del Tupolev.

Entre los pasajeros viajaba un niño checheno de 11 años, Apti, enfermo de leucemia, que tenía que ser sometido a un tratamiento médico en Moscú.

El niño, que sufría visiblemente y llevaba una mascarilla verde de cirujano que le cubría la boca y la nariz para evitar el riesgo de contaminación, viajaba junto con su madre.

Aturdida por el inesperado aterrizaje en medio del desierto,la madre solicitó un oncólogo que pudiera atender a su hijo, pero en el remoto aeropuerto militar, que está a más de una hora de viaje de la ciudad de Eliat, en el Mar Rojo, su pedido no pudo ser satisfecho y Apti debió esperar el regreso a Moscú.

Los pasajeros del Tupolev, entre ellos el ministro de Finanzas de Daguestán, pudieron regresar hacia Moscú con otro aparato.

El incauto pirata del aire checheno, en tanto, fue arrestado y seguramente será extraditado a Rusia una vez cumplidas las formalidades.

En tanto, el premier israelí Barak daba órdenes a los pilotos de su avión para que invirtieran la ruta por segunda vez y que se dirigieran nuevamente hacia los Estados Unidos, donde hoy mismo debería reunirse en Washington con el presidente Bill Clinton.

Al cierre de nuestra edición el avión arribó a Moscú, mientras que se esperaba la extradicción del joven autor del secuestro que puso en vila a todos los servicios israelíes.

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