Las confesiones de Lincoln Gordon
LOS DOCUMENTOS DE LA CIA desclasificados (parcialmente y con tachaduras) permiten visualizar sin atenuantes la participación directa de EEUU en el golpe de Estado del 31 de marzo de 1964 en Brasil, que fue seguido por la invasión de los marines a República Dominicana en 1965, por el ciclo de los golpes militares en la década siguiente (1973 en Uruguay y Chile, 1976 en Argentina), las invasiones a Granada (1983) y a Panamá (1989), sin hablar de la guerra sucia contra Nicaragua y de la agresión permanente contra Cuba. Las revelaciones de los documentos sobre Brasil se complementan con un reportaje de Folha de São Paulo a uno de los gestores del golpe, el embajador estadounidense en Brasilia, Lincoln Gordon.
La mano yanki en el golpe brasileño de 1964
Los antecedentes de este hecho nos retrotraen a la participación del Che Guevara en la Conferencia del CIES en Punta del Este en agosto de 1961, tras lo cual hizo escala en Brasil de regreso hacia La Habana y fue condecorado por el presidente Janio Quadros con la máxima distinción. Esto causó un profundo rechazo entre los mandos superiores de las Fuerzas Armadas, formados en la doctrina de la «seguridad nacional» y opuestos visceralmente a la recién alumbrada revolución cubana. Janio Quadros se mandó mudar en forma intempestiva. Los militares amagaron con llenar el vacío, aprovechando además que el vicepresidente Joâo (Jango) Goulart estaba de viaje por las antípodas (China e India). Leonel Brizola, gobernador de Rio Grande do Sul (y cuñado de Jango) organizó entonces «a batalha da legalidade», que tuvo como centro el Palacio Piratiní, sede de la gobernación del estado, en Porto Alegre. Allí supimos estar en aquella ocasión, en que se organizó una formidable cobertura internacional para alertar al mundo sobre el golpe en ciernes. Goulart regresó a revientacaballos, pasó por Carrasco, habló desde los balcones de Piratiní y asumió la presidencia ante el Congreso en Brasilia, designada capital el año anterior bajo la presidencia de Juscelino Kubitschek. El golpe fue apartado en lo inmediato, pero se mantuvo larvado. Los mandos militares lo fueron montando como un mecanismo de relojería, ejército por ejército. Después del golpe Goulart vino a parar a Uruguay, lo entrevistamos al otro día en Shangrilá. Años más tarde volvimos a verlo en Buenos Aires, cuando compartía el Hotel Liberty con Zelmar Michelini.
En los días del golpe de 1964 en las calles de Rio de Janeiro aparecieron unas pintadas que decían: «No más intermediarios. Lincoln Gordon al poder». Aludían a la participación descollante del embajador de EEUU en el golpe de Estado. Lo nuevo que aportan los documentos desclasificados se relaciona con los preparativos del golpe en 1963. Folha de Sâo Paulo, que tuvo acceso directo a los mismos, ofrece esta síntesis: «El gobierno de EEUU tenía en 1963 un plan que anticipaba el golpe militar dado un año después en Brasil, como alternativa a una posible ‘cubanización’ del país».
Un submarino nocturno con armas
A esos efectos entrevistó al propio Lincoln Gordon, quien a sus 93 años está recluido en una casa de reposo en Washington y fue autor de dos documentos: uno, llamado «Plan de Contingencia para Brasil», advierte sobre los peligros de la ascensión política de Leonel Brizola, y es el que luego se ejecutó por medio de los militares golpistas; el otro, un pedido al gobierno de Lyndon B. Johnson de un envío clandestino de armas en un submarino «nocturno» para darle apoyo a dichos militares.
Ambos informes cuentan con el aval de Benjamin H. Head (fallecido en 1993) , entonces secretario ejecutivo del Departamento de Estado. En ellos se plantea que el gobierno de EEUU presione para sacar de la presidencia a Jango Goulart, colocar en ese lugar en forma provisional al presidente de la Cámara de Diputados, Ranieri Mazzilli, y proceder luego a la «toma militar», que se plantearía en forma interina (y que duró 21 años, hasta 1985, como en Uruguay).
La justificación de estas medidas, inscritas en el cuadro de la «guerra fría» y de la constante agresividad del imperio contra la revolución cubana, fue reiterada por el ex diplomático a 44 años de distancia, diciendo que «Brasil podría convertirse en una segunda Cuba». En esos informes se solicitaba además al presidente de EEUU una intervención directa, aludiendo al deterioro de la economía brasileña y a la intranquilidad política.
El telegrama anticipado de Johnson
Y por cierto que Johnson intervino, incluso en forma muy particular: mandó un telegrama de felicitación a los golpistas, que llegó a destino cuando aún el golpe no se había consumado. Programado para el 31 de marzo de 1964, se retrasó por unas horas y se produjo finalmente el 1º de abril. Pero Johnson ya lo había anticipado, dejando las huellas dactilares del imperio en el golpe y en su dilatada preparación.
Lyndon B. Johnson había sucedido al presidente John F. Kennedy, asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963. Se hizo elegir presidente para el período siguiente y estuvo en Punta del Este en la conferencia de mandatarios americanos de abril de 1967, en el breve período en que ejerció el general Gestido. En Brasil, en tanto, se sucedieron cinco militares en la conducción dictatorial (de Castello Branco a Figueiredo), hasta que triunfaron las «directas ya» y resultó electo Tancredo Neves, de Minas Gerais, que no llegó a ejercer; a su muerte asumió Sarney.
En Uruguay se originaron remezones en la cúpula militar en ocasión del golpe brasileño y aparecieron los aspirantes a golpistas, anticipándose a lo que sucedería en la década siguiente. Los trabajadores hicieron asambleas en todas las fábricas y se juramentaron a ir a la huelga general en caso de golpe de Estado. Fue el preludio de la huelga general de 15 días, con ocupación de fábricas y talleres, iniciada en la madrugada misma del 27 de junio de 1973. *
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