Presidente del Senado de Brasil, aliado de Lula, sobrevive a juicio
Del total de 81 senadores, 40 votaron por su absolución, 35 optaron por el desafuero y 6 se abstuvieron, en una sesión de plenario a puerta cerrada que pretendía el más estricto sigilo, aunque este fue ampliamente burlado por la prensa.
Es la primera vez que el Senado brasileño juzgó a su presidente.
Las denuncias contra Calheiros detonaron hace casi cuatro meses, cuando una revista semanal aseguró que la pensión y vivienda de su ex amante, con la que tuvo una hija, habían sido pagadas por el lobista de una constructora.
Calheiros reconoció que era verdad, pero que éste actuó como amigo para garantizar discreción en el caso, y que el dinero era suyo.
Calheiros es un importante líder del Partido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, centro), la mayor fuerza política del país, y el principal aliado de la coalición del gobierno del izquierdista Lula.
Calheiros enfrenta otros procesos de destitución por las sucesivas denuncias surgidas en su contra en la prensa en los últimos meses. Por ello, puede enfrentar otros juicios políticos en meses próximos.
Golpes, filtraciones y secreto frustrado fueron la nota destacada del juicio político abierto al presidente del Senado de Brasil, Renan Calheiros, realizado bajo un insólito esfuerzo de sigilo que fue ampliamente burlado por la prensa.
Cumpliendo con las normas del Congreso, el juicio político a Calheiros (bajo sospecha de haber recibido favor económico de un lobista), fue realizado a puerta cerrada, un hecho insólito en un parlamento cuyas sesiones son televisadas y conocido por sus filtraciones constantes a la prensa.
Teléfonos celulares y ordenadores portátiles de los 81 senadores fueron prohibidos y la sesión fue realizada sin sistema de sonido y sin empleados del Parlamento, todo para evitar filtraciones.
El senador socialdemócrata opositor Arthur Virgilio dijo sentirse como en «una reunión de mafia» por el secretismo, y el laborista Cristovam Buarque pidió que la sesión fuese grabada, aunque luego se guardara decenios, «para no cometer un crimen contra la historia». El senador Tiao Viana contestó que seguiría el reglamento que recomendaba el secreto.
Aun con el draconiano empeño de sigilo, el «blog» del columnista Ricardo Noblat consiguió divulgar en tiempo real los pormenores de la sesión, narrados por un activista ‘reporter secreto’, que se declaró contrario al secretismo.
Hasta los oficiales servicios informativos del Senado, prohibidos de entrar en la sesión, divulgaron los pormenores de la sesión que relataban diputados que estaban en la sesión y que periódicamente salían para hablar con periodistas.
Un grupo de 13 diputados fue autorizado por el Supremo Tribunal Federal a asistir a la sesión, lo que ya generó tensiones de los legisladores con el poder judicial y hasta una batalla campal a golpes cuando la seguridad del Parlamento intentó impedir su entrada a la secretísima sesión. *
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