Los hábitos

Washington, ANSA

El próximo presidente de Estados Unidos llevará a la Casa Blanca un programa de gobierno pero, además y tal vez sobre todo, impondrá un estilo con nuevos hábitos, defectos y excentricidades que marcarán los siguientes cuatro años.

Washington se prepara a ser escenario de las siestas de George W. Bush o de la web-cam (cámara para navegar en la web) de Al Gore; habrá béisbol o ballet. Según quien resulte ganador, se impondrá o el estilo «reaganiano» para afrontar los grandes problemas o la pasión maniática por los detalles. Después de ocho años de saxo, habanos, escandaletes y divas de Hollywood, propuestos al imaginario colectivo por Bill Clinton, una mirada virtual sobre cómo será Estados Unidos, según quien triunfe en los comicios el 7 de noviembre próximo, se detendría en los siguientes puntos:

* Estilo del Poder:

el modelo de líder que el mundo encontrará en la Casa Blanca de Bush recuerda al de Ronald Reagan, pese a que al gobernador de Texas le faltan los dotes de gran comunicador. Bush delega mucho en sus colaboradores, odia los detalles, reclama briefing simples y concretos.

Otorga amplio poder al resto del equipo pero con sanciones graves para quien se equivoca, según los dictámenes de los gurúes del «business administration» de Harvard, donde se formó.

El modelo Gore, en cambio, es el de la centralización del poder, del análisis de cada detalle, el hiperactivismo y la intervención directa en cada tema. El Salón Oval propondrá al país los cánones del periodismo de investigación, el mundo del cual proviene el vicepresidente.

* Las costumbres:

la presidencia de Bush relanzará la siesta como un tónico para todos, dormirán, incluso, los video juegos, la gimnasia y las pesas.

Los «workaholic», los que trabajan a ritmos frenéticos sin concederse pausas, quedarán afuera.

El rito del jogging continuará pero con más calma respecto a los de Clinton (Bush emplea 7 minutos y 15 segundos para «correr» una milla, o sea 1.852 metros). La web-cam en la computadora, Internet, las video conferencias, el correo electrónico, el escritorio lleno de cartas y memos serán sin duda el símbolo de la era Gore. También habrá un aro para el básquet junto a mucha gimnasia y comidas frugales.

* Las artes:

Si Bush conquista Washington, los duros tomarán el poder en Hollywood, y la cara de simpático canalla a lo Bruce Willis o los músculos estilo Arnold Schwarzenegger marcarán una tendencia.

Los espectáculos de entretenimiento popular, como los musicales, tendrán su momento de gloria, junto a los talk-show, la sátira televisiva y la música country. Museos, muestras fotográficas y eventos culturales de alto nivel serán privilegiados por Al y Tipper Gore. El American Ballet Theatre de Nueva York, uno de los ámbitos preferidos de la aspirante a Primera Dama, se convertirá en santuario de lo mundano. El cine y las estrellas de la música pop tendrán en el demócrata un nuevo paladín aunque la relación no será la misma a la de los años de Clinton.

* Los deportes:

Béisbol en los altares del Estados Unidos de Bush, quien fue presidente y dueño en Texas de los «Rangers». El Superbowl, la mítica final de fútbol americano, será el evento central en la gestión de Al Gore pero también las estrellas de básquet encontrarán buena recepción en la Casa Blanca.

* La cocina:

Barbacoa, hamburguesas y hot-dog, un menú bien estadounidense, con un aporte de comida mexicana, dominará las preferencias en una eventual administración Bush. Pero no faltarán los restaurantes de lujo y la cerveza sin alcohol como bebida nacional, siguiendo los hábitos de un presidente que tuvo problemas con el alcohol.

Verdura fresca, pescado y postres deliciosos serán en cambio los alimentos de una era Gore, junto con la comida a domicilio, aquella que se encarga para no sacar los ojos de la pantalla de la computadora.

* Por último, una coincidencia:

Internet, que será gran protagonista cualquiera sea el vencedor el 7 de noviembre.

Bush aspira aumentar la presencia de la red en las escuelas y Gore piensa incrementar su aplicación, además de usarla como instrumento privilegiado para dialogar con los ciudadanos.

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