Un hombre popular, que dejó el alcoholismo, y con un padre que ya fue presidente de EEUU

Bush está más cerca de la Casa Blanca

Washington, ANSA

George W. Bush aparece, en el último y crucial tramo de la campaña electoral estadounidense, casi invariablemente al frente de las encuestas de intención de voto. No pocos observadores coinciden en que es el candidato más popular. Y, según se prevé, solamente el caprichoso recuento de los delegados en el colegio electoral puede dejarlo afuera de la Casa Blanca para el mandato 2001-2004.

El hijo del ex presidente George Bush está apostando a revertir la situación en California, estado que provee 54 delegados al colegio electoral, sabiendo que las cartas están casi todas echadas y que la suerte se revelará en las maniobras de estos últimos días antes del 7 de noviembre, tratando también de torcer la voluntad de los indecisos y de los millones de estadounidenses que tienen pocas ganas de ir a votar.

La figura de Bush hijo aparecía ya en agosto como «condenada» a convertirse en presidencial. Sin embargo, la profundización de la campaña –que exigió declaraciones de mayor profundidad y compromiso por parte de los candidatos– y algunas buenas maniobras de su rival demócrata Al Gore –como la nominación de Joe Lieberman como candidato a vice– redujeron la notable ventaja que llevaba el abanderado republicano.

Ahora la carrera parece inclinada hacia Bush en el terreno del voto popular, y un «cabeza a cabeza» en el campo del colegio electoral. El vencedor se lleva todos los delegados en cada estado, y hasta ahora Gore tiene suculentas sumas en el bolsillo en California (54 delegados) y Nueva York (33), mientras que Bush cuenta con el estado que gobierna, Texas (32), y otros como Ohio (21) y Georgia (13).

Con la carrera lanzada, Bush viste las ropas de un político serio, dejando atrás numerosos costados oscuros de su vida, de por sí oscurecida por la presencia de un padre tan influyente como George sr.

Sin embargo, más allá de su discurso sobre el «conservadurismo compasivo» y las vehementes promesas de una relación comercial y política más profunda con América Latina, George W sigue siendo el blanco de las bromas. La semana pasada, el canal infantil de cable Nickelodeon difundió una encuesta realizada entre miles de chicos, según la cual Bush emergía como vencedor en las elecciones. Esa misma noche, el popular animador televisivo Jay Leno lanzaba la broma:

«Bush ganó la encuesta de Nickelodeon, con el 55 por ciento contra el 45 de Gore. Bueno… si ustedes fueran un niño, no sería ‘cool’ ser más listo que el propio presidente?». A principios de la campaña, Bush era objeto de otro chiste, el cual relataba que el gobernador de Texas llamó por teléfono a una agencia de turismo para preguntar qué documentos necesitaba para viajar a la India. «Usted necesita el pasaporte y la visa», le explicó una empleada. «El pasaporte lo tengo –respondió Bush–. Pero… Aceptarán ellos mi American Express?».

Pero, a pesar de las bromas, Bush viene exhibiendo una imagen triunfadora, la de un «ganador irresponsable», un hombre que parece destinado al poder a pesar de no hacer prácticamente nada para lograrlo. Muchos en Estados Unidos destacan que el gobernador sabe explotar su imagen de «hombre blanco común» que seduce a gran parte del electorado.

Tan flojo es el transfondo ideológico de su campaña que algunos medios de prensa aseguraron en los últimos días que gran parte del impulso político de George W Bush es el deseo de vengar la clamorosa derrota sufrida por su padre ante Bill Clinton, en las elecciones de 1992.

Las cuestiones familiares son clave en la vida del gobernador de Texas. Sus biógrafos afirman que su primera experiencia vital fue la muerte de su pequeña hermana Robin, que falleció de leucemia en 1953. Ese episodio marcó para siempre el liderazgo familiar de la madre, Barbara, y su relación especial con George W. A Robin le sobrevivieron todos sus hermanos mayores, en orden cronológico John Ellis («Jeb», el actual gobernador de Florida, casado con la mexicana Columba y padre del miembro «latino» del clan, George P.), Neil, Marvin y George W.

A los 15 años, Bush dejó Texas, donde había crecido como un niño mimado, para viajar a Nueva Inglaterra, donde lo esperaba la misma escuela preparatoria donde 19 años antes su padre se había recibido e iniciado su carrera pública.

Los años de estudiante, tanto en Nueva Inglaterra como, luego, en Yale, tienen poco para destacar, ya que fueron los de un alumno mediocre que sólo lucía como presidente de su fraternidad, los Delta Kappa Epsilon, y a la hora de emborracharse junto a los amigos en las fiestas del campus.

Apenas pudo recibirse con un título en Historia, que al parecer no le sirvió para poder entrar en la escuela de leyes de Texas. El candidato no permite a las autoridades escolares y universitarias difundir su récord de notas y calificaciones.

En tiempos de Vietnam, como otros muchos hijos de destacados dirigentes, Bush se enroló en la Guardia Nacional, donde pasó dos años aprendiendo a volar los obsoletos F-102. En cuanto a la cuestión del alcohol, Bush no tuvo inconvenientes en admitir que bebía bastante hasta que, en 1985, conoció al telepredicador evangelista Billy Graham, quien «plantó una semilla en mi corazón» y logró que «empezara a cambiar». Según confesó recientemente al Washington Post, ahora «nunca bebo durante el día».

El resto es la historia más conocida: su pobre carrera en la industria del petróleo, la decisión de pasar al terreno político y su trayectoria como gobernador de Texas.

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