El se va para la casa y ella llega al Senado

Bill y Hillary Clinton unidos por la política

Washington, AFP

Tras haber estado prácticamente en campaña política desde su juventud, primero para otros y luego para sí mismo, el presidente estadounidense, de 54 años, intenta adaptarse a la idea de su retiro de la vida pública, mientras su esposa Hillary, un año más joven, se apresta a tomar el relevo, compitiendo por una banca al Senado por el estado de Nueva York.

Candidato a nada

«Yo no soy candidato a nada este año, y la mayor parte del tiempo acepto ese hecho», confiesa con ironía el presidente en las reuniones electorales, a las cuales asiste frecuentemente para tratar de ayudar a su Partido Demócrata a retener la Casa Blanca y reconquistar el Congreso.

Pero admite también fácilmente que Hillary Clinton se ha convertido en su salida para satisfacer su gusto por la política.

«Me entusiasma de verdad trabajar para Hillary. Pero debo reconocer que yo no entendía cuando ella me decía que le horrorizaba asistir a mis debates. Hoy es la misma cosa para mí con ella. Eso me pone muy nervioso», explicó recientemente.

El presidente ha guardado un papel discreto en la campaña de su esposa, apareciendo raramente a su lado, aun cuando ha participado en una veintena de actos para ayudarla a recaudar millones de dólares para costear la batalla contra su adversario, el republicano Rick Lazio.

La crisis quedó atrás

Al decidirse a convertirse en la primera esposa de un presidente de Estados Unidos que se lanza a la política, Hillary Clinton parece haber dejado atrás definitivamente la crisis provocada en su matrimonio por el escándalo de Mónica Lewinsky, la joven becaria de la Casa Blanca que tuvo una relación de 16 meses con su marido, de noviembre de 1995 a marzo de 1997.

Durante varios meses, después de las confesiones públicas de Bill Clinton, Hillary –que le había perdonado otras indiscreciones sexuales, cuando éste era gobernador de Arkansas– se distanció ostensiblemente de su marido. Los gritos de sus disputas llegaron incluso a oídos de sus colaboradores, a pesar de las gruesas paredes de la Casa Blanca, según escribieron algunos de sus biógrafos.

Para muchos estadounidenses, el hecho de que el matrimonio de los Clinton haya resistido todas las pruebas y humillaciones es un enigma.

Algunos están convencidos de que Hillary Clinton está motivada por una sed de poder más grande incluso que la de su marido.

Otros creen que su estoicismo es un reflejo de su educación metodista y de su formación familiar, con padres que la acostumbraron desde niña a mantener la cabeza alta frente a las adversidades.

La verdad se sitúa probablemente a mitad de camino.

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