Opinión Internacional

Xenofobia y extremismo amenazan la convivencia humana

Por Guillermo Israel

62 años de la Noche de los Cristales Rotos, que se cumplen en estos días, y que en vísperas de la iniciación de la Segunda Guerra Mundial ha sido la luz verde para el saqueo de los bienes judíos y el asesinato de ciudadanos israelitas en Alemania y más tarde en los países ocupados por la soldadesca alemana.

Al recordar esta fecha negra en la historia germana, no comparamos de ninguna manera lo que hoy acontece con el genocidio y el holocausto de aquellos años, que conmovieron a la humanidad entera. Pero, no obstante, sería un tremendo error menospreciar o minimizar lo que acontece en tierra alemana. Günter Grass levantó recientemente su potente y autorizada voz durante una conferencia internacional del Consejo Europeo, apuntando al fondo del problema. Según Grass, los Skinheads y otros matones que cometen todo tipo de tropelías y atentados son solamente la punta del iseberg y falta la necesaria valentía para nombrar por sus apellidos a los verdaderos responsables políticos de lo que acontece en Alemania y en otros países europeos. Para el Premio Nobel el desmontaje de la legislatura del asilo y las consecuencias de esta resolución es una de las causas que han llevado al crecimiento del extremismo derechista y de la violencia. El tratamiento inhumano de quienes buscan asilo se ha convertido, dijo Grass, en una praxis de la cual es responsable el gobierno. Los atentados, por producirse a diario, conmueven apenas a la opinión pública y todo indica que en Alemania la gente se ha resignado que en su país unas cuatro mil personas, que no han cometido crimen alguno, estén detenidas para ser expulsadas del país. Sólo cuando se produce un suicidio de alguien que será expulsado en el aeropuerto de Frankfurt, se produce una conmoción durante algunos días, señaló Grass.

El poeta dijo, que los países de la Unión Europea, incluso los que esperan ingresar en ella, se están convirtiendo cada vez más en verdaderas fortalezas, donde se estrechan los espacios democráticos. Hay un verdadero delirio xenófobo contra minorías que viven hace siglos en Europa, caso de los 20 millones de sinti y roma (gitanos), que carecen de derechos elementales.

Dirigente judío exige tolerancia con los extranjeros

El presidente del Consejo Central Judío de Alemania, Paul Spiegel, preguntó en reciente nota periodística: ¿qué debe suceder, cuánta gente debe sufrir todavía perjuicio y violencia física para que la mayoría de la ciudadanía, hoy callada, se levante para enfrentar eficazmente a las bandas pardas? Spiegel tilda de ilusionistas a quienes piensan que con medidas penales se pueda desterrar la violencia. Es preciso analizar sin miramientos las causas del fenómeno, hacerlo autocríticamente, reclamó Spiegel. El dirigente de la colectividad judía recuerda que es necesario conocerse mutuamente y pregunta: ¿quién conoce hoy en Alemania, por ejemplo, la significación de las fiestas judías, quién sabe cuántos ciudadanos judíos viven hoy en Alemania, o quién estuvo alguna vez en una sinagoga? Preguntas que reclaman respuestas y obligan a conocerse mejor, subraya Spiegel.

Más, el dirigente judío alemán exige, que la mayoría de los alemanes reconozca por fin que un alemán judío es un ciudadano de la República Federal de Alemania con los mismos derechos que un alemán cristiano. Lo que se conoce, crea adversidad y condiciona la convivencia y en caso extremo es demonizado, argumenta Spiegel y recuerda que los judíos integran desde hace muchos siglos la historia alemana, su cultura y vida social y política.

No es posible pedirle responsabilidad y conducta cívica responsable a los jóvenes para con los extranjeros y los conciudadanos de otras creencias religiosas, cuando al mismo tiempo dirigentes políticos hablan en sus declaraciones de «extranjeros útiles» y «niños en lugar de indios», o por ejemplo, en el estado de Hessen se lleva a cabo una campaña contra la doble ciudadanía, subraya Spiegel.

La defensa de la dignidad de cada persona debe ser la causa de todos y de cada uno de la demanda de aplicar la fuerza estatal, debería ser el último paso, escribe Spiegel.

«Sólo si logramos que sea respetada la inviolabilidad del otro, en cualquier lugar y siempre, también si este otro nos pueda parecer una persona extraña, podemos tener una perspectiva en el futuro».

Las opiniones vertidas por Günter Grass y Paul Spiegel son más que una mera denuncia, un llamamiento para que, tanto los gobiernos como los ciudadanos, actúen con eficacia contra esta verdadera mácula de la humanidad.

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