Irak: ¿Menos tropas significa más seguridad?

Parece que todo el mundo empieza a pensar que la solución de Irak pasa por la salida de los soldados estadounidenses cuanto antes. No estoy tan seguro. No tengo claro que un menor número de tropas de Washington signifique necesariamente más seguridad.

El objetivo de Al Qaeda no es sólo matar a estadounidenses o deslegitimar a George W. Bush. El objetivo de Al Qaeda ­no lo olvidemos­ es tomar el control del país. Convertirlo, como hizo con Afganistán, en una plataforma para exportar su terrorismo y sus ideas radicales por todo el mundo.

En los últimos meses han muerto más iraquíes (sunitas y chiitas) que estadounidenses. La meta es desestabilizar el país para hacerlo ingobernable a cualquier fracción o partido.

La pregunta también puede hacerse a la inversa. ¿Más soldados significa más seguridad? En este momento, la Casa Blanca piensa que sí y, por eso ha reforzado su presencia militar con más de 30.000 hombres.

El resultado es, digamos, más que incierto, pero ligeramente positivo. Las bombas indiscriminadas siguen saltando por los aires aunque no es menos cierto que Bagdad está ­en términos generales ligeramente­ mejor que hace unos meses. A los medios de comunicación occidentales les da igual dónde se producen los atentados y, por tanto, siguen poniendo en los informativos de televisión sangrientas imágenes de muertos y heridos que consolidan la percepción negativa de las opiniones públicas a ambos lados del Atlántico.

Pero en verdad, algo se ha avanzado. La definición de una estrategia para una estabilización del conflicto iraquí sigue siendo extremadamente compleja, pero lo que está claro es que hasta Washington se ha dado cuenta de que no es exclusivamente militar. La solución (si la tiene) pasa por un consenso político entre muchos actores (alguno directamente involucrado, como Irán, y otros igual de afectados aunque a distancia, en Europa).

En este sentido, es positiva la pragmática posición de Washington de formar un comité conjunto con Irán e Irak para proponer una estrategia de seguridad coordinada. El comité actuará en tres áreas concretas: el control de la actividad de las milicias violentas, la lucha contra el terrorismo de Al Qaeda y la vigilancia de las fronteras para evitar el contrabando de armas.

La principal incógnita ahora es saber si Teherán, Washington y Bagdad están dispuestos a actuar de buena fe y cortar cualquier fuente de alimentación de los terroristas. En este sentido, no está claro cuál es el interés final de los iraníes y, sobre todo, si realmente respetarán un Irak unido sin interferir en sus asuntos internos. De todas maneras la implicación de Irán en la solución de Irak no es suficiente.

Europa tiene también que subirse al tren. Muchos gobiernos europeos actuales tienen la tentación de esperar a que se produzcan las elecciones presidenciales en Estados Unidos para cobrarle a Bush su autosuficiencia y desdén. Entendible en términos puramente populistas, es una estrategia arriesgada. Ya no queda ningún líder europeo de la foto de las Azores en el poder y es hora de pasar página. Los Sarkozy, Merkel y Brown no deben ser rehenes del pasado sino del compromiso con sus ciudadanos. La relativa calma que ha logrado el nuevo responsable militar norteamericano para Irak, el general Petraeus, puede no durar mucho y quizás entonces sea demasiado tarde.

Igual podríamos decir respecto a otros países de la región como Arabia Saudita y Pakistán. Todo lo que no sea una propuesta conjunta ­recuperando el verdadero espíritu del 11-S­ es concederle oxígeno a Al Qaeda. El deterioro de la situación sólo beneficia a los violentos, a los radicales y a los terroristas. El ejemplo gráfico es Palestina.

La imagen y el legado de Bush ya han pagado el precio de su arrogancia. Es mejor que el mundo civilizado piense de forma egoísta, en lo que le beneficia a sí mismo a largo plazo, y no en humillar al político norteamericano. Seguro que casi todos tenemos algo por lo que pedir perdón. Pero lo importante es trabajar por un mundo más seguro. *

* Es profesor del Departamento de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III de Madrid y del Departamento de Periodismo de la Universidad Complutense. Es experto en Operaciones de Paz, Gestión de Conflictos y Comunicación en situaciones de Crisis. Ha publicado «Militares españoles en el mundo» y colabora con Política Exterior y Foreign Policy. (Safe Democracy).

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