El presidente Lagos fortalecido tras comicios

Al cabo de ocho meses en los que la oposición no le dio tregua y buscó propinarle una derrota en las elecciones municipales de ayer, el primer Presidente socialista de la Concertación superó las aspiraciones de sus mismos partidarios, al devolverle a la alianza de centro-izquierda la mayoría absoluta que había perdido en la primera vuelta presidencial de diciembre pasado, y poner un abismo de 12 puntos ante una derecha que con Joaquín Lavín en esa oportunidad quedó a sólo 0,44 puntos de diferencia.

Según los resultados finales dados a conocer al mediodía por el Ministerio del Interior, la alianza gobernista logró el 52,11% de los más de 7 millones de votos emitidos, mientras que la derechista Unión por Chile acumuló el 40,10%, ocho puntos más que en los comicios municipales de 1996 e idéntico porcentaje menos que el 48% logrado por Lavín a fines de 1999. Tampoco se concretó el anunciado incremento de la abstención y de los votos anulados, que en conjunto llegaron al 15%, bastante por debajo de la media histórica.

Dónde sí hubo cambios importantes fue en el reparto de las 341 alcaldías en juego, ya que la Concertación bajó de 205 a unas 168, mientras que la Unión por Chile quedó a una de diferencia, aumentando en más de 40 su representación. Por primera vez luego del restablecimiento de la democracia, el Partido Comunista, que obtuvo el 4,19% de los votos, eligió un alcalde, igualando el conseguido por la Unión de Centro, que reunió el 1,24% de las preferencias a nivel nacional.

Este notable desfase entre los votos obtenidos por cada bloque y el número de alcaldes que alcanzaron se explica, en palabras del ministro secretario general de Gobierno, Claudio Hueppe, por el «inicuo y poco democrático sistema electoral que permite que ganen las alcaldías candidatos que obtienen el 30% ante contendores que superan la mitad de las preferencias».

También son un premio a la eficacia con que la derecha aprovechó la ley que para ser aprobada condicionó a su conveniencia, al concentrar la votación en una sola persona, mientras en la Concertación operó con dificultad el acuerdo interno de preferencias.

Respirando por la herida, el presidente de la Democracia Cristiana (DC), Ricardo Hormazábal, desafió a la oposición a aprobar sin demora una reforma que establece la elección separada de alcaldes, que hoy resulta ser el candidato más votado, siempre que su lista supere el 30% de la votación comunal.

El futuro alcalde de Santiago, Joaquín Lavín, reconoció que esa situación era injusta y que estaba por modificarla, pero hasta ahora su partido, la Unión Demócrata Independiente (UDI), y sus socios de Renovación Nacional (RN) la han bloqueado en el Parlamento.

Tampoco el panorama político y partidista registra cambios importantes. La derecha sigue sin superar el 43% que logró en el plebiscito de 1988 el entonces dictador Augusto Pinochet, aunque ahora la UDI superó por unos 30 mil votos a sus socios de RN, que hasta ayer era el partido más votado de la oposición.

La DC, en cambio, logró detener su decrecimiento sostenido, que en 5 años le significó perder unos 500 mil votos. Esta vez superó en 60 mil las preferencias logradas en las parlamentarias de 1997 y logró confirmarse como el partido más importante de Chile. Para mantener esta condición también dentro de la alianza oficialista, el diputado DC Gutenber Martínez propuso que la Concertación se convierta en una coalición de las fuerzas de centro e izquierda, con programas y propuestas diferenciadoras, que convoquen a otros sectores independientes.

El gobierno, por su parte, aunque se siente respaldado, está por encarar de inmediato los principales problemas que afectan a los chilenos, como es el 10,7 % de cesantía y una reactivación económica más decidida. Para ello, el presidente Lagos no introducirá cambios en su gabinete, como sigue pregonando la oposición y los medios de comunicación que controla, pero dará a conocer probablemente mañana un nuevo programa que permita la creación de nuevos puestos de trabajo.

Por su parte, el líder opositor Joaquín Lavín hace desde ahora esfuerzos por convencer que sus pretensiones presidenciales a cinco años de plazo han salido fortalecidas e intenta asimilar su condición de alcalde de la principal ciudad del país, a la cohabitación entre el presidente y el primer ministro francés. Lo cierto es que si bien las sedes de ambos son vecinas, resulta absurdo pretender cogobernar el país desde una alcaldía.

En cambio, para el exitoso producto publicitario se aproxima la hora de probar su capacidad ante los grandes problemas de la capital y de hacerse oír y obedecer por los partidos de la derecha, que discrepan frecuentemente con sus planteamientos públicos.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje