La junta militar birmana impone el toque de queda por protestas
Once camiones militares cargados cada uno con unos 20 soldados y policías antidisturbios fueron desplegados cerca del ayuntamiento de Rangún, la antigua capital y la ciudad más importante del país, donde 30.000 monjes y unos 70.000 simpatizantes se congregaron en un nuevo y extraordinario gesto de desafío.
Las fuerzas de seguridad llegaron a las inmediaciones del ayuntamiento al caer la tarde, tras la concentración.
Los soldados y los policías permanecieron sin embargo dentro de los vehículos, mientras medio millar de curiosos observaba la escena con preocupación.
El gobierno militar había advertido la víspera a los opositores, en especial a los monjes, que cesaran de manifestarse, tras ocho días de una protesta que ha ido adquiriendo proporciones masivas.
Los monjes, ataviados con hábitos de color rojo o azafrán, inundaron las calles en torno a la sede del ayuntamiento y la pagoda de Sule, en el centro de la ciudad, cantando y blandiendo banderas religiosas e imágenes de Buda.
Miles de personas formaron una gigantesca cadena humana uniendo sus manos en torno a los religiosos. Mucha gente se agolpó en las aceras para contemplar la escena, para aplaudir o lanzar gritos de aliento, y para ofrecer agua a los manifestantes bajo un fuerte sol tropical.
Los monjes budistas guiaron a los manifestantes por las calles y luego disolvieron la concentración sin ningún incidente.
«La reconciliación nacional es muy importante para nosotros. (…) Los bonzos están apoyados por la gente», dijo a la muchedumbre Aung Way, un famoso poeta birmano.
Algunos de los monjes llevaban pancartas en las que pedían «suficiente comida, vestidos y vivienda, reconciliación nacional, libertad para todos los presos políticos».
Birmania es uno de los países más pobres del mundo, sometido a una dictadura militar desde hace 45 años.
Grandes cantidades de jóvenes participaron en la manifestación con banderas rojas con pavos reales amarillos, el símbolo de la Liga Nacional para la Democracia, el partido liderado por la opositora y premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, en arresto domiciliario.
«Liberen a Aung Suu Kyi y a los prisioneros políticos», cantaban los jóvenes.
Claramente alarmados por las protestas, que ya reunieron a más de 100.000 personas el lunes, funcionarios gubernamentales recorrieron en vehículos la ciudad advirtiendo a la población con megáfonos que no participase en las protestas.
«No tenemos miedo», declaró a la AFP un joven participante en la marcha. «Es lo único que podemos hacer. Seguiremos actuando según las enseñanzas budistas en la protesta», añadió.
La prensa estatal señaló que hubo manifestaciones en 7 de las 14 provincias del país y acusó a los medios occidentales de instigar la protesta popular, la mayor desde el movimiento prodemocrático sangrientamente reprimido por los generales en 1988.
Los monjes, que son muy respetados en Birmania, se sumaron hace una semana al descontento popular, que estalló por primera vez hace más de un mes ante el aumento del precio del combustible y del transporte público.
Según los analistas los militares no actúan porque la violencia contra los bonzos en un país eminentemente budista conllevaría un mayor descontento popular.
El presidente estadounidense, George W. Bush, anunció nuevas sanciones económicas contra los líderes de la junta militar en su discurso ante la asamblea general de la ONU.
«La junta gobernante se mantiene inflexible, pero el deseo de libertad del pueblo es inequívoco», declaró Bush.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió al abrir la asamblea general anual «moderación» a la junta militar.
China, uno de los aliados del régimen birmano, pidió estabilidad, al tiempo que subrayó que se atendrá a su política de no-interferencia. *
Sanciones
La Unión Europea abrió ayer el debate sobre un posible endurecimiento de las sanciones en vigor contra la junta militar en el poder en Birmania, una medida ya anunciada por Estados Unidos e impulsada dentro del bloque por el primer ministro británico Gordon Brown.
Reunidos en Bruselas, los embajadores de los 27 discutieron por primera vez sobre la situación en Rangún, donde el martes los monjes budistas volvieron a guiar a una multitud a través de las calles de la principal ciudad birmana desafiando la amenaza de medidas enérgicas realizada por la junta militar.
En ese marco, los embajadores decidieron pedir a sus expertos estudiar un posible reforzamiento de las sanciones europeas contra la junta birmana, entre otras opciones para alentar la democratización del país, indicó la presidencia portuguesa de la UE.
De todos modos, el portavoz de la presidencia Manuel Carvalho señaló que hasta el momento no había «ninguna propuesta concreta» sobre la mesa.
La junta militar birmana ya es objeto desde 1996 de duras sanciones europeas, reforzadas en abril de 2007, entre ellas un embargo de venta de armas y todo material que pueda servir para reprimir, la prohibición de ingresar a la UE a sus responsables y familiares, y el congelamiento de sus haberes.
El encuentro en Bruselas tuvo lugar poco después de que el primer ministro británico Gordon Brown pidiese a sus socios europeos «advertir al gobierno birmano que observamos su comportamiento y que la Unión Europea impondrá sanciones más duras si toman el camino equivocado».
Mientras se encontraban reunidos los embajadores, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció nuevas sanciones de su país contra Birmania, en su mensaje ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York.
Pese a que aún no decidió tomar nuevas medidas en ese sentido, la UE sí volvió a instar a las autoridades birmanas a mostrar «la mayor moderación» frente a las manifestaciones, tras destacar la «valentía de los monjes y ciudadanos».
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