Las provocaciones de Bush en la ONU
EL PRESIDENTE BUSH utilizó la tribuna de la ONU en Nueva York para lanzar una grosera provocación contra Cuba, que se suma a las que mantiene sin interrupción a lo largo de sus dos mandatos. También arrojó más leña a la hoguera de la agresión contra Irán, en un clima caldeado por las declaraciones del canciller francés Bernard Kouchner, que amenazó con la guerra a la nación persa. Esto pautó el primer día del debate de la 62ª Asamblea General, abierto por el presidente Lula, y que fue precedido por una reunión sobre el calentamiento global a la que Bush no asistió, mostrando su rechazo a las medidas acordadas al respecto, particularmente al protocolo de Kyoto.
Contra Cuba y contra Irán
Bush habló después del mandatario brasileño, dijo en su jerigonza habitual que «Cuba vive bajo un régimen cruel con un dictador que está por terminar» (o algo así) y que necesita «elecciones libres», extraña afirmación por parte de quien le debe su primer mandato al fraude escandaloso en las elecciones en la Florida y tiene un índice de desprestigio mayor al de Nixon tras el Watergate. En ese momento la delegación cubana optó por retirarse del recinto, pero sin duda a su turno dará condigna respuesta al exabrupto. Y también le contestará la Asamblea General en pleno cuando vote una vez más la condena al bloqueo a Cuba mantenido desde hace más de 40 años, dejando solo a EEUU, su aliado Israel y alguna islita en fideicomiso estadounidense.
En segundo término, Bush reavivó el fuego de la agresión a Irán. Se recordará que Kouchner habló de la guerra a Irán sin circunloquios, aunque luego Sarkozy (también presente, y que conversó con el presidente Uribe por el intercambio de prisioneros), procura desmarcarse del canciller que él nombró precisamente para alinear la política exterior con EEUU. El presidente Mahmud Ahmadinejad habló el lunes en la Universidad de Columbia, en Nueva York, por invitación de sus autoridades, pero insólitamente el mismo rector, Lee Bollinger, lo recibió leyendo una sarta de agravios que ocuparon más tiempo que el destinado al invitado. En ninguna parte ocurre algo semejante, y no sé si hubo presión del gobierno sobre el rector. Pero el mandatario iraní no perdió la calma. Repitió lo que ya había manifestado el domingo a la cadena CBS: que el único objetivo del programa nuclear iraní es producir electricidad y que no tienen ninguna necesidad de producir una bomba atómica. Ya en la partida desde Teherán, el domingo, había declarado que «ni la guerra psicológica ni las sanciones económicas detendrán la marcha de Irán hacia el progreso». Aludía a las nuevas sanciones y medidas punitivas que baraja el Consejo de Seguridad si Irán no renuncia a sus actividades de enriquecimiento de uranio. A las mismas se oponen Rusia y China, y también la AIEA. Dicho sea de paso, Mohammed El Baradei vendrá en diciembre a Montevideo.
Los sicarios de Blackwater
Ahmadinejad le propuso a Bush un debate público sobre estos temas, a lo que éste se negó. Procuró también visitar el World Trade Center, pero la Policía no lo autorizó y Bush declaró su aprobación a dicha resolución por tratarse del representante de un régimen que «sostiene al terrorismo» y que incluyó en el «eje del mal». Según Bush, el régimen islámico iraní arma a los extremistas chiitas contra las tropas estadounidenses en Irak y en Afganistán, ayuda a los talibanes, sostiene al Hezbolá que se propone desestabilizar al régimen libanés (ayer fracasó la elección del presidente por falta de quórum en el Parlamento) y apoya a los grupos palestinos que combaten a las tropas israelíes. El mismo domingo el comando estadounidense en Irak acusó a Irán de proporcionar a los rebeldes misiles tierra-aire sofisticados para abatir a los aparatos estadounidenses.
Esto nos trae de vuelta al escenario iraquí. El último escándalo estalló a propósito de la masacre contra civiles iraquíes perpetrada sin razón alguna por los sicarios de la empresa de seguridad Blackwater, contratada a costo muchas veces millonario por el Pentágono. El presidente Nuri al-Maliki, en un raro gesto de independencia que revela a qué extremos ha llegado la situación, expresó que los de Blackwater habían perpetrado un crimen inaudito y debían ser expulsados del país. Lo mismo dijeron los familiares de las víctimas y la indignada población iraquí, agregando que también debían mandarse mudar las tropas ocupantes en su conjunto, a las que responsabilizan de matanzas en todo el territorio y de azuzar las disputas inter-étnicas. Nada de eso sucedió. Después de la conmoción de las primeras horas, el general David Petraeus y el embajador Ryan Crocker (los mismos que trataron infructuosamente días atrás de convencer al Congreso sobre el mantenimiento de las tropas) declararon que Blackwater se mantendría en su puesto, sin ningún cambio. La custodia del personal estadounidense en la «zona verde» y en sus desplazamientos está en manos de esos mercenarios y no del Ejército estadounidense.
EEUU contra Kyoto
El lunes, en el mismo escenario de la ONU y también presidida por el secretario general sudcoreano Ban Ki-moon, se efectuó la conferencia mundial sobre el cambio climático, bajo el lema «El porvenir en nuestras manos: los cambios climáticos, un desafío para nuestros dirigentes». El secretario general informó que «el grupo intergubernamental de la ONU sobre el cambio climático afirmó sin equívoco que nuestro sistema climático se calienta y que ello se debe directamente a las actividades humanas». Agregó que «la inacción configurará el mayor error a largo plazo», en lo que se consideró como una alusión directa a EEUU. Bush no asistió a la conferencia, y siendo su país responsable de la mayor polución del mundo, no acepta el protocolo de Kyoto y se niega a cumplir sus acuerdos de reducción de emisión de gases contaminantes. Esto revela también su desprecio a los acuerdos internacionales y su decisión de actuar al margen de la ONU. *
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