Gestiones de buena voluntad
EL PRESIDENTE CHÁVEZ ha tomado la iniciativa y se ha empeñado en cuerpo y alma para lograr el intercambio humanitario de prisioneros en Colombia. Ello ha concitado un amplísimo apoyo en las sociedades de ambos países, en gobiernos como los de Francia, España, Suiza y Brasil entre otros, en la comunidad latinoamericana e internacional en su conjunto. No obstante antes de llegar a buen puerto la iniciativa deberá sortear aún varios obstáculos, interpuestos principalmente por el presidente Uribe. Hoy lo más importante es concretar dicho intercambio humanitario, que puede constituirse en un primer paso relevante para alcanzar la paz en Colombia.
Una propuesta valerosa
Cabe destacar asimismo la activa participación en todas las gestiones de la senadora colombiana Piedad Córdoba, designada el 15 de agosto por Uribe como facilitadora. Ella desempeñó un gran papel en el proceso que culminó con la entrega de los cadáveres de los once ex diputados del Valle del Cauca, el cual contó también con la eficaz actuación de la Cruz Roja. Acaba de reunirse en la selva colombiana con Raúl Reyes, el número 2 de la guerrilla de las FARC, trajo videos del encuentro y aportó evidencias a la madre de Ingrid Betancourt, Yolanda Pulecio, y a su marido Juan Carlos Lecompte, de que ésta se encuentra en buen estado. Después volvió a reunirse con Chávez en Miraflores para seguir concertando la reunión de éste con el dirigente máximo de la guerrilla, Manuel Marulanda.
Por su parte, y en forma concertada, Chávez se reunió el 20 de agosto en el palacio presidencial con los familiares de los retenidos por la guerrilla, en una entrevista que hizo concebir a éstos renovadas esperanzas de reencontrarse con los suyos, después de ausencias que en algunos casos se remontan a diez años. El 31 de agosto Chávez visitó a Uribe en Bogotá con la finalidad de hacer avanzar el proceso de intercambio, anunciando su intención de reunirse con Marulanda. El 7 de setiembre recibió en Caracas al comisionado colombiano por la paz, Luis Carlos Restrepo. En el encuentro con Uribe le dijo que estaba dispuesto a desplazarse a la selva colombiana para concretar el encuentro con Marulanda. Era una propuesta por cierto arriesgada y valerosa. Hemos leído el relato de dos periodistas e investigadores sociales europeos, Garry Leech y Terry Gibbs, que tras un largo periplo, viajando en canoa y por otros medios, se entrevistaron con Raúl Reyes y vivieron varios días en un campamento guerrillero. Su relato es apasionante, parece una novela de aventuras. Pero también habla a las claras de las dificultades inherentes a un emprendimiento de este tipo.
La doble retranca de Uribe
Interesa la conclusión de su trabajo: «Después de casi siete años del Plan Colombia, de cinco años de políticas de seguridad del presidente Uribe y de más de cinco mil millones de dólares en ayuda militar de los Estados Unidos, no hay evidencia de que las FARC hayan sido significativamente debilitadas militarmente. Por lo tanto, siendo demasiados fuertes para ser derrotadas en el campo de batalla y no lo suficientemente fuertes para tomar el poder por la fuerza, un acuerdo negociado es la única ruta posible para alcanzar la paz».
Después de la entrevista de Piedad Córdoba con Raúl Reyes, de la que informó a Chávez, los familiares de los detenidos redoblaron su reclamo de que se concrete el encuentro de éste con Marulanda. Un periodista presente en el encuentro en la selva dice que recibieron «un mensaje de tranquilidad». Vimos desfilar nuevamente por las pantallas de Telesur a Yolanda Pulecio, a Juan Carlos Lecompte, al profesor Gustavo Moncayo, que realizó una larga marcha movido por el anhelo de liberación de su hijo. La propuesta de las FARC, trasmitida por Raúl Reyes, es la de realizar un primer encuentro con el mandatario venezolano el 8 de octubre, en la fecha del 40º aniversario de la muerte del Che. El presidente Uribe, si bien autorizó a Chávez a mediar ante las FARC, se negó a que la reunión se realizara en territorio colombiano. La dificultad estriba en que también rechaza la desmilitarización de una zona del territorio colombiano para proceder al intercambio de los detenidos. Una medida de este tipo ya se había concretado bajo el gobierno de Andrés Pastrana, en el Caguán. Pero Uribe dijo que «no habrá más Caguanes», y también se niega a la propuesta formulada de tiempo atrás por la guerrilla de despejar los municipios de Pradera y Florida. En este punto fundamental se está ante un impasse. Uribe también condiciona la liberación de los presos de la guerrilla que están encarcelados, diciendo que desea asegurarse, en su lenguaje, de «que no vuelvan a delinquir». O sea que pone en entredicho su actividad futura.
Movimientos en el tablero
Hay otros movimientos en el tablero. El presidente francés Nicolas Sarkozy, interesado en el caso desde que Ingrid Betancourt tiene también la nacionalidad francesa, anunció que estaba dispuesto a viajar a Bogotá si ello «es útil». Se habla de otros contactos en el curso de la Asamblea General de la ONU, a fines de mes. Las FARC sugirieron también entrevistas de Chávez con congresistas demócratas y con familiares de los tres norteamericanos en su poder. En otro escenario, desde hace largo tiempo se vienen desarrollando en La Habana, con la buena voluntad del gobierno cubano, reuniones de emisarios del gobierno colombiano con dirigentes de la guerrilla del ELN. Tenemos a la vista una extensa conferencia de prensa del comandante Pablo Beltrán a ese respecto. El tema colombiano sigue vivamente en el candelero. *
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