Bandas de asesinos con impunidad asegurada

CADA DÍA queda más en evidencia el deterioro de la situación en Irak, la sangre que corre a raudales, sin parar. Las tropas de ocupación yankis perpetran matanzas indiscriminadas (la última en un raid con helicópteros en un barrio de Bagdad), invaden los hogares y se llevan decenas de detenidos diarios a las cárceles que ellos regentean (y que son antros de tortura), azuzan las sangrientas rivalidades étnicas y confesionales. Lo que pasa ahora a primer plano es la actuación de las bandas de asesinos a sueldo que acometen una masacre tras otra. Estas bandas, llámense Blackwater, DynCorp o Unity Resources, son contratadas por el Pentágono y sus integrantes tienen patente de impunidad asegurada.

 

Tres en uno: Blackwater, DynCorp., United Resources

El más reciente episodio fue el ametrallamiento en el centro de Bagdad el martes 10 de dos mujeres iraquíes que viajaban en un automóvil. Un guardia iraquí informó que a las 14:30 hora local los guardias de seguridad privados en un convoy 4×4 formado por cinco vehículos tipo GMC dispararon contra un Oldsmobile en el barrio de Karrada, matando a dos mujeres, una que manejaba y otra sentada a su lado. En la parte trasera viajaban dos niños. «Cuando el coche se acercó al convoy ­dice la fuente- los guardias abrieron fuego. Las dos mujeres recibieron impactos en la cabeza». Las fotos muestran el auto con grandes manchas de sangre. Un testigo presencial declaró a CNN que fue un fusilamiento a mansalva, y que las mujeres no recibieron ninguna advertencia de los ocupantes de los GMC.

Poco después se supo que los integrantes del convoy pertenecían a la empresa United Resources Group (URG), con base en Dubai, pero que emplea a una mayoría de agentes occidentales. Las autoridades norteamericanas admitieron que esta empresa estaba a cargo de la seguridad de un subcontratista, llamado RTI Internacional, que trabaja para una entidad dependiente de su gobierno (Usaid).

Esto se suma a los hechos protagonizados por los mercenarios de la agencia Blackwater el 16 de setiembre, que tuvieron amplia resonancia por la magnitud de la masacre, por la impunidad que las autoridades norteamericanas le aseguraron en todo momento a los asesinos a sueldo y por el reclamo generalizado de que fueran expulsados de Irak, lo que fue rechazado de plano por las autoridades norteamericanas en el lugar y en Washington. Como se recordará, un convoy formado por seis vehículos de la empresa citada viajaban en esa fecha acompañando a diplomáticos estadounidenses en una zona de la capital, y abrieron fuego en forma indiscriminada contra civiles iraquíes que transitaban por el lugar, matando a diez personas e hiriendo a otras trece. El primer ministro iraquí Nuri al-Maliki declaró, con visible indignación: «Es el mayor crimen cometido por esta compañía de los siete registrados por el ministerio del Interior. La empresa debe ser castigada. No vamos a permitir que maten a iraquíes a sangre fría». Acto seguido reclamó a las autoridades estadounidenses que expulsaran a Blackwater. Pero nada de eso sucedió. Todo lo contrario.

 

Torturas, prisiones, espionaje

En efecto: a pesar de la protesta mundial, que ganó a la opinión pública norteamericana (al punto de que la política de Bush en Irak es rechazada por 3 de cada 4 ciudadanos), todo siguió igual. Los pedidos de investigar lo sucedido y enjuiciar a los culpables fueron denegados. Ello se debe a que estas empresas son contratadas directamente por el Pentágono, en el caso de Blackwater por 500 millones de dólares; y sus integrantes gozan de un estatuto de inmunidad, que fue establecido en 2004 por el entonces administrador estadounidense Paul Bremer, el cual los coloca a salvo de cualquier demanda legal. Es el mismo estatuto que reclama el gobierno de EEUU para sus tropas en cualquiera de los múltiples lugares del mundo en que intervienen. Es más: todo indica, vista la reiteración de los hechos, que proyectan establecerlos como una norma permanente, para aterrorizar a la población iraquí. Y recuérdese que la seguridad del propio personal norteamericano está en manos, no de sus tropas de ocupación, sino de estas compañías mercenarias. Que pueden matar a su gusto, en la seguridad de que no les pasará nada.

A todo esto se supo que hay nada menos que 25 mil presos en dos centros de detención en manos de las tropas USA en Irak, una sobre la base de Camp Cropper (en la periferia de Bagdad) y la otra en Camp Bucca, cerca de la sureña ciudad de Basora, de donde se han ido las tropas británicas. Las prisiones reciben unos 60 nuevos prisioneros por día. Se recordará el escándalo de las torturas aberrantes perpetradas por los militares yankis en la prisión de Abu Ghraib, lo mismo que en Guantánamo. Se recuerda también que por una orden presidencial del año 2002 se había autorizado el uso de la técnica del submarino (seco o mojado) en los interrogatorios de la CIA. Ahora Bush se esfuerza por mantener el régimen de espionaje telefónico sin control ni medida a «todos los sospechosos de terrorismo», ante la propuesta de los demócratas en la Cámara de Representantes de limitar esta autorización, que alcanza potencialmente a toda la población.

 

Gastos de guerra

Esta política va unida al aumento de los gastos de guerra por parte de la administración Bush. Es un barril sin fondo. Gordon Brown anuncia la drástica reducción de las tropas británicas en Irak a menos de la mitad, de 5250 a 2500. Bush mantiene sus efectivos, a pesar del reclamo de que vuelvan a casa. Tabaré Vázquez citaba recientemente esta afirmación del historiador británico Eric Hobsbawm: «Mientras 1,2 millones de seres viven con menos de 2 dólares diarios, y las mascotas de EEUU consumen más proteínas que todos los niños africanos juntos, los 10 mil millones de dólares anuales que costaría resolver el acceso al agua potable para 2 mil millones de personas equivale a los gastos militares mundiales de cinco días». *

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