El ex dictador Pinochet se desvanece

Por Victor Vaccaro – corresponsal en Chile

Lo único que parece interesar hoy a la mayoría de los chilenos con relación al otrora poderoso dictador Augusto Pinochet es saber –y lo más pronto posible– si en definitiva los tribunales y los médicos legistas lo declaran demente, exculpándolo así de los crímenes que se le imputan, o si optan por considerarlo viejo y enfermo, en cuyo caso debería ser igualmente procesado y condenado, según opinan los abogados acusadores, o se le exime de responsabilidades como pretende la defensa alegando un precario estado general de salud que vulneraría su derecho a un juicio justo y a la vida misma.

Esta definición quedó pendiente de acuerdo el martes pasado entre los tres miembros de la Sexta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, quienes probablemente den a conocer su fallo este viernes en relación al recurso presentado por los abogados de Pinochet en el que cuestionaron se le someta sólo a un test de locura, como lo establece la ley para los casos de inculpados mayores de 70 años.

En esto último confía el abogado querellante y diputado socialista Juan Bustos, quien anticipó a LA REPUBLICA que «el fallo debería ser confirmatorio de la resolución del juez Juan Guzmán (ordenando sólo exámenes psiquiátricos), lo que está de acuerdo con nuestra Constitución y el Código Penal». En círculos judiciales se considera que el veredicto inapelable (respecto al tipo de exámenes) será contrario a Pinochet dos votos contra uno.

Si es así, el abogado Bustos estima que a partir de la próxima semana el juez Guzmán reactivará la orden al Instituto Médico Legal para que realice los exámenes mentales, para luego someterlo a la indagatoria, previa a la resolución respecto a si existen o no presunciones y pruebas para ser sometido a proceso en la causa por las desapariciones y ejecuciones ocurridas durante la «caravana de la muerte».

Mientras, el desaforado senador Pinochet espera la resolución internado desde la noche del sábado en el Hospital Militar, donde es tratado de una «neumonía aguda basal izquierda» que según los acusadores fue casualmente detectada en vísperas del inicio en la Corte de la vista del recurso relacionado con su estado de salud. Este hecho remarcó la absoluta ausencia de lo que representa Pinochet en las polémicas generadas por la elección municipal del domingo y sus resultados. Este es el primer acontecimiento democrático en que el ex dictador no es factor conflictivo desde 1988 y ni siquiera los partidos que lo defienden lo mentaron en esta ocasión. Tampoco hubo una reacción siquiera parecida a los disturbios con que la derecha repudió la detención de Pinochet en Londres y el juicio por extradición planteado por los tribunales españoles cuando se supo aquí que un juez argentino pedía su detención y traslado a Buenos Aires para ser juzgado por el asesinato del ex comandante en jefe del Ejército Carlos Prats, cuestión que todos entienden que debe resolver la Corte Suprema.

Algo similar ocurre con la avalancha de confesiones que están haciendo ante distintos tribunales los agentes de los aparatos represivos que asesinaron a opositores durante la dictadura. Todos ellos, como en el caso de ex mayor Carlos Herrera, que protegió al químico de la DINA, Eugenio Berríos, en Montevideo, han reconocido haber ejecutado a sus víctimas cumpliendo órdenes superiores, con lo que todas las sospechas se vuelven hacia el anciano militar. Por primera vez, tampoco se mencionó a Pinochet, cuando ayer el comandante en jefe del Ejército, general Ricardo Izurieta, dio a conocer el nuevo alto mando de la institución, de la que se retiraron 12 generales, y se promovió a la segunda antigüedad en calidad de jefe del Estado Mayor al general Juan Emilio Cheire, miembro al igual que Izurieta de una familia de gran tradición militar y profesional.

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