Narcos también acusan a Fujimori

Lima, DPA

La ex primera dama Susana Higuchi negó ayer que la campaña presidencial que condujo a su esposo Alberto Fujimori a la presidencia del Perú en 1990 hubiera sido financiada en parte por el narcotraficante colombiano Pablo Escobar.

En su primera reacción ante la denuncia hecha por un hermano del abatido mafioso, Higuchi, hoy congresista de oposición y divorciada de Fujimori, recordó que esa campaña «salió de mi bolsillo» y fue «franciscana».

Entretanto, la fiscal de la Nación, Nelly Calderón, anunció que hoy designará un representante del Ministerio Público para que se encargue de aclarar el asunto, con lo que responde a un pedido hecho anoche mismo por el procurador ad hoc del Estado peruano para el caso Montesinos, José Ugaz.

El escándalo estalló el sábado, al conocerse que Roberto Escobar Gaviria, hermano y cercano colaborador del tristemente célebre jefe del «Cártel de Medellín», dijo en entrevista con el semanario bogotano Cambio que Montesinos estuvo ligado a la organización criminal y que incluso visitó su «cuartel» hacia 1987.

Según «Osito», preso en una clínica de la ciudad colombiana de Itagüí, donde se repone de las heridas sufridas en un atentado, los acuerdos entre su hermano y Montesinos incluyeron el aporte de un millón de dólares para la campaña de Fujimori.

Sin embargo, la versión contrasta con tres hechos verificables: primero, en 1987, Fujimori era un anónimo profesor universitario que no tenía en mente incursionar en política; segundo, él se conoció con Montesinos en 1990, cuando ya era presidente electo; y, tercero, la campaña fue efectivamente pobre y su financiación estuvo sobre todo a cargo de Higuchi, que había hecho dinero con la compraventa de inmuebles.

La congresista Anel Towsend no descarta sin embargo la posibilidad de que Escobar Gaviria haya confundido las fechas.

Más allá de las dudas, diversos sectores han exigido que se aclare la denuncia.

El alcalde de Lima, Alberto Andrade, por ejemplo, pidió que el Congreso se encargue de investigar el caso, aunque un legislador de oposición, Ernesto Gamarra, consideró que los indicios aún son muy endebles para ello.

El relato de Escobar Gaviria incluye una supuesta conversación telefónica entre su hermano y Fujimori, en la que éste habría ofrecido colaborarle en cuanto estuviera a su alcance.

«Escándalo mundial. Narcorrepública, Narcopresidente, Narcocampaña», tituló ayer en su primera plana el diario limeño Liberación, de oposición radical, mientras los demás medios peruanos han sido más cautos.

La vinculación de Montesinos con el «Cartel de Medellín», según «Osito», que ayer se ratificó en sus denuncias en diálogo con la cadena colombiana RCN, data de años antes de que llegara al poder peruano de la mano de Fujimori.

Esto es más sustentable, según afirmaron diversas fuentes peruanas, pues en los años 80 Montesinos fue un reconocido abogado de grandes narcotraficantes, incluido el colombiano Evaristo Porras Ardila, considerado el enlace entre el «Cartel de Medellín» y las bandas peruanas proveedoras de pasta básica de cocaína.

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