Digna respuesta al delírium trémens del gendarme mundial

EL RASGO MÁS DESTACADO de esta 62ª Asamblea General de la ONU es la dignidad, la altura y la contundencia con que delegados de países de América Latina, Asia y África replicaron al discurso belicista, amenazador e hipócrita del presidente Bush en el primer día de sesiones, al hablar después del presidente Lula. En ese sentido, se destaca la alocución del canciller cubano Felipe Pérez Roque, en su doble carácter de presidente del Movimiento de los No Alineados y de representante de su país. Y también las exposiciones de los presidentes de Irán, Nicaragua, Bolivia y Zimbabwe, entre otras.

 

Un réquiem para Bush

La catarata de pronunciamientos en los dos primeros días de debate sepultaron la «escandalosa y grosera» intervención de Bush, expresada en «un lenguaje soez y arrogante» que en esa dimensión jamás se había escuchado en el organismo internacional. Le respondieron las múltiples voces del Tercer Mundo, que dejaron expuesto el enorme desprestigio de Estados Unidos en todo el planeta por su política imperial, saqueadora e intervencionista. Esa política, sobre todo por la guerra de Irak, es rechazada por 2 de cada 3 estadounidenses. En la Asamblea se demostró que ese descrédito se extiende por el mundo entero. Durante las intervenciones señaladas, el lugar de EEUU estaba desierto, o bien ocupado por alguna funcionaria de vigésima categoría, en una nueva señal de su aislamiento internacional. La 62ª Asamblea General entonó un réquiem para Bush. Por añadidura, cabe preguntarse si la sede de la ONU debe mantenerse en Estados Unidos, considerando las vejaciones y demoras que debieron sufrir delegados de varios países en su ingreso a Nueva York, como también se denunció desde la tribuna de la ONU.

Dijo el canciller cubano: «El presidente Bush insultó y amenazó a una decena de países; impartió órdenes, terminante y autoritario, a la Asamblea General; y distribuyó, con una prepotencia jamás vista en esta sala, calificaciones y juicios sobre una veintena de países. Fue un espectáculo bochornoso. El delírium trémens del gendarme mundial. La embriaguez del poder imperial, aderezada con toda la mediocridad y el cinismo de los que amenazan con guerras en las que saben que no se juegan su vida.».

Y agregó: «El presidente de los Estados Unidos no tiene ningún derecho a juzgar a otra nación soberana de este planeta. Tener poderosas armas nucleares no da derecho alguno sobre los derechos de los pueblos de los otros 191 países aquí representados. ¡Y no debe subestimarse la determinación y el coraje de los pueblos a la hora de defender sus derechos! Igualdad soberana de los estados y no ‘cambio de régimen’. Respeto a la soberanía y no certificaciones unilaterales de buena conducta. Respeto al Derecho Internacional y no bloqueos y guerras ilegales».

 

Cuatro tandas de mentiras

Desmenuzó luego cuatro series de mentiras contenidas en el discurso de Bush. «Habló de democracia, pero sabemos que miente.. Él llegó a la presidencia mediante el fraude y el engaño. Nos hubiéramos ahorrado ayer su presencia y hubiéramos escuchado al presidente Albert Gore hablar sobre el cambio climático y los riesgos para nuestra especie. Recordamos, además, cómo apoyó sin ambages el golpe de Estado contra el presidente y la Constitución de Venezuela». Segunda tanda: «Habló de paz, pero sabemos que miente. Recordamos bien cuando amenazó a 60 o más países, a los que llamó ‘oscuros rincones el planeta’, con hacerlos desaparecer de la faz de la Tierra con ataques preventivos y sorpresivos».

Tercera tanda: «Habló de derechos humanos, pero sabemos que miente. Es el responsable de la muerte de 600 mil civiles en Irak, autorizó la tortura en la Base Naval de Guantánamo y en Abu Ghraib, y es cómplice del secuestro y la desaparición de personas, los vuelos secretos y las cárceles clandestinas». Cuarta tanda: «Habla de la lucha contra el terrorismo, pero sabemos que miente. Ha garantizado total impunidad a los más abominables grupos terroristas que, desde Miami, han perpetrado horrendos crímenes contra el pueblo cubano». En este rubro incluyó también los ataques de Bush al nuevo Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en el cual por voto secreto se decidió la exclusión de EEUU y la elección de Cuba por más de los dos tercios.

Conclusión: «El presidente Bush no tiene autoridad moral ni credibilidad para juzgar a nadie. Debería responder ante el mundo por sus crímenes. Hay un límite a la arrogancia y la hipocresía. Hay un límite a la mentira y al chantaje. Cuba rechaza y condena cada una de las mendaces palabras pronunciadas ayer por el presidente de los Estados Unidos».

 

Las voces del Tercer Mundo

Antes, el presidente de Nicaragua Daniel Ortega señaló que «la tiranía del imperio norteamericano ha sido la más impresionante en la historia de la humanidad», y afirmó que el derecho de Irán y de Corea del Norte al uso pacífico de la energía atómica no puede ser contestado por quienes lanzaron la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki.

Ya nos referimos (ver «Las provocaciones de Bush en la ONU») a las intervenciones del presidente iraní Mahmud Ahmadinejad. Sostuvo que la controversia sobre el programa de enriquecimiento de uranio era «asunto cerrado» y debía ser manejado por la AIEA. El miércoles vimos también a Evo Morales, que fustigó la política de Bush, condenó la carrera armamentista y la «industria de la muerte», destacó en contraposición que la Cuba de Fidel envía destacamentos para salvar vidas y enumeró los beneficios de la nacionalización de hidrocarburos en su país. Ambos gobernantes están en La Paz cuando escribimos estas líneas, firmando acuerdos en materia energética.

Por último, escuchamos a Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe (la ex Rhodesia del aventurero británico Cecil Rhodes), que reseñó la lucha anticolonialista de su pueblo y no escatimó críticas a EEUU, con mención expresa de las masacres en Afganistán e Irak, las cárceles secretas y las torturas en Guantánamo. También en ese momento el lugar de EEUU estaba vacío. *

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