Militares sublevados resisten en los Andes
A poco más de 24 horas de su alzamiento, 16 soldados que lo seguían desistieron de seguirlo, según informes propalados por radioemisoras de Lima.
La deserción entre los insurrectos se produjo esta madrugada y horas después los 16 soldados habían sido conducidos a sus cuarteles de origen, de acuerdo a los reportes preliminares. Inicialmente fueron dos los militares que abandonaron al grupo de Humala, luego lo hicieron otros diez y después cuatro, que fueron avistados por tropas leales al gobierno que siguen de cerca a los rebeldes.
Pese a la deserción, el comandante Humala Tasso persistía en su actitud de sublevación, mientras las guarniciones del sur del país se mantenían en estado de alerta máximo.
Humala, secundado por su hermano Antauro, un mayor retirado del ejército, mantiene aún como rehén al general Oscar Bardales, jefe del fuerte Arica, al cual pertenece el insurrecto, quien durante la madrugada liberó a cuatro trabajadores de la mina de Toquepala, quienes también habían sido secuestrados.
Inicialmente funcionarios de la empresa Southern, propietaria de la mina de cobre, habían informado que los secuestrados eran tres, pero esta mañana se confirmó que fueron cuatro. Todos están sanos y salvos.
Unos 400 militares, fuertemente armados, se encuentran persiguiendo a Humala y sus leales por tierra y por aire, con apoyo de un helicóptero, dijeron fuentes militares que requirieron el anonimato.
Las fuentes señalaron que todos los caminos que conducen a los departamentos sureños de Moquegua, Tacna y Puno han sido bloqueados por fuertes contingentes militares.
El objetivo es tender un cerco militar y mantener a los alzados en armas en una zona de la cual no puedan escapar.
Una vigilancia especial se ha establecido en las minas de cobre de Cuajone, propiedad de la Southern Perú, de capitales mexicanos. En la víspera, tras declararse el alzamiento, Humala y sus hombres se atrincheraron inicialmente en las minas de cobre de Toquepala, también propiedad de la Southern.
Versiones recogidas por autoridades regionales indican que el teniente coronel Humala se encontraría en una zona fría de la región surandina del país denominada Carumas, cercana a los 5.000 metros de altitud, en el departamento de Moquegua.
La persecución se produce mientras en Lima, el general Walter Chacón Málaga, asumió la comandancia general del Ejército en reemplazo del general José Villanueva, quien fue relevado del mando por el presidente Alberto Fujimori en su calidad de jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.
Los cambios incluyen también a los comandantes generales de la Marina de Guerra y de la Fuerza Aérea del Perú, en medio de una crisis política a raíz del retorno al país del ex asesor presidencial, Vladimiro Montesinos.
En una declaración en que expuso los motivos de su levantamiento, Humala dijo que desconocía la autoridad de Fujimori por ser ilegítimo, a la vez que demandó el arresto y enjuiciamiento de Montesinos.
Según Humala, los relevos en las comandancias generales «no significan cambios de fondo» porque «se mantienen oficiales vinculados a Montesinos» en las jefaturas castrenses. Entre tanto, diversos políticos formularon llamados orientados evitar un baño de sangre en el país a consecuencia de la rebelión de Humala.
«Sería muy grave que la sublevación terminara en un baño de sangre», dijo Luis Castañeda, líder del opositor partido Solidaridad Nacional. El líder opositor Alejandro Toledo expresó que la solución a esta crisis «no debe producir un derramamiento de sangre», e insistió en una «salida política¨.
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