¿Hacia dónde va Chacho Alvarez?
El partido socio del radicalismo en la Alianza entró en estado de soterrado debate, después de que su máximo referente, Carlos «Chacho» Alvarez, renunciara a la vicepresidencia de la nación como protesta por la falta de decisión del oficialismo a batallar contra la corrupción política, en el Senado nacional especialmente.
Desde entonces, Chacho se ha ido alejando de los temas cotidianos de la coalición y de su propio partido y ha puesto todos sus esfuerzos en la preparación del denominado Movimiento Social por la Participación Ciudadana para una Nueva Política, que algunos estiman como una ventana para dejar al Frepaso y otros lo miran como un modo de ampliar, sin comprometer adhesiones partidarias, los objetivos del frentismo.
El Movimiento será presentado el 25 del mes próximo en la Facultad de Derecho y en las páginas de Internet (carlosalvarez.com.ar) se puede leer un decálogo donde se sientan las bases de su Movimiento que busca abrir un nuevo canal de participación ciudadana.
A Aníbal Ibarra, jefe del gobierno porteño y, seguramente, la figura más prominente del Frepaso después de Alvarez, no le convencen los argumentos de su compañero de lucha desde que se lanzaron a la arena pública a principios de los años 90. «Yo no admito la imposibilidad de reconciliar la ética con la política», declaró Ibarra tomando distancia de la estrategia de Alvarez.
Como el ex vicepresidente no es explícito con los suyos más íntimos, se hace imposible hacer una diagnóstico cierto sobre su futuro en el Frepaso.
No escasean los que creen que lo dejará definitivamente, perturbado porque en sectores del frentismo, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, se han asimilado las peores prácticas de los partidos políticos tradicionales en el manejo de fondos públicos, no para el enriquecimiento personal, asunto no del todo descartado, sino para mantener los aparatos.
A esta realidad, Ibarra contesta con el ejemplo del rosarino Hermes Binner que consiguió ser reelecto jefe comunal de Rosario por el 60% de los votos, sin que nadie ose señalar, a él o a su gente, como usando fondos públicos para hacer partidismo.
Política en clave
Alvarez habla con pocos dirigentes del Frepaso y con escasos periodistas. Ninguno de ellos le ha escuchado decir que piensa dejar su partido, y sí comentarios de que semejante paso lo dañaría políticamente.
Algo es patente: ningún dirigente de la primera línea del Frepaso, llámese Ibarra, Graciela Fernández Meijide o los socialistas populares, están alegres con los gestos de Chacho. Incluso Alvarez no habla hace días con Ibarra, e incluso rechazó una invitación del titular del radicalismo, Raúl Alfonsín, para acordar, entre los dos jefes de los partidos de la Alianza, actitudes conjuntas en momentos delicados, porque ha habido un intento de «los mercados» de insertar en el gabinete al ex ministro de economía, Domingo Cavallo, y seguramente no será el último.
Hay antecedentes ilustrativos: muchos de los dirigentes del Frente Grande, el partido de Alvarez en la Confederación Frepaso, provienen de la lucha social, antes que partidaria, tal el caso del propio Ibarra o Fernández Meijide y es probable que Alvarez tenga el propósito de romper la pared que separa a los partidos de organizaciones sociales para lograr relevos para la acción política, sin que ello reclame adhesión a los partidos tal cual son conocidos en este país.
Amigos íntimos del ex vicepresidente creen que las críticas que caen sobre Alvarez tienen mucho de prejuicios de quienes se formaron en una cultura política de sesgo partidista, que no se imagina que se puede practicarla de otra manera, ahora no definida, pero que Chacho está en esa búsqueda.
Otras objeciones: los principales destinatarios a integrar el Movimiento, son profesionales, empresarios, ejecutivos, intelectuales, difícilmente se encuentren dirigentes sindicales o trabajadores o personas comprometidas con el movimiento social.
Momento delicado para al Frepaso. Alvarez no reunió a los cuerpos orgánicos para plantear sus objetivos. Esa queja de desorganicidad viene de lejos y ha motivado, entre otros motivos más fuertes, el alejamiento de los socialistas democráticos de la Confederación. Seguramente se está cerca de un debate franco y de definiciones.
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