Un muerto, una primera dama

La batalla

Washington, ANSA

Los demócratas esperan que quitándoles cinco senadores y siete diputados a los republicanos puedan reconquistar la mayoría en el Congreso. La matemática, en las elecciones del 7 de noviembre, favorece al partido de Al Gore.

En el Senado la disputa es por apenas el 34 por ciento de las bancas; pero 19 pertenecen a los republicanos y sólo 15 a los demócratas.

Para revertir la actual mayoría republicana de 54 a 46 los demócratas deben quitarle a sus rivales por lo menos cinco bancas.

Los especialistas están de acuerdo en que la verdadera batalla, en rigor, está limitada a 13 bancas vulnerables (5 en manos de los demócratas y 8 en las de sus adversarios), mientras en las otras 21 la reconfirmación del partido en el cargo se da por descontada.

El talón de Aquiles de los demócratas es Virginia, donde el senador Charles Robb parece destinado a la derrota frente al ex gobernador George Allen (el hombre que autorizó la ejecución de Joseph O’Dell).

Pero el partido de Gore debería empatar en Missouri donde en las listas hay un muerto, el gobernador demócrata Mel Carnahan, fallecido hace poco más de dos semanas en un accidente aéreo, que sigue presente en las boletas y que debería ganarle al senador republicano John Ashcroft.

La viuda del gobernador, Jean Carnahan, hizo saber que tomará el lugar del marido en el Senado, logrando de este modo que los demócratas se pusieran al frente en las encuestas.

El duelo más espectacular, al menos para los medios, es el de Nueva York, donde la primera dama Hillary Clinton (gracias incluso a los consejos sabios de su marido el presidente) parece destinada a derrotar a su rival, el republicano Rick Lazio, que se ha dedicado últimamente a insistir en sus raíces italianas con una serie de fiestas gastronómicas especiales.

Otra víctima republicana debería ser el senador del estado de Washington Slade Gorton, odiado por las tribus pieles rojas (quiere rever los tratados).

Los indios donaron un millón de dólares a la candidata demócrata María Cartwell, que se hizo rica con Internet en la esperanza de ganarle a su enemigo.

Otros senadores republicanos vulnerables son William Roth (Delaware), Spencer Abraham (Michigan), Conrad Burns (Montana) Rod Grams (Minnesota), y Lincoln Chafee (Rhode Island).

A complicar la situación contribuyó la decisión del senador de Connecticut Joe Lieberman, elegido por Gore como candidato a vice, de presentarse él mismo para mantener la banca.

Si los demócratas conquistan la Casa Blanca Lieberman no podrá ser al mismo tiempo vicepresidente y senador y tendrá que renunciar a la banca que irá a manos de un republicano.

Aunque conquisten 51 senadores, los demócratas, por la renuncia de Lieberman, volverán a los 50. Pero esto simplemente transformará el voto del vicepresidente en decisivo, que será precisamente Lieberman, creando sin dudas una situación paradojal.

También en la Cámara, que será íntegramente renovada, la matemática favorece a los demócratas.

Gran parte de los 35 bancas abiertas, donde el diputado en el cargo no se presenta, pertenecen a los republicanos, con 26 contra 9 demócratas.

Las abiertas son bancas más fáciles de conquistar; los diputados en el cargo son efectivamente casi siempre reconfirmados, el promedio de renovación fue del 94 por ciento en los últimos veinte años.

Los demócratas deben ganarles siete diputaciones a los rivales para llegar a la mayoría mínima de 218 votos, sobre 435.

Y lo pueden lograr.

Los temas de la campaña –educación, salud y previsión– son los favorables a su partido.

Entre los republicanos destinados a la derrota está George Nethercutt: en 1994 le ganó al jefe demócrata de la Cámara, prometiendo permanecer en el cargo un máximo de seis años.

Pero ha faltado a su promesa y pidió ser reelecto.

Sus adversarios le reprochan ahora ser un mentiroso redomado e incluso los electores parecen tener la intención de hacerle pagar lo que interpretan como una tomadura de pelo.

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