El mercado y la política
Por Isidoro Gilbert
Dos frentes pueden superarlo: no aventa el malestar social y pese al rumbo económico, José Machinea está en la mira de sectores financieros que intentan su reemplazo por alguien confiable para «los mercados». Pero atención, el presidente también comienza a ser objetado: «De la Rúa es presidente para los domingos a la tarde» y el gobierno no genera confianza, diagnosticó el influyente economista Rudiger Dornbusch, del MTI (USA), que en 1991 vaticinó que Domingo Cavallo «sabe qué hacer con el poder».
De la Rúa computa a su favor el respaldo que le otorgó el comité nacional de la UCR, adonde concurrió apenas horas más tarde de llegar de España: en plena crisis por la renuncia del Alvarez ni habían mencionado al presidente, omisión no intencional, dicen en ese partido, pero sugerente.
Sin que se haya guardado críticas, Raúl Alfonsín cree que después del error garrafal en la reorganización del gabinete que llevó a la dimisión de Chacho, los cambios posteriores le dan más identidad al partido y a la Alianza con la presencia del Frepaso.
La reunión que mantuvo Alvarez con los diputados del Frente Grande tuvo tramos de fuerte autocrítica pero no incluyó un debate sobre la justeza de su renuncia, ni tampoco un balance de cómo afectó políticamente al frentismo. Eso sí, ese y otros encuentros con sus primeras espadas, lo avalaron como jefe partidario que reafirma su respaldo al gobierno, con compromisos de encontrar opciones para el rumbo económico: no lo comparte pero por ahora no lo dejará sin respaldo, especialmente en la sanción del presupuesto para 2001.
En todo caso, reconoció en los encuentros, nunca «supimos elaborar otro proyecto para economía» dentro de los limitados parámetros del mundo actual. Y aunque preferiría amortiguar su compromiso con el presidente, Chacho no quiere pasar a ser el responsable de un escenario de ingobernabilidad. Por eso alertó: «Si caemos en la insolvencia para pagar la deuda externa, la situación de la gente sería mucho más grave». Con sus más y sus menos, de la Rúa puede contar con el respaldo del Frepaso y enfrentar las dudas que subsisten en Wall Street, de naturaleza política.
Machinea pensó que con la tendencia a la paz aliancista y el horizonte del presupuesto despejado, más nuevos anuncios para activar obras viales, le permitiría pasar un fin de año tranquilo, acaso el propio verano y en las puertas del otoño certificar si cambia o no la tendencia económica, y con ello su propio futuro. Pero las cosas son más complejas.
Un torrido verano
La mala calificación de la consultora Standard & Poor’s tuvo secuelas sobre los bonos externos y además el peronismo que tiende a unificar su discurso y táctica para volver al poder porque lo ve posible, anticipó las condiciones para que sus legisladores aprueben el presupuesto. El gobierno toma sin drama el mensaje. Cree que el Partido Justicialista no cargará con el peso de dejar sin ley al país, que pondrían a sus gobernadores en situación compleja, ni pueden colocar como mascarón de proa de su rechazo, a los senadores cuyo prestigio está por el suelo.
La serie de conflictos sociales mediante el corte de rutas, cualquiera sea la suerte de los actualmente en curso en varios lados, ha venido para instalarse como parte del paisaje argentino, como la desocupación elevada (puede morder en 16% en la medición ahora en curso), ya que no hay en el presidente y su ministro voluntad política para encarar otro enfoque a la economía que el actual, que no resuelve el crecimiento económico y el empleo, y no genera recursos para extender la malla de contención social. Es cierto que el país no está sentado debajo de un volcán, al menos por ahora, y lo que estallan son la suma de problemas irresueltos como secuela del modelo de acumulación, crecimiento y distribución con que se aborda la economía desde principios de los años 90. Hay más que síntomas, en la mayoría de los países latinoamericanos, que el «consenso de Washington» que iluminó ideológicamente las privatizaciones, el libre mercado, la extranjerización de la banca y de gran parte del sector productivo que sobrevive, está cuestionado por sus secuelas sociales y en la desigual distribución de la renta. Ilustra como nada la crisis de representatividad en los países andinos, el giro a la izquierda en Brasil, el papel del coronel Chávez en Venezuela, quien acaba de forjar con el cubano Fidel Castro un nuevo espacio geopolítico que no pasará inadvertido.
Los partidos políticos no perciben estos cambios ni están dispuestos a un debate franco, sin especulaciones electoralistas, sobre qué espacios reales cuenta la Argentina para salir del esquema actual. Sin embargo, las campanas llaman a duelo del «modelo» y ello acaso explica la fuerte desorientación existente o la fiereza con que algunos grupos financieros quieren asegurarse que uno de los suyos ocupe la cartera de economía.
Las elecciones en los EEUU no modificarán sustancialmente el enfoque de Washington para la región, pero mientras un mandatario se va y otro viene y con asuntos tan duros como el Medio Oriente, la Argentina, como la región en general, está fuera de su agenda política acuciante.
«El golpe de mercado»
Para el gobierno el apoyo norteamericano es clave cuando la posible necesidad de un respaldo especial del FMI está en el orden del día. Machinea ha sido objeto de un «intento de golpe de mercado» que pilotearon tres bancos extranjeros para que sea relevado y que la irrupción de Cavallo, colocándose a su lado, lo aventó por ahora. Si el ex ministro de Economía se acercó al gobierno, sea como parte de ese programa o porque lo consideró demasiado peligroso, es tema de seminarios. Lo real es que su encuentro la semana anterior con Alfonsín lo instaló en la política grande, porque lo exhibe como indispensable en tiempo de crisis, cosa que le viene bien después del bochorno de aquella noche que perdió la comuna porteña frente al emergente frentista Aníbal Ibarra.
¿Quiere ser ministro de de la Rúa? Dice que no pero los suyos no lo descartan. Si le dieran todo lo que anhela (la jefatura de gabinete, etc.), lo que es improbable. Igualmente no creen que Machinea pueda resistir nuevos embates y que su relevo está cantado: el actual ministro de defensa y economista ortodoxo, Ricardo López Murphy.
Cavallo sólo tendría una chance con el actual gobierno: si éste se acerca por presión o ineptitud al abismo. En frío, provocaría el quiebre de la Alianza y las expresiones públicas en este sentido son terminantes.
Lo que no se responde es qué ocurriría en un escenario «a un paso del precipicio», pero también, en este caso, la pregunta no está bien formulada. Dicho de otro modo: ¿puede la Argentina soportar una profundización de la misma política cuyas consecuencias están a la vista? El papá de la convertibilidad está preparado para esos y otros cuestionamientos. Ya le dijo en su momento a De la Rúa y a Alvarez que tiene un recetario capaz de poner en tensión todas las fuerzas, cambiar las malas ondas y salir del estancamiento.
Ahora busca cómo frenar el endeudamiento que su política provocó: «Hay que salir del mercado de bonos», sugiere sin que quede claro cómo reemplazaría las necesidades para afrontar los pagos: más de 20.000 millones en 2001.
Son números que abruman a hombres como Alfonsín y le hacen decir palabras que «son imprudentes» para los conductores del palacio de Hacienda, pendientes de las calificadoras y del corset del pensamiento único.
Economía ha conseguido hasta ahora recursos en el mercado interno y por eso se los ha drenado para el crecimiento: cero en el
2000, según el gurú Angel Broda, sobre todo por el agujero fiscal que dejó Carlos Menem.
Habrá que prepararse para escuchar a un Cavallo heterodoxo que sale al encuentro de muchas de las penas actuales. Si esta opción hoy minoritaria y casi desechable se implanta, con un plan premeditado o no, es porque la Alianza carece de una propuesta alternativa a la actual.
Si en 1991 se convirtió en el salvador de un Menem desorientado por la hiperinflación, ¿por qué no repetir la proeza con De la Rúa y crear una nueva ilusión por derecha, sin las ideas progresistas de la coalición?
Cortes de rutas y política
El corte de rutas en La Matanza es mucho más que una protesta surgida por la dramática situación de un gran sector de los habitantes del partido bonaerense más poblado. Si fuera sólo otro desesperado llamado de atención no sería la novedad, ya que en lo que va del año ocurre más de un corte diario en distintas zonas del país por las mismas razones, que tienen mayor o menor fortuna en satisfacer sus reclamos.
En La Matanza sobresale la organización del piquete, lo que refleja un mayor grado de inserción de corrientes de izquierda y de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), lo que le brinda a la gente un paraguas de protección mayor que a otros movimientos similares para ser más exigentes en el cumplimiento de sus demandas. Pero también sobre este corte se cruzan luchas internas dentro del peronismo bonaerense y de Ruckauf con el gobierno nacional, que enerva mucho más la cuestión y genera actitudes inoportunas como el viaje de Fernández Meijide a Biarritz o la critica a esta lucha que hizo la ministra de Trabajo porque luce «organización».
La CTA puso a su máximo referente, el estatal Víctor De Gennaro, en la primera línea del corte, concebido como parte de otros más, como una continuidad de la Gran Marcha que han hecho semanas atrás desde Rosario a la Capital Federal y, después, por el Gran Buenos Aires, para reclamar subsidios y capacitación para desempleados y sus hijos, lo que obligaría –creen– a cambiar el eje de las prioridades del presupuesto nacional.
Puesto el conflicto en estos términos, el debate por el presupuesto tiene a otro actor activo, que crecería si la CGT de Hugo Moyano se suma a la movilización y paros con que se presentarán ante el Parlamento, para tratar de impedir su sanción como está, sin sus reclamos incluidos y legalizando el recorte de los salarios estatales.
En esta complejidad sería bueno que el gobierno deje de estar atado a lo que le marcan las consultoras y regrese a la política para inspirarse.
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