Y el ganador en Estados Unidos es…
Patrick Anidjar – Washington, AFP
Los ejercicios adivinatorios se tornaron particularmente arduos en la campaña electoral de 2000 debido a lo parejo de la carrera entre el republicano George Bush y el demócrata Al Gore por llegar a la Casa Blanca.
De ahí que se halla recurrido a métodos menos convencionales, los cuales habitualmente le dan la victoria a Bush.
«Este partido decidirá al vencedor de la elección», dijo el periodista deportivo Al Michaels, de la televisión ABC, al comentar el lunes un partido de fútbol americano. Tres horas más tarde, los Redskins de Washington fueron derrotados en su campo por los Tennessee Titans. La predicción fue: gana Bush.
«Cuando los Redskins pierden en su cancha su partido previo a una elección presidencial, el partido en el poder es derrotado», dijo el periodista. Un detalle: el Tenessee es el equipo favorito de la familia Gore, originaria de ese Estado al este del país.
Otro indicador se dio durante la celebración de la fiesta de Halloween. La gente compró más máscaras de Bush que de Gore, según una encuesta realizada por un sitio de Internet. El 54% de los compradores prefirió máscaras de Bush y el 42% de Gore, dice la encuesta.
El informe de ese sitio de Internet dijo que la venta de máscaras es un indicador confiable del resultado electoral y señaló que, «desde 1980, los resultados de cada elección fueron pronosticados de esa manera».
La genealogía también cuenta a la hora de los vaticinios. Una obra publicada en Gran Bretaña dice que Bush debería ganar porque en sus venas corre más sangre real que en las de Gore.
Según Burke’s Peerage, la biblia genealógica británica desde 1826, Bush puede reivindicar su descedencia directa de los soberanos ingleses Enrique III, Enrique VII, Carlos II y hasta de Guillermo el Conquistador.
Casi relegado al rango de plebeyo, Gore no puede esconder su modesta extracción. A lo sumo, puede invocar a unos nobles alemanes y un parentesco lejano, por alianza, con Isabel II.
«Desde George Washington, el candidato a la presidencia más ligado a la realeza es el que gana la carrera a la Casa Blanca», declaró el editor del libro, Harold Brooks Baker. El ganador del martes sería, entonces, Bush.
Contra la corriente, el profesor Michael Lewis Beck, de la Universidad de Iowa, que predijo la reelección de Clinton en 1996, pronosticó esta vez que Gore ganará con un 56,2% de los sufragios.
Gore tiene otro consuelo: el índice Dow Jones de la Bolsa de Nueva York está a su favor y, según el diario The New York Times, eso es un excelente indicador: si el índice sube entre fines de julio y fines de octubre, el partido en el poder es reelegido. Si baja, es derrotado.
El republicano George W. Bush –que mantiene una ligera ventaja en las encuestas– y su adversario demócrata Al Gore concentraron sus esfuerzos en los estados más disputados al entrar en la recta final de la campaña a dos días de las elecciones estadounidenses del martes. El codo a codo entre los dos candidatos se confirma a medida que se aproxima el día de los comicios y los ataques provenientes de los bandos demócrata y republicano se multiplican un un último esfuerzo por obtener una ventaja decisiva.
Las revelaciones sobre la detención de Bush en 1976 por manejar ebrio ocuparon las primeras planas de los diarios el viernes, pero el asunto pasó a segundo plano el sábado. Las encuestas publicadas el viernes no reflejaban todavía el eventual impacto de esa información sobre la opinión del electorado. Bush no dio señales estar afectado por el incidente, cuya importancia intentó minimizar. «Pienso que los norteamericanos van a llegar a la conclusión de que se trata de política sucia de último minuto», dijo el gobernador de Texas al canal de televisión Fox. Bush hizo campaña el sábado en Dearborn, sede de la empresa automotora Ford, en Michigan, uno de los estados clave, con 18 «grandes electores». «Sólo nos quedan unos pocos días. No nos vamos a dejar distraer por un francotirador», dijo.
Te recomendamos
¿inocentes?
Argentina: Adorni, Angeletti, Sturzenegger y Espert se acogen al régimen de “inocencia fiscal”
Lejos de dar explicaciones sobre los orígenes opacos de sus dineros, los funcionarios del gobierno de Milei se acogieron a una ley —diseñada y aprobada por el mismo gobierno— para quedar totalmente impunes.
Compartí tu opinión con toda la comunidad