A 28 años de la revolución sandinista
Después Sandino atravesó la selva
y despeñó su pólvora sagrada
contra marinerías bandoleras
en Nueva York crecidas y pagadas
ardió la tierra, resonó el follaje
el yanqui no esperó lo que pasaba
se vestía muy bien para la guerra
brillaban sus zapatos y sus armas
pero por experiencia supo pronto
quiénes eran Sandino y Nicaragua.
PABLO NERUDA, Canto General
EL 19 DE JULIO se conmemoró en Nicaragua el 28º aniversario del triunfo revolucionario dirigido por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que derrocó la sangrienta dictadura de Anastasio Somoza, último de la dinastía de los asesinos de Augusto César Sandino, héroe de América Latina, general de los hombres libres con su pequeño ejército loco, al decir de Gregorio Selser. En la celebración efectuada en Managua estuvieron presentes junto al presidente Daniel Ortega (en su retorno al gobierno) los mandatarios de Venezuela Hugo Chávez, de Panamá Martín Torrijos, de Honduras Manuel Zelaya, el ministro de Cultura de Cuba Abel Prieto y una delegación de partidos de izquierda de América Latina, reunidos en el Grupo de Trabajo del Foro de Sâo Paulo.
Primavera popular en Nicaragua
Deseamos evocar aquella fecha señera del 19 de julio de 1979 y su gravitación en la historia de América Latina, sojuzgada en aquellos años por dictaduras militares tras los golpes de estado de 1973 en Uruguay y Chile, y de 1976 en Argentina, precedidos por el golpe brasileño de 1964 y la invasión de los marines a República Dominicana al año siguiente. También tuvo una particular resonancia en la lucha contra el fascismo a nivel mundial.
Empecemos por esto último. Ese mismo año Irán había vivido una formidable eclosión popular que echó por tierra el dominio del sha (el cual había retomado el poder tras la conspiración de la CIA contra Mossadegh) y constituía una pieza fundamental en la estrategia del Pentágono en las fronteras de la URSS. Poco antes habían capitulado los fascismos en Grecia, tras la aventura golpista de los «coroneles negros» en Chipre, y en Portugal por la Revolución de los Claveles (abril 1974), el levantamiento de los militares avanzados unidos a la movilización popular, todo ello en el clima de la insurgencia de las colonias en su lucha independentista, rasgo definitorio de la época. Y luego cayó el franquismo, que sobrevivió durante 40 años por el apoyo de sus padrinos Hitler y Mussolini y después, de los gobernantes ingleses y norteamericanos que le permitieron sortear los avatares de posguerra. Hecho interesante: en el velorio de Franco estuvieron dos recién llegados al poder militar fascista, los generales Augusto Pinochet y Julio César Vadora. La tiranía somocista era aún más vetusta que la de Franco, pero a los 45 años rodó por el suelo, a pesar del apoyo que le prestó en todo momento el imperialismo norteamericano. Se habló entonces de una primavera popular en Nicaragua, retomando el término que ilustres pensadores dieron a la llamarada revolucionaria que se encendió con la revolución francesa de 1789- 1893. Ello brindó un formidable estímulo a la lucha de los pueblos latinoamericanos contra las dictaduras.
Unidad y convergencia contra la dictadura
La dictadura vitalicia de Somoza fue derribada por una auténtica insurrección popular, una suerte de guerra sagrada de todo el pueblo desarrollada en torno al eje de la guerrilla del FSLN.
Rodney Arismendi escribía entonces en un folleto que tuve oportunidad de entregar en aquellos momentos augurales a los dirigentes sandinistas: «Nicaragua hace pensar que el triunfo sobre las dictaduras fascistas y las tiranías más sangrientas, aparentemente sólidas e inconmovibles, dependen cada vez más, en nuestra época, de la decisión de combatirlas por todos los medios, y que el arma primordial de la victoria es la unidad y convergencia de todos sus adversarios, unidad capaz de desplegar en amplitud y profundidad las inconmensurables energías del gigante popular.
Luego ubicaba estos acontecimientos en el contexto de la caída de los regímenes fascistas en Europa, de la liberación de Angola; Mozambique y otros países africanos en el cuadro del proceso de descolonización que abarcó continentes enteros, todo ello después de la epopeya del heroico pueblo vietnamita y de los 20 años de victoriosa revolución cubana.
Alumbraban tiempos de solidaridad internacional democrática y de florecemiento de un espíritu internacionalista, que se constituyeron en América y en el mundo en un factor político real, que ensanchó el campo de la lucha contra las dictaduras fascistas y contra las agresiones e intervenciones que EEUU lanzó contra la revolución cubana y que ya completa casi medio siglo de bloqueo ominoso, y contra la naciente revolución nicaragüense, a la que le impuso la guerra sucia armando las bandas de la contra.
Tormenta e impulso
Se dijo también que aquellas eran horas de «tormenta e impulso» (sturm und drang en términos de los románticos alemanes), impulso que desde Nicaragua estimuló las tendencias democráticas e independentistas en la América Latina y caribeña, rodeada de la solidaridad de pueblos y gobiernos en el más amplio espectro para aislar y derrotar a las dictaduras fascistas, repudiadas por sus pueblos y cuestionadas en el plano internacional. Eso es precisamente lo que ocurrió en los años siguientes. Y ello acrecienta la significación de la revolución sandinista que recordamos en su 28º aniversario. *
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