Irak busca a supervivientes tras una sangrienta ola de muerte
Estos ataques, unos de los más sangrientos desde el derrocamiento del ex presidente Saddam Hussein en 2003, causaron, asimismo, más de 375 heridos, afirmó Mohammed Waadalá, médico de la provincia de Nínive, donde fueron perpetrados los atentados.
Según varios responsables locales y militares iraquíes, cuatro camiones bomba estallaron en las aldeas de Al Jataniya y de Al Adnaniya, habitadas mayoritariamente por fieles de la secta preislámica yazidi.
«Era como una explosión nuclear. La segunda era aún más fuerte», declaró el capitán del ejército iraquí Jalal Mohammed, quien acudió con su unidad a Al Jataniya.
«Todo ha quedado destruido. Las casas, los edificios, los comercios. Era horrible (…) Una tragedia. Muertos por doquier», agregó.
Jamal Faris, otro militar iraquí que participó en las tareas de socorro, vio cómo sus familiares yacían entre los escombros.
«Me precipité hacia mi casa. Estaba destruida. Comencé a buscar a mi familia (…). Dos de mis hijos y dos de mis hermanos habían muerto», contó el soldado, quien asegura que también murieron su tío, la esposa de éste y sus seis hijos.
Y el balance podría agravarse, estimó Dakhil Qasim Hasun, alcalde de Sinjar, situado a 110 km al oeste de Mosul, la capital provincial.
Según Abdul Rahim Al Chamari, alcalde de Al Baaj, al suroeste de Mosul, los siete hospitales a donde fueron transportadas las víctimas no daban abasto. Los habitantes del lugar afluían al centro médico para donar sangre.
El Ejército estadounidense, que dio cuenta el miércoles de 60 muertos y habló de cinco camiones bomba implicados en los atentados, apunta su dedo acusador contra la célula iraquí de Al Qaeda.
El embajador de Estados Unidos en Bagdad, Ryan Crocker, y el comandante de las fuerzas estadounidenses en Irak, general David Petraeus, condenaron el miércoles esos atentados, que calificaron de «bárbaros». Añadieron que estaban decididos a proseguir su misión en Irak.
El presidente iraquí, el kurdo Jalal Talabani, estimó que los yazidis, que también son kurdos, eran víctimas de una «guerra de exterminio lanzada por los terroristas y los takfiris», o extremistas, contra la población iraquí.
Por su parte el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, que afronta una grave crisis política desatada por las discrepancias entre los partidos sunitas y chiitas, denunció este «crimen innoble», ordenó una investigación y afirmó que no le impedirían «continuar el proceso político».
Para la Liga Arabe «la reconciliación nacional es el mejor medio para salir de la espiral de violencia».
Los yazidis son una minoría kurda de medio millón de personas instaladas en el norte de Irak y muy devotas del arcángel Melek Taus, que para algunos musulmanes y cristianos es Satanás. No tienen más que tres diputados en el Parlamento iraquí.
Esta comunidad trató de mantenerse al margen de los conflictos confesionales en Irak, pero en los últimos tiempos han empeorado sus relaciones con los sunitas.
La violencia interconfesional vuelve a hacer mella en Irak pese al despliegue de 155.000 militares estadounidenses. El hecho de que más de la mitad de ellos estén acantonados en Bagdad ha motivado el desplazamiento de los islamistas hacia las provincias, donde cometen ahora la mayoría de sus ataques.
Ayer mismo miércoles los ataques volvieron a estremecer a la población. *
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