El peligro del efecto "tango"
por Isidro Gilbert – corresponsal el Argentina
La dilatada recesión y en las últimas semanas una creciente fuga de capitales, encendió luces rojas en Brasil y en los EEUU. El temor a un «efecto Tango», previsible en los papeles, que golpeara al gran vecino y se extendiera como la crisis del Real a países emergentes, permitió abrir negociaciones con el FMI, el Banco Mundial, el BID, el Tesoro norteamericano para lograr un «blindaje» que puede ser de quince mil millones de dólares para las medidas que comunicó Fernando de la Rúa y dar bases firmes al programa que tiene como objetivo mantener en caja el déficit fiscal para 2005 y tener fondos para los compromisos externos.
Apenas De la Rúa habló, una voz del FMI ratificó el anuncio de crear una coraza financiera para la Argentina a prueba de especulaciones. Las contraprestaciones constituyen un mayor sesgo neoliberal a la política económica, pequeños alientos a la producción y un fuerte impacto renovador (o regresivo, como se quiera) sobre las prestaciones de jubilaciones y pensiones para favorecer a los grupos privados y otras medidas de igual cuño.
Apuntalar al presidente
La «operación rescate» de la economía tiende a fortalecer al poder del presidente. El mismo hizo los anuncios para exhibir un liderazgo frente a los grandes operadores económicos que lo miran como devaluado o fraccionado por ese inexistente triunvirato de poder político que incluiría a Carlos «Chacho» Alvarez y a Raúl Alfonsín.
Lucen a chicanas con el objetivo de desplazar al frentismo y a sectores del radicalismo. Alvarez está de relax y meditación en Brasil hace más de una semana, no habla con el presidente y ni siquiera con su segundo, Darío Alessandro, jefe de la bancada de la Alianza que no ha hecho otra tarea más ingrata que poner en fila a la tropa de diputados para que se vote antes que temprano, el presupuesto del año que viene.
La irritación que produce en sectores del establishment cada incursión parlante del ex presidente es un pretexto que puede entenderse como tendiente a omitir la presencia del alfonsinismo en el gobierno, cuya expresión más relevante es el ministro de Interior, Federico Storani. No por casualidad denunció un proceso de desestabilización piloteado tanto desde el menemismo como del Centro de Estudios Macroeconómicos, CEMA, un polo muy influyente del ultraliberalismo que mamó en la Escuela de Chicago.
Mientras el radicalismo defiende sus espacios y sobre todo intenta hacerse ver y baja línea a su militancia, el Frepaso pasa por un momento de gran desorientación. Sus cuadros no entienden qué quiere Chacho ni a su movimiento extrapartidario y es difícil encontrar hoy quien defienda su renuncia. ¿Ha perdido la confianza de los suyos? No, pero necesita hacerse oír con urgencia para indicar adónde irá el partido.
El Frente Grande, que es la columna vertebral del Frepaso, como están las cosas, va camino a una ruptura.
La UCR salió a apuntalar al ministro sobre todo cuando supieron que no habría un nuevo ajuste como en el pasado reciente. Eso sí: conoce que se reajustará el presupuesto a un crecimiento menor y con un déficit más elevado el año próximo y llevando a 2005 la meta de equilibrio cero. Machinea le había dicho a De la Rúa que «mi espacio político está muy acotado», un modo de proponerle el relevo, pero fue ratificado.
Ultraliberales
El CEMA es un venero inagotable de cuadros y un factor de presión que no se quedará quieto. Puso a Roque Fernández como ministro de economía de Carlos Menem y tiene ahora a Pedro Pou, en el estratégico Banco Central, desde donde lijó, porque no auxilió a Machinea, con instrumentos que dispone para enfrentar el alza usuraria de la tasa de interés. De la escuela de Chicago de Milton Freedman, ha bebido también el ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, ex cerebro de FIEL, el influyente think tank del establishment.
El ministro de Defensa tiene un vasto programa de encuentros en los centros financieros de Nueva York, donde ya lo ven como reemplazante de Machinea, si las cosas no van bien.
No es curioso entonces que le haya cortado el rostro a Storani: no hay ninguna conspiración, sólo una situación compleja en los mercados de capital a nivel internacional y por eso hay turbulencias en las finanzas criollas. Para calmarlas ha hablado De la Rúa.
Para afianzar el costado político, De la Rúa se encontró con la cúpula peronista en el Senado Nacional y consiguió un tibio sí para aprobar rápidamente el presupuesto. No es fácil que accedan a votar las reformas a la seguridad social que junto a la prórroga del pacto fiscal con las provincias, son medidas que busca para exhibir previsibilidad futura.
Es aquí donde se mostrará «la muñeca» presidencial y que quid pro quo puede ofrecer para que los senadores, algunos de ellos con la espada de Damocles sobre sus testas por lo que puede ocurrir con un examen detallado de sus declaraciones juradas y chequeras bancarias, no pongan trabas en el camino.
Pero mucho más penosa será la negociación, ya iniciada por el propio presidente, con los gobernadores: se les pide que acepten un programa fiscal hasta 2005, lo que implica ajuste del duro para las provincias.
Mencionar nuevos ajustes en las provincias es mentar la soga en casa del ahorcado. La semana pasado estalló Salta, donde la conflictividad social ya era tensa. Regresó la policía brava con víctimas fatales.
Es un camino que puede ser sin retorno, del que el ministerio del Interior se había abstenido hasta el último viernes, como en el difícil caso del corte de ruta de La Matanza en el gran Buenos Aires.
Cada conflicto tiene su interna política entre el gobierno nacional, las provincias y municipios y sus miserias morales. Pero hoy es la ruta cortada el modo de expresar la protesta. Han caído las huelgas tradicionales, no penetran en sectores abrumados por la miseria, las propuestas de volver a los «saqueos» de los tiempos de la hiperinflación, de Alfonsín y de Menem, y así el «piquete» se convierte en el único, por ahora, medio de expresar bronca y obtener algo.
La conflictividad social es irreversible, pero podría amortiguarse con políticas preventivas. Pero con represiones como la de Salta habrá respuestas de paros solidarios, como el total del transporte el viernes y otros a partir de la semana próxima.
Los duros
Un país que no crece, no solamente entra en decadencia sino que se convierte en potencial insolvente para los prestamistas. Hay estancamiento porque hay escasa inversión y porque los recursos propios están destinados en gran parte a pagar a los acreedores. Estos, cuyo corazón no es sensible, piensan que el gobierno, antes de finalizar su mandato, debe no tener déficit y para ello debería ahorrar cerca de cinco mil millones de dólares, una poda que hoy es inimaginable.
Para esos ahorros es que se modifica el sistema previsional o se buscarán recursos con las pocas privatizaciones posibles y hay en elaboración, en oficinas extragubernamentales, planes para arancelar la Universidad Nacional, dejarle tan sólo 400 millones de dólares anuales y sacarle el resto, un reclamo «políticamente intolerable, nos estalla el movimiento estudiantil», dicen en el radicalismo. La lista de podas llega en esas cabezas a reducir el presupuesto en Salud para que se abone todo. «Quien necesite detectar una enfermedad, que pague», protestan los ajustistas contra los planes gratuitos aún sobrevivientes.
En tanto, Domingo Cavallo, el papá de la convertibilidad, teje pacientemente mantenerse en el primer plano y aunque jura que no aspira a ser ministro de economía, nadie descartaría que a orillas del abismo podría cambiar de idea. A
hora ya es parte de los aliados coyunturales más sólidos del presidente, como exhibe su apoyo al presupuesto en la cámara baja y un memorándum que prepara para conseguir un shock de inversiones: hay que incrementar –dice– la rentabilidad de los capitales productivos: Machinea está en la dirección correcta, pero debe profundizarla.
Hay quienes piensan que el período de indefinición en que han entrado los EEUU como consecuencia del statu quo electoral, o por el mismo período de transición si esa situación se revierte, debería ser utilizado por De la Rúa para reforzar la relación con el Brasil.
Una debilidad hoy insoluble de la economía es el tipo de cambio. Excepto los capitales de argentinos acumulados en el exterior por la venta de activos (fábricas, etc.), no existe sector alguno que reclame la depreciación del signo monetario. El conflicto en el poder económico, entre devaluacionistas y los otros, es el que motorizaría la crisis actual.
Un acuerdo político con Brasil llevaría a objetivos fiscales y monetarios de convergencia que permitiría al peso mantener su convertibilidad y ser flotante (alentaría a exportar más) y el real que hoy sólo oscila sería también convertible, camino a una moneda única.
Hay que imaginar nuevas propuestas. Las respuestas deberían surgir de grandes acuerdos, no sólo de los mercados, esos Fénix que mueren de noche y por la mañana ven su renacimiento, permanentemente y festejan el giro derechista de la Alianza que postuló que otro país era posible al menemismo que en economía está allí, vivito y coleando.
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