Muertos invisibles

El lector de diarios en nuestros días suele ver una y otra vez un título que vio ayer y anteayer con leves variaciones : «Un coche bomba mató a tantas y tantas personas en Bagdad». La noticia, repetida hasta el cansancio, deja de ser noticia. Algo similar ocurre con las imágenes de la televisión. El televidente normal, aparta la vista de escenas desagradables ; es traumático ver cadáveres desgarrados. Al poco tiempo se olvidan. La matanza de hoy deja atrás a la de ayer. Shiítas contra sunnitas, extremistas de un signo islámico contra ciudadanos comunes de otro signo islámico. Para el lego de otras partes del mundo, una confusión infinita.

Pero el extremismo islámico no es ningún fenómeno inexplicable. Tiene una ideología fundamentalista y un sistema pensamiento rígido, que está decidido a imponer a los musulmanes primero y al resto del mundo después. Su método es la guerra santa, una guerra total contra todos los infieles, incluyendo en esta categoría a aquellos que siendo musulmanes no están de acuerdo con sus métodos y su filosofía. Sus objetivos de largo alcance coinciden con los de los totalitarismos del siglo XX : dominar al mundo.

Según un informe de las Naciones Unidas de setiembre de 2006 las víctimas civiles en Irak serían más de 100.000, la mayor parte producidas por ataques de otros iraquíes o extremistas de otros países árabes. Pero a diferencia de las cifras norteamericanas que son más o menos precisas ( hacia el 1 de julio de 2007 hubo 3.585 soldados norteamericanos heridos y 26.350 seriamente heridos) las cifras sobre la población civil iraquí no son confiables. Hay quien habla de 600.000 muertos, una cifra que según algunos analistas sería similar a la de las víctimas del régimen de Saddam Hussein.

Irak es el gran tema de la prensa mundial desde la intervención norteamericana. Pero en muchos países musulmanes en los que no hubo ninguna ingerencia exterior, las matanzas a gran escala no fueron menos impresionantes si bien merecieron mucha menor atención en la prensa mundial. El ejemplo más claro es el de Sudán. En este país hubo dos guerras civiles y una masacre, con claro apoyo del gobierno en la región de Darfur. La primera guerra entre el Norte árabe y el Sur cristiano o animista que tuvo lugar entre 1955 y 1972 produjo aproximadamente 500.000 muertos. La segunda guerra que se inició en 1983 y duró veinte años fue particularmente cruel. Su objetivo por parte de las fuerzas del gobierno era la arabización e islamización forzada y los métodos utilizados incluyeron deportaciones, asesinatos masivos, violaciones, tráfico de esclavos y rapto de niños. Se estima que hubo entre 2 millones y medio y 3 millones de víctimas ( más de 40 veces el número de muertos en todas las guerras árabe-israelíes desde 1948 a la guerra del Líbano de 2006 que totalizan 60.000). El último capítulo de esa historia de indignidades es el caso de Darfur, que a diferencia de las dos guerras civiles anteriores sí motivó una importante movilización internacional e incluso provocó una seria movilización de opinión pública en algunos países occidentales. En esta región de Sudán, negros musulmanes son las víctimas de milicias de árabes musulmanes llamadas «Janjaweed» que cuentan con apoyo gubernamental. Hasta ahora el gobierno de Khartum, que disfruta de un boom petrolero, ha logrado jugar al gato y al ratón con las Naciones Unidas para impedir la llegada de un contingente significativo de tropas internacionales que ponga fin a las depredaciones. Según las estimaciones más moderadas los muertos fueron unos 200.000 y los refugiados llegan a los 2 millones.

En Afganistán, los diez años de invasión soviética (de 1979 a 1989) produjeron alrededor de un millón de muertos aún hay quienes dicen que esta cifra es muy baja y hablan de un millón y medio. En la serie de de guerras civiles que siguieron hasta la invasión de los Estados Unidos y sus aliados en el 2001 hubo aproximadamente otro millón de muertos. En términos comparativos la guerra de Estados Unidos contra Bin Laden y los talibanes tuvo un costo bastante menor : 10.000 bajas.

Somalia ha tenido el triste privilegio de convertirse en el arquetipo del país fracasado. Su confusa y complicada guerra civil lleva la friolera de 30 años, desde 1977. El número estimado de víctimas es de 550.000. Sus señores de la guerra pueden jactarse de haber humillado a las tropas norteamericanas que fracasaron estrepitosamente en su intento de pacificar el país. Esta victoria les dio plena libertad para seguir matándose mutuamente y causar infinito sufrimiento a su pueblo.

Un ejemplo diferente, pero no menos patético, es el de la guerra civil en Argelia. Según un análisis del Instituto Real Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos de España, la guerra civil entre los islamistas y el ejército desatada luego de la anulación de las elecciones de 1992, causó más de 150.000 muertos, entre 5 y 10.000 desaparecidos, decenas de miles de torturados, más de un millón y medio de desplazados y centenares de huérfanos y de inválidos. El 29 de setiembre de 1999 un referéndum popular el Acta de Armonía Civil propuesto por el gobierno del presidente Abdelaziz Bouteflika, pero la medida que ha amnistiado por igual a militares y a guerrilleros islámicos, está muy lejos de haber pacificado a la sociedad. Por lo demás, no todos los guerrilleros dejaron las armas. El grupo Salafista de Predicación y Combate (GSPC) ligado a Al Qaeda sigue empeñado en imponer a Argelia su revolución islámica y la legislación de la Sharía.

El panorama de muertos olvidados o invisibles en el mundo musulmán no termina con esta reseña. A la lista hay que agregar las matanzas de Pakistán en Bangladesh en 1971, el aplastamiento brutal de la rebelión comunista en Indonesia en 1965, la guerra civil libanesa (1975-1990) la guerra civil en Yemen (1962-1970) las víctimas de guerras civiles o de violencia política en países como Irak, Siria, Chad, Tayikistán, Zanzíbar o Irán.

¿Porqué estos millones de muertos son invisibles o han sido olvidados? Probablemente porque su muerte no puede ser instrumentada fácilmente con fines políticos. Pero los perpetradores en los países responsables no tienen ningún problema. Siempre hay conspiraciones extranjeras y chivos emisarios que lo explican todo. Como dijo Jean Paul Sastre en «A puerta cerrada : » El infierno son los otros». *

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