Los británicos aún respetan a la Reina
Londres, ANSA
La «Queen Mum», como la llama con afecto la prensa popular, es junto con su bisnieto Guillermo –hijo del príncipe Carlos– tal vez la única figura realmente amada de una familia real que, escándalo tras escándalo, se alejó de la gente.
Un vocero de Clarence House informó que la centenaria Reina se levantó esta mañana de su lecho y que reposaba durante la jornada en un sillón con el brazo en cabestrillo.
La fractura se produjo por una caída, cuando la anciana se encontraba sola en su habitación, y los médicos decidieron no enyesarla.
Nacida el 4 de agosto de 1900, cuando en el trono estaba aún la reina Victoria, Lady Elizabeth Angela Margaret Bowes Lyon procede de una rica y aristocrática familia escocesa.
En 1923 se casó con Alberto, segundo hijo del rey Jorge V, convirtiéndose en duquesa de York. Con su marido tuvo dos hijas, Isabel (1926) y Margarita (1930).
Con la abdicación de Eduardo VIII, en 1936, se encontró imprevistamente reina: una tarea que desempeñó con incansable compromiso. Fue ella, concuerdan los expertos, quien selló el amor del pueblo por su marido, rey con el nombre de Jorge VI, quien le impuso curar la tartamudez que lo afligía y quien aplacó sus violentas explosiones de ira.
Durante la guerra, se negó a refugiarse en Canadá, incluso cuando los alemanes comenzaron a bombardear Londres. Cuando el Palacio de Buckingham fue alcanzado por un explosivo alemán, no se descompuso: «Bien –dijo– de ahora en adelante podré mirar a los ojos a la gente del East End».
Naturalmente, también sobre esta leyenda patriótica se ejerció un poco de corrosivo «revisionismo histórico». Sus incursiones durante la Segunda Guerra mundial al East End de Londres, duramente bombardeado, no eran más que una medida publicitaria, acusó recientemente un documental de Channel 4.
Es cierto que Elizabeth no emigró al exterior, pero también es cierto que no permaneció siempre en el Palacio de Buckingham.
Por la noche se refugiaba con el marido y sus hijas en el castillo de Windsor, más seguro porque estaba lejos de la capital.
Y sin duda no respetaba las raciones impuestas al pueblo, como siempre se creyó. Hitler, sin embargo, la consideraba la mujer más peligrosa de Europa, porque mantenía alta la moral de la nación. Según un documental televisivo de Channel 4, ella es la verdadera «dama de hierro» del siglo XX: con su marido el rey dictaba ley, era dura y autoritaria. Pese a su aspecto frágil, sería errado imaginarla sólo sonrisas, y ella misma dijo en 1990 a una dama de compañía: «No soy tan buena como parezco».
Según uno de los mayores expertos en la monarquía, Anthony Holden, con sus hijas Isabel y Margarita es severa e intransigente.
La reina madre adora el poder y la atención, y en 1952, cuando su marido el rey Jorge VI murió, permitió sólo después de presiones e insistencias trasladarse del palacio de Buckingham a Clarence House, palacio que definió como «un agujero».
Sin embargo, nunca abandonó el título de reina.
Sus súbditos, por su parte, la adoran, y cada año el 4 de agosto miles de personas van a saludarla a Clarence House. Su centésimo cumpleaños, este año, fue una verdadera fiesta.
Incluso la prensa popular, que no ahorró revelaciones escandalosas sobre Carlos, Diana, Isabel, Felipe y los duques de York, siempre la trató con respeto.
Sólo de vez en cuando hacen referencia, con respeto, a sus deudas, su pasión por los caballos de carrera y su predilección por el gin-tonic y el champagne.
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