Los políticos tienen un santo al que encomendarse

La «inalienable dignidad» de la conciencia es el mensaje que surge de la vida y de la muerte de Santo Tomás Moro, proclamado ayer por el papa Juan Pablo II como patrono de los gobernantes y de los políticos.

El documento papal, que lleva la fecha de ayer, señala que Moro «es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral» por el testimonio, «ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder».

El Papa evoca en el documento la vida de Moro, nacido en Londres en 1478, estudioso de teología y de literatura, escritor, humanista, político, padre, marido, amante de la vida.

Enrique VIII lo nombró canciller del Reino, cargo en el que promovió la Justicia y trató de «impedir el influjo nocivo de quien buscaba los propios intereses en detrimento de los débiles».

Para no dar su apoyo a Enrique VIII en el proyecto de separarse de Roma y fundar la Iglesia anglicana, Moro se retiró de la vida pública.

El rey lo encarceló en la Torre de Londres, pero Tomás Moro se negó a renunciar a sus convicciones y fue decapitado en 1535.

Su obra más conocida, «Utopía», es el sueño de una sociedad basada en la igualdad, la libertad y la justicia.

Analistas sostienen que una contribución importante de Tomás Moro a la actividad política es su convencimiento de que los políticos deben actuar en base a un horizonte ideal, según valores que relativizan el poder y lo convierten en un medio para lograr una sociedad mejor. El documento pontificio afirma que una de las razones de esta proclamación como patrono es «la necesidad que siente el mundo político y administrativo de modelos creíbles, que muestren el camino de la verdad en un momento histórico en el que se multiplican arduos desafíos y graves responsabilidades».

Fenómenos económicos muy innovadores están hoy modificando las estructuras sociales y, por otra parte, dice también el documento, «las conquistas científicas en el sector de las biotecnologías agudizan la exigencia de defender la vida humana en todas sus expresiones, mientras las promesas de una nueva sociedad, propuestas con buenos resultados a una opinión pública desorientada, exigen con urgencia opciones políticas claras en favor de la familia, de los jóvenes, de los ancianos y de los marginados».

La vida de Tomás Moro «nos enseña que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes», afirma el Papa sobre el santo católico.

Fue Pío XI quien lo elevó a los altares en 1935.

Santo Tomás Moro también está presente en el calendario litúrgico de los anglicanos como mártir, sobre todo por la defensa de la libertad religiosa que testimonió.

El documento papal es también el resultado de una propuesta planteada en 1985 por el entonces presidente de la República de Italia, Francesco Cossiga, que fue firmada por centenares de jefes de estado y de gobierno, entre los cuales el ex premier italiano Massimo D’Alema y el príncipe Rainiero de Mónaco.

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