El III Congreso del PT de Lula
EL CONGRESO mostró la madurez y el crecimiento del PT y su arraigo en la sociedad. También reflejó los avances de la izquierda latinoamericana y caribeña, que desde el nuevo siglo y milenio ha alcanzado el gobierno en la mayoría de los países de la región. En un seminario previo se examinó en particular el proceso de unidad de las fuerzas de izquierda que permitió el acceso al gobierno o la conformación de fuertes bloques de oposición con vistas a la conquista de nuevos gobiernos de signo avanzado en el continente.
Un debate profundamente democrático
Fundado en 1980 en medio de la lucha obrera y popular contra la dictadura militar, el PT realizó su I Congreso en 1991 y el II Congreso en 1999. Tres temas vertebraron este III Congreso y el prolongado proceso de discusión previa en las bases: El Brasil que queremos, El socialismo petista y El PT: concepción y funcionamiento. Esto respondía a la decisión adoptada por el Directorio Nacional reunido a principios de febrero en Bahía, ocasión en la que se desarrolló paralelamente un seminario internacional sobre la nueva situación en América Latina, en el cual también participamos. En los meses siguientes, la revista Teoría e Debate (publicación de la Fundación Perseu Abramo, anexa al PT) publicó un conjunto de ediciones de Tribuna de Debates, encartada en la revista y en su portal de internet. En los debates promovidos a lo largo del PT en los últimos meses se analizaron dichos materiales, con participación de más de 200 mil afiliados en millares de encuentros en todo el país y también en los núcleos del PT en el exterior. En esos encuentros se eligieron los 931 delegados al Congreso, de los cuales participaron 927. Estos incluyen a los representantes de los núcleos petistas en Boston (EEUU), Camagüey y La Habana (Cuba), Madrid y un buen número en Lisboa. El PT llega prácticamente al millón de afiliados (960.358), y su número creció en los 27 estados (con una única excepción, mínima) en el período previo al Congreso, en medio de la desenfrenada campaña mediática contra el partido y el gobierno.
Al llegar al Congreso, cada delegado recibió cuatro cuadernos, prolijamente editados, que contenían las ponencias de los distintos sectores sobre los tres temas en debate, y otro sobre propuestas e iniciativas diversas, para un total de 75 proyectos de resolución. A ellos se agregaron numerosas variantes (aditivos, sustitutivos, supresiones o nuevos textos) presentados en el transcurso del debate mismo, que se fotocopiaban y distribuían entre los delegados.
El debate fue una viva expresión de democracia en acción. Llevó muchísimo tiempo. Todas las opiniones fueron expuestas, debatidas y confrontadas. Nadie se quedó sin exponer su opinión. Al entrar a debatirse un punto se daba la palabra a uno (o dos) de los proponentes de cada documento, que eran de seis a ocho. Se votaba cada uno, y se aceptaba el que reunía mayoría de votos. En el caso de los tres puntos del temario, una franca mayoría correspondió a las propuestas del sector ahora denominado Construyendo un nuevo Brasil (que se considera la expresión actual del antiguo Campo Mayoritario), entre cuyos firmantes figuran el actual presidente del partido, Ricardo Berzoini, el asesor de política exterior del gobierno Marco Aurelio García, así como Joâo Felicio, anterior titular de la central obrera CUT y hoy responsable de los temas sindicales en el partido, junto a medio centenar de delegados de la mayor parte de los estados.
Cada una de las propuestas era objeto de discusión. Hablaba un proponente para fundamentarla y otro para oponerse. Se resolvía por votación. Los ganadores aplaudían y vivaban como en un partido de fútbol. En muchos casos se procuraba un consenso. Ahí mismo, sobre la mesa de la presidencia, birome en ristre, se concertaba una fórmula que armonizara las posiciones divergentes. Era ligeramente caótico, pero un desorden fecundo. Había discursos de barricada, otros más racionales, siempre con sana pasión. En algún caso se resolvió una supresión parcial. No había una aplanadora ni una máquina de votar.
Algunas mociones generaron tensos debates. Por ejemplo, la despenalización del aborto (en todas partes se cuecen habas). La posición a favor fue defendida por la ministra de los temas de la mujer, una negra menuda que arrasó con sus argumentos y su empuje, frente a quienes sostenían que no debería existir un pronunciamiento obligatorio, dejándolo librado a la conciencia individual. Otro tema fue el del PED (proceso de elecciones directas de la dirección, que se realizará por segunda vez), para lo cual se barajaron dos fórmulas y al final se votó una tercera: 2 y 16 de diciembre, primero y segundo turno.
Otras resoluciones especiales versaron sobre la promoción de un referéndum por una Asamblea Constituyente que trate exclusivamente la Reforma Política, y el apoyo a una iniciativa para desandar la privatización de la gran empresa Vale do Río Doce efectuada por el gobierno de FH Cardoso. En el orden interno, se destaca la resolución de elaborar un Código de Ética, expuesta por el ministro Petrus Ananias, que se tratará en 2009.
El socialismo petista
Este fue el primer tema que entró al debate general. Había seis tesis presentadas. Una, suscrita por los dirigentes arriba señalados. Otra firmada por el actual secretario de Relaciones Internacionales Valter Pomar. Una tercera se titulaba «Mensaje al Partido» y la suscribía Olivio Dutra, primer prefeito de Porto Alegre, después ministro y ahora presidente del partido en Río Grande do Sul. Otra se titula «Por un PT militante y socialista», una quinta, «Socialismo es lucha», lleva la firma del histórico dirigente Vladimir Palmeira y la sexta («Todos los sueños, todas las luchas») está suscrita por un centenar de militantes, entre ellos el presidente de la Cámara de Diputados, Arlindo Chinaglia. Siguen tres proyectos de resolución, y otros cuatro sobre aspectos puntuales.
La ponencia aprobada en general es un documento de gran enjundia política. Fue defendido por Marco Aurelio García, y parte de una reseña histórica. El PT se creó a fines de los 70 y comienzo de los 80 como resultado de la lucha de los trabajadores de la ciudad y el campo enfrentando a la dictadura militar y contando con el respaldo de amplios sectores de la intelectualidad, de profesionales, defensores de los DDHH, comunidades religiosas de base, la juventud y los estudiantes, y nuevos movimientos sociales. También desempeñaron importante papel militantes de antiguas organizaciones políticas de izquierda. La lucha del PT contra la dictadura y por la democratización de la sociedad estuvo en el origen de sus convicciones anticapitalistas en la medida en que la democracia es incompatible con la injusticia y la exclusión social, con el hambre, la violencia, la guerra y la destrucción de la naturaleza. «Ese compromiso de raíz con la democracia nos hizo igualmente anticapitalistas, del mismo modo que la opción anticapitalista calificó de modo inequívoco nuestra lucha democrática», afirman. Esa adhesión a la causa de la democracia se trasladó coherentemente a su vida interna.
El PT se creó en un cuadro mundial de crisis de las alternativas socialistas existentes, tanto del «socialismo real» como de la socialdemocracia, y en crítica a sus concepciones. Y por otro lado con una condena a fondo del neoliberalismo, que se lanzaba al asalto del mundo, que tuvo efectos devastadores en América Latina (mediante el Consenso de Washington y las imposiciones del FMI), y que atacaba frontalmente la democracia. El PT desempeñó un papel fundamental, junto a otros partidos de izquierda y de centro izquierda, en la resistencia a esta política.
En los últimos años Brasil, junto a otros países de América Latina, pasó por transformaciones importantes y hoy vive un período de transición. «La superación del neoliberalismo en el plano de las ideas, pero sobre todo por medio de alternativas concretas, es de funda
mental importancia para clarificar nuestro horizonte pos-capitalista», escriben. «El siglo XX nos legó revoluciones que no fueron capaces de construir una alternativa socialista democrática. El desafío que enfrentamos hoy es el de reconstruir una alternativa socialista libertaria».
Manteniendo un diálogo crítico con la socialdemocracia y los partidos comunistas, en contacto con decenas de organizaciones mundiales y particularmente con las luchas sociales, las experiencias parlamentarias y de los gobiernos conquistados, el socialismo petista se definió como un proceso de construcción teórica y política. No nació de una matriz política y filosófica única, sino que contiene en su seno una amplia pluralidad ideológica. Asocia la lucha contra la explotación económica al combate contra todas las formas de opresión que permean la sociedad capitalista. «Para el socialismo petista, la democracia no es solamente un instrumento de soberanía popular. Es también un fin, un objetivo y un valor permanente de nuestra acción política. El socialismo petista es radicalmente democrático porque exige la socialización de la política. Ello implica la extensión de la democracia a todos y la articulación de las libertades políticas individuales y colectivas con los derechos económicos y sociales». Desde ese ángulo se plantea la defensa de las libertades democráticas, de los DDHH, el respeto al estado de derecho, la combinación de la democracia representativa con la construcción de un espacio público que garantice la participación ciudadana, la construcción de una nueva economía en que convivan armónicamente el crecimiento y la distribución de la renta, rehabilitando para ello el papel del Estado en el planeamiento democrático de la economía y la coexistencia de variadas formas de propiedad.
El socialismo petista debe iluminar el abordaje del tema del calentamiento global, las nuevas matrices de generación de energía, la protección de la biodiversidad y del patrimonio genético. Y articular la construcción nacional con una perspectiva internacionalista, con vistas a un mundo multilateral y multipolar donde reine la paz y se erradique el hambre y las enfermedades. Lucha por la construcción de una solidaridad continental, con énfasis en América del Sur, capaz de alterar la actual correlación de fuerzas internacional.
Fernando Lugo y presencia latinoamericana
En el Congreso y en el seminario previo participaron 129 delegados de 32 países de cuatro continentes: Alemania, Angola, Argentina, Bolivia, Chile, China, Colombia, Corea del Norte, Cuba, El Salvador, España, EEUU, Francia, Galicia (España), Haití, Honduras, Italia, Japón, México, Nicaragua, Palestina, Panamá, Paraguay, Puerto Rico, Portugal, R. Dominicana, R. Sarahauí, Siria, Suecia, Uruguay, Venezuela, Vietnam.
Una intervención de Fernando Lugo, de Paraguay, futuro candidato presidencial con amplio respaldo popular, permitió avizorar el fin del extenso ciclo de gobiernos (y dictaduras) del Partido Colorado. Se realizaron reuniones especiales para considerar la situación de Nicaragua, con la participación del padre Miguel d’Escoto; de Cuba, con el secretario de Relaciones Internacionales del PCC, Fernando Remírez; de México con Saúl Escobar; de Haití con la senadora Edmonde Beauzile; de El Salvador con el dirigente del FMLN Sigifredo Reyes; de Puerto Rico y su lucha independentista evocada por la dirigente del Movimiento Hostosiano Sonia Cepeda; de Panamá a través de Nils Castro; de la R Sarahaui, y de Angola, a través de Paulo Teixeira Jorge, del MPLA. El senador Santos Ramírez Valverde, del MAS, trajo el saludo del presidente Evo Morales.
El Congreso aprobó una resolución que destaca acontecimientos internacionales próximos como la reunión del Foro Social Mundial en 2009 en Belem, capital de Pará, los próximos Encuentros del Foro de Sâo Paulo en Montevideo en 2008 y en México 2009, y la ampliación de las relaciones con África, en vísperas de una nueva gira del presidente Lula a 14 países de ese continente.
En próxima nota veremos las repercusiones del Congreso en Brasil y la notable intervención de Lula en la sesión del 1º de setiembre. *
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