Asesinos y ladrones de marca mayor

CHILE Y EL MUNDO se conmovieron cuando el jueves 4 de octubre fueron procesados y dieron con sus huesos en la cárcel por orden de la Justicia la viuda del verdugo Augusto Pinochet Ugarte, sus cinco hijos, los generales Jorge Ballestrino y Guillermo Garín, más algunos otros paniaguados de la dictadura. En total, 23 detenidos por malversación de caudales públicos, o sea por robo descarado de dineros de la colectividad. Los que asaltaron el poder en Chile, asesinaron a Allende, mataron y torturaron a millares de patriotas, aprovecharon a la vez la dictadura para forrarse los bolsillos. A primera vista, con 28 millones de dólares, según lo que está probado y documentado hasta ahora.

 

La complicidad del Riggs Bank

La investigación judicial tardó muchísimo, pero al fin llegó a su término. Tiene 300 mil folios. En su resolución el magistrado afirma que Pinochet y familia habían montado una intrincada red financiera para apropiarse de fondos públicos que fueron desviados a cuentas bancarias en el exterior, en su mayoría abiertas en el Riggs Bank de Miami y Washington. Estima en un mínimo de 28 millones de dólares los fondos depositados en el extranjero. Una Comisión Investigadora del Senado de EEUU estableció el 15 de marzo de 2005 que Pinochet mantuvo 125 cuentas y que la mayoría de los recursos se concentraron en cuentas abiertas en el Riggs Bank. La misma Comisión había dictaminado el año anterior que dicho Banco Riggs había permitido a Pinochet ocultar dinero cuando estuvo detenido en Londres. La primera de esas cuentas fue abierta tan lejos como el 23 de noviembre de 1981 en el Riggs Bank de Miami por el general Jorge Ballerino, que usó el seudónimo de John Long y también abrió otra a nombre de Pinochet utilizando el alias de Daniel López.

O sea que el Riggs Bank fue parte activa de la maquinación. Cambió decenas de cuentas a nombre de Pinochet colocándolas bajo el nombre de A.P.Ugarte, para ocultar su procedencia. Esto lo reconoció el Riggs Bank a texto expreso el 27 de enero de 2005. Las crónicas señalan que en esa fecha «el Riggs Bank reconoce que ocultó las cuentas de Pinochet» y las colocó bajo un nombre cambiado. No hacía más que confirmar lo que ya había establecido la Investigadora del Senado estadounidense sobre las primeras cuentas fraudulentas abiertas por el dictador, y que amplió posteriormente al conjunto de sus colocaciones, como se señala más arriba.

De modo tal que el del 11 de setiembre de 1973 no fue sólo el golpe de Nixon y Kissinger, de la ITT y la Braden Copper, sino que además el banco norteamericano Riggs coadyuvó al posterior saqueo de los fondos públicos por parte de la mafia cómplice del asesinato de la democracia. Según el veredicto de la justicia, estas operaciones se realizaron a lo largo de 22 años, entre 1981 y 2003. El fallo del juez Carlos Cerda afirma que «el origen de esos millones de dólares no se encuentra justificado y todo hace presumir que se halla en los fondos reservados», que el régimen de Pinochet desvió a través de la llamada Casa Militar ­un organismo asesor- y de la Comandancia en Jefe del Ejército. Igualmente provendrían ­atención- de la venta ilegal de armamento y el pago de comisiones por estas mismas transacciones, de acuerdo con la resolución judicial.

 

Crónicas de la prisión

Los reos no estuvieron más de 48 horas en prisión: la viuda Lucía Hiriart en el Hospital Militar de Santiago y los cinco hijos en dos cárceles de reos comunes. Después la misma justicia les otorgó la libertad condicional, previo pago de una fianza ridícula (y no en todos los casos ), que se obló de inmediato. Había con qué. Esta decisión de los jueces se adoptó por unanimidad. Me parece que en este aspecto fueron pusilánimes. (Una cosa es defender la independencia de los poderes, y otra muy distinta creer que el Poder Judicial está al margen de la crítica). En medio de estas idas y venidas aparecía a cada paso el Dr. Pablo Rodríguez como defensor de los condenados, diciendo que el hecho significaba «la persecución política más implacable de la historia de Chile». Hay que recordar que este sujeto era uno de los dirigentes de organizaciones de extrema derecha (Patria y Libertad) que desempeñaron un papel relevante en el golpe. Ahora para él, y la TV le da amplio destaque, la mayor abominación política no fue el golpe más cruento de la historia de Chile, sus masacres y torturas, sino que se haya hecho mínima justicia con los asesinos y ladrones

En las crónicas de la prisión de los condenados leemos cosas de este jaez: «Las tres mujeres permanecían en el Centro de Orientación Femenina donde durmieron las últimas dos noches, aisladas del resto de las reclusas, pero sometidas al mismo régimen de visitas y alimentación de todo el penal. ‘Pasaron una muy mala noche, pero ahora están tranquilas’, dijo una nieta». Pobrecitas.

 

Una imagen de la noche del 11 de setiembre

Agrega la crónica que los hombres fueron ingresados a la cárcel de Santiago 1, donde durmieron en la misma celda.

Me surgió entonces en la mente, por contraste, una serie de imágenes que vi por la TV de Santiago en la noche del 11 de setiembre de 1973. Yo me había refugiado en la casa de un compañero boliviano, después de haber presenciado el bombardeo de La Moneda.

Las imágenes, en toda su crudeza, mostraban las matanzas de ese día, los fusilamientos en las fábricas del cordón de la capital, una y otra vez la imagen que se volvió clásica del palacio presidencial en llamas. Pero otra secuencia me llamó la atención. Mostraba, tirados en el piso de cuarteles y comisarías, magullados y ensangrentados, con las ropas en jirones, a militantes de la Unidad Popular capturados en las redadas de ese día. Su estado era lastimoso, y nos apretaba el corazón. Pero tenían una dignidad en la mirada, enfrentando a la cámara, una serena firmeza que nos reconciliaba con la condición humana. *

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