La retirada de Irak

TRAS LAS INTERVENCIONES del general David Petraeus ante las comisiones respectivas de la Cámara de Representantes y del Senado, el lunes y el martes, el presidente Bush intentará esta noche convencer a la opinión pública de su país y del mundo de la necesidad de mantener las tropas en Irak durante un período prolongado. Los líderes demócratas estimaron que la estrategia sostenida por el comandante de las fuerzas estadounidenses auguraba 10 años de guerra en Irak e instaron a un rápido retorno de los soldados. Sin duda el presidente transitará por el mismo trillo, lo que habrá de profundizar aún más el descrédito, ya enorme, de su política en Irak. Muy pronto lo veremos.

 

«Un error desastroso de  la política exterior»

En resumidas cuentas, lo que dijo el general Petraeus, que compareció conjuntamente con el embajador de Estados Unidos en Bagdad, Ryan Crocker, es que el equivalente a los 30 mil hombres de refuerzo que se introdujeron en el país el 1º de febrero, se retirarán hasta julio de 2008. Es un parto de más de nueve meses, para dejar el nivel de las tropas en 130 mil, como antes. Hacia fin de año se retirará un número mínimo de marines y soldados. Esto cuando la opinión pública, tanto en EEUU como en Irak, y en el mundo, está reclamando a viva voz poner fin a la ocupación. Según una encuesta publicada el lunes por el New York Times, el 68% de los estadounidenses considera que la invasión de Irak ha sido un error, porcentaje jamás alcanzado, equivalente a más de dos de cada tres ciudadanos, mientras el nivel de aceptación a la política de Bush se ubica debajo de 30%.

Se anuncia que el presidente adoptará una tesitura aún más restrictiva, ya que condicionará cualquier retirada de las tropas al logro de progresos en la situación de Irak. Pero es sabido que 11 de los 18 objetivos que el gobierno planteó para que el Congreso votara el envío de refuerzos no se cumplieron, y los otros se alcanzaron en forma mediocre. Sigue el baño de sangre, las masacres diarias, sin excepción. Con la particularidad de que se acentúan las acusaciones de que las propias tropas de ocupación fomentan las luchas sangrientas interétnicas, a la vez que perpetran masacres y torturas aberrantes contra la población civil. Los cables recogen estas expresiones de una pobladora de Bagdad: «¡Cuánto más rápido se vayan las tropas estadounidenses, mejor será! Los estadounidenses sólo nos trajeron desdicha. Sólo queremos una cosa: ¡que se vayan! Ya no tenemos agua, luz, gas ni tampoco suficiente dinero para comprar la comida», avizorando «el peor Ramadán hasta ahora vivido». «La ciudad de Bagdad desea deshacerse cuanto antes de la presencia estadounidense», resume el cable. Hemos visto y oído declaraciones de similar tenor en entrevistas de la CNN.

Congresistas demócratas y republicanos fueron invitados por el presidente a la Casa Blanca, en víspera de sus discurso a la nación de esta noche. Pero no logró ablandar las posiciones de los demócratas, e incluso de varios congresistas republicanos. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo: «Tengo la impresión de que el general Petraeus presenta un plan para una presencia norteamericana fuerte por lo menos por 10 años». El senador Barack Obama estimó que la guerra de Irak «continúa siendo un error desastroso de la política exterior. Colocamos el listón tan bajo que un progreso mínimo es considerado como un éxito. Pero no es el caso». A la senadora Hillary Clinton, las declaraciones de Petraeus y Crocker le suscitan «incredulidad».

No es todo. El senador Joseph Biden recordó que el compromiso asumido por Bush era alcanzar un acuerdo entre las diferentes etnias sunitas, chiitas y kurdas, pero «no creo que esto ocurra durante nuestras vidas». Tal fue su duro pronóstico. Su colega republicano Chuck Hagel surcó las mismas aguas al formular la interrogante: «¿Vamos a seguir invirtiendo la sangre y el dinero estadounidenses al mismo ritmo que ahora?».

También ingresó al debate público la advertencia del general Petraeus sobre las consecuencias de una retirada prematura en Irak. Aquí puso los pies en las huellas de Bush, que había tenido la infeliz idea de trazar un paralelo con la retirada de EEUU de Vietnam del Sur, que no fue tal, sino una huida forzada por la derrota militar que le propinó el pueblo vietnamita. Hay que agregar que Nuri al-Maliki es un gobernante nominal, que su gobierno se desintegra por desinteligencias entre las distintas facciones y que el único poder real es la embajada norteamericana y los mandos de las tropas de ocupación. Se han agregado además otros problemas irresueltos. Por ejemplo, el referéndum sobre el control de los recursos petroleros de Kirkuk, en la región kurda del norte, que despierta codicias de diverso signo. Se multiplicaron los conflictos inter-chiitas en Basora, la segunda ciudad de Irak, de donde se mandaron mudar las tropas británicas apenas asumió Gordon Brown y el mayor aliado de Bush en la guerra, Tony Blair, quedó fuera de la troya. El total de las tropas llamadas aliadas bajó de 15 mil en enero a 11 mil. EEUU se está quedando solo.

 

La masacre como norma

Y sus tropas continúan perpetrando depredaciones de todo tipo, al tiempo que pasan por la Justicia militar algunos responsables de bajo rango de las espantosas torturas en Abu Ghraib y otras cárceles. El último acto de barbarie ocurrió el 6 de setiembre, cuando helicópteros estadounidenses dispararon sobre viviendas del barrio Al Washash de Bagdad, matando a 14 personas que estaban durmiendo. Dice un relato: «La zona estaba tranquila. No hubo enfrentamiento. Vinieron tanques, blindados y muchos soldados. Los tanques dispararon y los helicópteros lanzaron misiles. Una familia de cinco personas murió en su casa». Por añadidura, los soldados impedían a los vecinos llevar a los heridos al hospital y cortaban el paso de los bomberos hacia una casa que ardía. Esto es lo que debe terminar de una buena vez. *

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