De la Rúa apoya a Banzer
Por Isidoro Gilbert
Pero por sobre todas las cosas el mandatario argentino transmitió a Hugo Banzer una fuerte señal de respaldo a la campaña que lleva adelante para la erradicación de los cultivos de coca, en el marco de la lucha contra el narcotráfico.
La ofensiva lanzada por Banzer con el respaldo de los EEUU ha dejado un saldo de 14 campesinos muertos, varios militares desaparecidos, más de un centenar de heridos y encendió una luz de alerta por el temor de que «Bolivia sea una nueva Colombia».
A la diplomacia argentina le importa prevenir los riesgos de inestabilidad política en el país vecino, en sintonía con el interés del gobierno de EEUU por impulsar la estrategia desplegada en Bolivia.
Tres semanas de bloqueos campesinos catapultaron a la vez a un líder, Evo Morales, diputado del Movimiento Al Socialismo, bajo la bandera indigenista y que se opone a la consigna de Banzer con el respaldo de Washington de «coca cero».
Morales levanta la suya «Coca o muerte», la que hay que leerla con ojos de cultura andina para entenderla.
El planteo de Evo Morales es sencillo: «Ni acabando con la coca se va a acabar el narcotráfico. No se puede satanizar la planta de coca, hay que satanizar a los que se aprovechan de ella, incluyendo a aquellos empresarios privados que se rasgan las vestiduras gritando que la coca es cocaína».
Banzer, dictador reciclado en demócrata, está militarizando la región del Chapare: hay planes para construir nuevos cuarteles en colaboración con la DEA y se han detectado campesinos armados con fusiles antiguos atacando convoyes de erradicadores de coca que impulsan los cultivos alternativos que rinden poco y que el gobierno paceño busca colocar en la Argentina.
La frontera estaba cerrada desde hace siete años por el brote de cólera y otros problemas sanitarios que presentaba la agricultura del vecino país.
Al mismo tiempo, el gobierno aliancista buscó mostrarse como un puente para la salida de mercadería boliviana hacia el resto de los países del Mercosur –al que Bolivia está asociado, sin integrarlo– y hacia el Atlántico, a través del puerto de Rosario.
La cancillería argentina quiere marcar una divisoria de aguas entre su compromiso con el plan aplicado por Banzer en el segundo país del mundo en producción de cocaína y el rechazo al Plan Colombia que EEUU impuso en territorio del primer productor de esa droga, por considerarlo «intervencionista».
Para atender un reclamo clásico del gobierno boliviano –que Banzer ya formuló en su visita oficial a Buenos Aires en 1998– la Argentina flexibilizará algunos requisitos para la radicación de inmigrantes de esa nacionalidad y extenderá el plazo para la legalización de los indocumentados bolivianos en el país.
Esa condición la padecen dos de cada tres bolivianos. Se calcula que en territorio argentino viven entre 700 mil y un millón de ciudadanos del vecino país. Además, la delegación argentina reiteró su rechazo a los ataques xenófobos contra quinteros bolivianos que se produjeron pocos meses atrás en zonas del Gran Buenos Aires.
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