Turquía, entre la modernización y la islamización
Erdogan realizará el nuevo trama de su carrera política apoyándose en la victoria de su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en las legislativas recientes, en las que obtuvo un 46,6%, más de 12 puntos por encima del 34% logrado en 2002 y sin precedentes en Turquía desde 1969.
El AKP engloba todas las capas de las sociedad. Los jefes y los obreros lo votan, explica el analista político turco Fatih Altayli.
Según los expertos, atrás quedó el electorado rural y devoto que antaño servía de soporte a las formaciones políticas islamistas.
Islamistas pragmáticos
Para el experto Alberto Sotillo –en el diario español ABC– que analiza la trayectoria del partido islamista AKP liderado por el primer ministro Erdogan, concluye que los islamistas turcos han sido más formales con la democracia, más ortodoxos con la economía y tener más transigencia con las minorías que los laicos.
Sotillo reconoce que muchos de los actuales islamistas tienen un origen radical, aunque asegura que un gobierno laico seguiría una política menos occidental que los islamistas. En Turquía, Islam y democracia no son realidades antitéticas, opina el analista político español.
Para los seguidores del AKP, el primer ministro –que la próxima semana deberá presentar su nuevo equipo de gobierno– es un héroe.
Como tal lo aclamaron en sus multitudinarios mítines preelectorales en los que Erdogan les arengó improvisando, con ese tono de imán islámico, según su costumbre, mientras se movía por el estrado como si fuese suyo.
Lo que le pertenece ahora es el nuevo escenario político de una Turquía asombrosamente joven, pues el 60% de los turcos tiene menos de 30 años.
Un movimiento similar a la Democracia Cristiana
Mushtak Parker, editor de la Revista Islamic Banker, cree que la victoria del partido Justicia y Desarrollo simboliza que ha llegado la hora de la democracia musulmana, que podría situarse como un movimiento similar a la Democracia Cristiana en Europa.
Parker considera que con este resultado electoral el Ejército debería revisar su «descarada» interferencia en el proceso político, aspecto que apoyarán Estados Unidos y la UE, muy favorables a un líder moderado y pragmático como Erdogan.
Para consolidar su acción de gobierno, el primer ministro tiene que afrontar los temas sociales, poniendo freno a cualquier utilización del extremismo o la ideología como forma política, afirma Mushtak Parker en la Revista Islamic Banker.
Del islamismo a la derecha democrática
Este hombre de 53 años, padre de cuatro hijos y casado con Emine, quien siempre lleva el velo islámico, superó con creces una de las citas electorales más importantes desde la restauración de la democracia en Turquía, en 1983.
«Hemos visto cómo un partido de raíces islamistas se posicionaba en la tradición de la derecha democrática», comentó Nilüfer Göle, socióloga especialista en movimientos islamistas.
«Se trata de un éxito para el sistema parlamentario plural de Turquía y podría ser perfectamente un ejemplo de evolución de un movimiento islamista radical», agregó.
Para Jean Marcou, investigador del Instituto de Estudios Anatolios en Estambul, el AKP ha conseguido desmarcarse de su base electoral original, islamista, para llegar a un público más amplio.
«El AKP -que se autodefine como conservador y demócrata sin connotaciones religiosas- tiene raíces ideológicas antisistema, ya que proviene del movimiento islámico, pero ha entrado en la coyuntura política», explicó.
Sin embargo, pese al éxito electoral, para sus detractores, Erdogan sólo pretender islamizar Turquía de forma solapada.
Ese temor sacó a millones de turcos a las calles, la pasada primavera europea cuando el primer ministro propuso como candidato único para la presidencia a su brazo derecho, el canciller Abdulá Gul.
El ejército, que siempre se ha autoproclamado guardián de los valores laicos en Turquía, amenazó con intervenir. Pero esa injerencia pasó seria factura en las urnas a la oposición socialdemócrata laica –especialmente al partido CHP, creado en 1923 por Mustafa Kemal Ataturk, el fundador de la Turquía moderna– que sólo logró un 20,8%.
Según la mayoría de la prensa turca, la amenaza militar provocó una reacción «democrática» en los electores, que benefició al partido de Erdogan.
Además, su posición cada vez más nacionalista sobre la comunidad kurda, las minorías no musulmanas y la Unión Europea, le ha acarreado al CHP incluso críticas de «fascismo».
Dos escenarios
Tariq Alhomayed, director del periódico árabe Asharq Al-Awsat, opina que la victoria del AKP supone una prueba de fuego para los partidos islamistas, contemplándose dos escenarios: si el partido de Erdogan actúa con racionalidad propiciará una mayor legitimación de estos movimientos y una nueva era para la democracia pero, si utiliza su victoria de manera irresponsable, provocará la desestabilización del país como ya hiciera Hamás en Palestina.
En este contexto, el AKP deberá gobernar para todos los turcos, de lo contrario, el Ejército podría intervenir y eliminar la democracia, sostiene Alhomayed en Asharq Al-Awsat.
Según los politólogos, Erdogan ha guiado a su AKP a través de una metamorfosis, desde partido islamista a voz de la modernización de Turquía, que refleja su propia transformación personal.
Nacido en un barrio periférico de Estambul, fue el menor de los cinco hijos de un inmigrante que le inculcó rígidos principios musulmanes, junto con una siempre viva pasión por el fútbol.
Esa extracción social y religiosa lo llevó en su juventud a acercarse a los islamistas, un extremo del espectro político turco que, paradójicamente, alentaban el Ejército y los laicos, como una especie de defensa contra el comunismo y el separatismo kurdo.
Bajo las filas islamistas fue elegido alcalde de Estambul en 1994 y se hizo famoso por su cruzada contra el alcohol en los cafés y su eficaz gestión.
Tras pasar cuatro meses en prisión por recitar un poema de connotaciones islamistas en un mitin, en 2001 logró transformar al AKP en una forma «moderada, moderna y democrática» del antiguo movimiento islámico para llegar al poder.
Durante su gestión se ganó la confianza del mundo empresarial por levantar la economía turca, azotada en 2001 por una de sus peores crisis, y lograr en 2005 el establecimiento de negociaciones para la adhesión a la Unión Europea.
También ha conseguido ampliar la base electoral del AKP con medidas de corte social.
No bebe pero le gusta el cine, la música popular turca y lee biografías y libros científicos. Es irritable y no le gusta ser blanco de críticas Sus amigos aseguran que no hay que subestimarlo, afirman los analistas turcos.
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