Cuarenta años del Che
Cuando la humanidad supere el régimen de la explotación capitalista e ingrese a una etapa superior de convivencia entre los seres, mantendrá siempre vivo el recuerdo del Che, como un forjador de ese futuro que será presente.
Práctica revolucionaria, también teoría
En fechas recientes han salido a luz varios trabajos teóricos del Che, que inexplicablemente estuvieron soterrados por décadas o se dieron a conocer en forma muy fragmentaria. Ello ha permitido valorar la profundidad de sus conocimientos y de un pensamiento esencialmente antidogmático y creador, vertido en lenguaje directo, sin pelos en la lengua, como se expresa en particular en la crítica acerada, hecha desde el ángulo de los países del tercer mundo, del conocido Manual de Economía Política soviético. Dichos análisis permiten renovar el debate sobre el socialismo, el más palpitante de nuestro tiempo y particularmente acuciante en nuestra América Latina con la llegada al gobierno de las fuerzas de izquierda en la mayoría de los países a partir del nuevo siglo y milenio. Este debate se lleva a cabo en Brasil, con aportes sustanciales como pudimos apreciar en el reciente III Congreso del PT, en otras condiciones en Venezuela y en Bolivia, también en nuestro país y en Nicaragua, y comienza a asomar en Ecuador, donde el presidente asume bajo el lema «Hasta la victoria siempre» y arrasa con millones de votos en la elección de la Asamblea Constituyente.
Por eso el presidente de la Asamblea Nacional cubana, Ricardo Alarcón, podía afirmar unos días atrás que «la presencia del Che en América Latina es más profunda y real que en aquella época. Se está dando algo que entonces no imaginamos posible; un sueño: que haya múltiples formas de socialismo. Él habría saludado lo de Venezuela, Bolivia, Brasil, Nicaragua, Uruguay, Ecuador». Desde el pasado el propio Che nos alecciona. «Es preciso, decía, tener una gran dosis de humanidad, de sentido de justicia y de verdad, para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Es necesario luchar todos los días para que ese amor a la humanidad viva se transforme en hechos concretos, en gestos que sirvan de ejemplo, de movilización».
Todo lo cual entronca con su teoría de la revolución en América Latina.
Dos, tres, muchos Vietnam contra el imperialismo
No siempre se prestó la debida atención a trabajos teóricos del Che que procuraban sintetizar las experiencias de la revolución cubana. El Che ha abierto una cantera muy valiosa en ese sentido. Me refiero, por ejemplo, a su artículo en la revista Verde Olivo, publicado en el lejano 9 de abril de 1961 bajo el título: «Cuba, ¿excepción histórica y vanguardia de la lucha anticolonialista?». Allí Guevara se levanta contra la tesis de los «excepcionalistas», según los cuales la revolución cubana fue un fenómeno único e irreproducible, que transitó caminos abiertos exclusivamente para ella. «Falso de toda falsedad», proclama. Y sin amenguar un ápice su significación al contrario, ubicándola como «el acontecimiento cardinal de América», y en el plano internacional como el que sigue en importancia a la revolución rusa, la victoria antinazi en la segunda guerra mundial y la revolución china concluye que «la revolución cubana ha contado con factores excepcionales que le dan su peculiaridad y factores comunes a todos los pueblos de América que expresan la unidad interior de esa revolución». A esa conclusión arriba luego de un análisis muy fino de los movimientos de las clases antes, durante y después del 1º de enero de 1959, que tiene además el mérito de no absolutizar ninguna de las vías de la revolución ni de las formas de lucha. Sin dejar de analizar las particularidades de la acción guerrillera en Cuba, encara con notable madurez subrayada por el momento histórico y la experiencia todavía fresca iniciada en la Sierra Maestra- la posibilidad de utilizar la vía no armada. Aunque la considera «muy remota», sostiene que «sería un error imperdonable desestimar el provecho que puede obtener el programa revolucionario de un proceso electoral dado». Este concepto fue ampliado en el discurso que el Che pronunciara en agosto del mismo año 1961 en el Paraninfo de la Universidad en Montevideo, tras participar en la conferencia del CIES en Punta del Este y denunciar allí, en el rostro del secretario del Tesoro Douglas Dillon, a la fementida Alianza para el Progreso del presidente Kennedy, que en abril de ese mismo año había dado luz verde a la invasión de Playa Girón.
De ahí la táctica preconizada por él de abrir «dos, tres, muchos Vietnam» contra el imperialismo yanki en América Latina.
Una imagen recorre el mundo
En estos días, sobre todo mañana, en el mundo entero se recordará al Che, en las avenidas y en las plazas, y también en la reflexión íntima con que cada uno examina, a esa luz, su propia vida y su destino. Me surge una pregunta: ¿cómo estaría el mundo de hoy, tan complejizado, preso de invasiones, guerras y las mayores inequidades, pero con esperanzas renacientes, sobre todo en nuestro continente, si hubiera varios millones de seres como él? Por lo pronto, los pioneritos cubanos aspiran a ser como el Che. Al fin de cuentas, el ser humano como él mismo lo dijo es el «actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad». Y sin perder nunca la ternura. *
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