Escrito por: JOSE LUIS MARTINEZ

El 92% de las personas encuestadas en Estados Unidos afirman estar dispuestos a votar por un candidato negro y el 86% dicen estar preparados a ser gobernados por una mujer.
En cambio, sólo el 59% piensa que su país está pronto para elegir un presidente negro y un 58% estima que la ciudadanía está dispuesta a que una mujer sea elegida para la Casa Blanca.
Dos tercios de las personas encuestadas (66%) dijeron que hay posibilidades de que voten por el senador demócrata negro Obama y un 62% manifestó lo mismo respecto a la senadora demócrata Clinton.
Interrogados sobre la eventualidad de votar a un candidato hispano el 81% contestó estar listo a elegir esa opción, aunque el 39% piensa que sus compatriotas no están preparados para hacerlo.
La encuesta fue realizada por el semanario Newsweek para el Instituto Princeton el 2 y 3 de julio pasados entre 1.002 personas mayores de 18 años.
La ex primera dama estadounidense se ha ganado una merecida fama de enfrentar los desafíos con coraje, pero su apuesta por convertirse en la primera mujer presidenta en Estados Unidos podría revelarse como el combate más duro de su vida.
Al anunciar su intención de ser la abanderada demócrata en la presidencial de 2008, pidió a los estadounidenses su apoyo para regresar y por extensión a su esposo el ex presidente Bill Clinton, a la Casa Blanca que dejaron en 2001.
“Estoy en la carrera. Y estoy para ganar”, sentenció en un anuncio, publicado en la prensa y en un video en el que la candidata expone sus ambiciones.
El anuncio pone fin a seis años de un ingenioso vals, durante el cual Hillary, de 59 años de edad, senadora por Nueva York, ha cortejado a sus partidarios para surgir como una fuerte favorita para la candidatura presidencial demócrata.
Su intención de ser la abanderada del partido que logró el control del Congreso de Estados Unidos en las elecciones de noviembre pasado, marca el inicio de una fascinante lucha con el senador del Estado de Illinois, Obama, que también busca el apoyo de Partido Demócrata para convertirse en el primer presidente negro del país.
Nacida en una familia de protestantes en octubre de 1947 en Chicago, Illinois, y abogada formada en la prestigiosa Universidad de Yale, Clinton recordó a los estadounidenses aquella advertencia que lanzó en 1992 de que no era “la clase de mujer que se queda en casa horneando galletas”.
Uno tras otro, Hillary ha logrado sortear diversos escándalos, como el denominado Travelgate, en el que fue acusada de exceder su autoridad al despedir un empleado de la oficina de viajes de la Casa Blanca.
Después le tocó sortear lo que fue el más embarazoso, protagonizado por la entonces pasante de la Casa Blanca, Mónica Lewinsky y el propio presidente.
Clinton se apresuró a defender a su esposo y declararlo víctima de vasta conspiración de la derecha”. Después quedó devastada por la confesión de infidelidad de Bill Clinton.
Hillary fue electa senadora de Nueva York en 2000, banca que mantuvo en las elecciones de 2006.
En esos seis años, se ganó fama de tener la capacidad para trabajar con políticos de ambos partidos.
Su estrategia fue convertirse en una “respetada senadora” y no sólo una “celebridad en el Senado”, consideró Thomas Mann, académico del Instituto Brookings de Washington.
“Creo que se adaptó bien en el Senado y se ganó el respeto, algunas veces a regañadientes, de sus colegas”, añadió Mann.
Después de los atentados del 11 de setiembre de 2001, su determinación para asegurar el financiamiento de fondos federales para las obras de reconstrucción de la ciudad y el mejoramiento de la seguridad se tradujo en una sólida estima de los neoyorquinos.
Hillary integra varias comisiones del Senado, entre ellas la de las Fuerzas Armadas, desde allí apoyó la intervención estadounidense en Afganistán en 2001.
Al igual que muchos demócratas, también votó a favor de la guerra en Irak, exponiéndose así a las críticas de los opositores a la invasión de ese país y poniéndose en una delicada posición política.
Sin embargo después, cuando la situación de Irak se complicó, la senadora tomó distancia de la estrategia del presidente George W. Bush hasta convertirse en una feroz crítica de la guerra.
La ex primera dama, al regresar de un viaje a Bagdad, rechazó el plan de Bush de enviar 21.500 efectivos adicionales a Irak.
En lugar del plan de Bush para incrementar el número de soldados, en un intento por restablecer la seguridad en Bagdad y en la provincia de Al Anbar, la ex primera dama está a favor de reducir el número de militares en ese país, y de una retirada ordenada.
Hillary se casó en 1975 con Bill Clinton y tuvieron una hija, Chelsea en 1980.
Según algunos analistas Hillary resultaría la llave ganadora demócrata. Ella ha sabido transitar desde la izquierda hacia la derecha de su partido, insertándose y tomando temas que preocupan a unos y otros, en el justo centro. Tras de ella estaría, por lo demás, la inmensa red de contactos, fondos, carisma, la moderación y el talento electoral del más exitoso político demócrata desde los tiempos de Roosevelt: Bill Clinton.
“Si Hillary pierde no sería por ser mujer, sino porque el electorado no le quiere perdonar su pasado tan liberal, en un país que opta por el centro”, opinó el experto Robert McCauley.
El senador demócrata Obama, que se ha disparado al estrellato político nacional en sólo dos años, tiene muy buenas posibilidades de llegar a ser el primer presidente negro en la historia de Estados Unidos.
Mientras que otros estadounidenses negros han buscado llegar a la presidencia en el pasado, Obama, de 45 años, es el primero en haber ganado un fuerte apoyo a nivel nacional en las encuestas para las elecciones primarias demócratas, en las que él y la senadora demócrata y ex primera dama lideran la contienda.
Con sólo dos años como senador, del período de seis, sus habilidades retóricas y su brillante sonrisa, Obama es un fenómeno que no se ha visto en la política estadounidense, algunos dirían, desde que John F. Kennedy entrara en escena y llegara a la presidencia en 1960.
Promocionándose como la voz de una nueva generación, Obama es hijo de un hombre negro keniata y una mujer blanca estadounidense. Se identifica como afro-americano y es visto por la mayoría de estadounidenses como tal.
Obama también es producto de un matrimonio disuelto y creció en dos hogares. Luego que su madre se casara otra vez vivió muchos años en Indonesia, con padrastro indonesio.
El senador confesó en una entrevista que vivir en Indonesia le abrió los ojos a los extremos de la pobreza y la riqueza en el mundo, y del efecto desgarrador de la agitación política en la gente común.
“Me hizo muy consciente de las enormes diferencias en oportunidades que existen en muchos países del mundo. Además, me hizo apreciar lo profundamente empobrecida que puede estar la gente, y como temas como la corrupción pueden frustrar las oportunidades”, aseguró.
Luego de terminar la secundaria, Obama asistió a la Universidad de Columbia y luego fue a la muy competitiva Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard, donde fue el primer estadounidense negro en ocupar el prestigioso puesto de presidente de la influyente publicación Harvard Law Review.
Entró a la vida política en el estado de Illinois como abogado especialista en derechos civiles, pasando tres periodos en el Senado del estado antes de postular al Senado de Estados Unidos en 2004.
Acaparó el panorama nacional en el verano de 2004 cuando dio un electrizante discurso en la Convención Nacional Demócrata en Boston.
“No hay un Estados Unidos negro y un Estados Unidos blanco, y un Estados Unidos latino, y un Estados Unidos asiático. Somos un solo pueblo, todos jurando lealt
ad a las barras y las estrellas, todos defendiendo a los Estados Unidos de América”, declaró ante una multitud que aplaudía recuerdan las crónicas de la época.
El discurso generó elogios de los expertos de conservadores y liberales que lo declararon una fuerza para ser considerada en el futuro cercano.
Luego de ganar un lugar en el Senado, se mostró como un legislador ágil que trabaja con los miembros de los dos partidos mientras mantiene firme su perfil de liberal moderado. Se opuso, y lo recuerda, a la guerra en Irak. Claro está que no estaba en el Congreso cuando el tema se votó.
Obama se desliza entre el mundo político negro y el blanco. Un día, en Nuevo Hampshire, este abogado graduado en Harvard habló ante distintos públicos, casi todos de raza blanca. Vestido con la informalidad de un banquero de Wall Street, parecía sentirse absolutamente cómodo y su discurso sonaba tan blanco como el de otros políticos. Citó a Martin Luther King Jr. y a Louis Brandeis con parejo aplomo Y comentó, en tono irónico, que cuando trabajaba en la reconstrucción de una comunidad negra, en el South Side de Chicago, los vecinos lo llamaban “Yo Momma” porque no podían pronunciar su nombre.
Algunas diferencias y varias similitudes definirán la disputa entre Hillary y Obama, afirman los analistas estadounidenses. La diferencia clave radica en dónde comenzaron sus carreras políticas. Después de su trabajo inicial en favor de los niños, Clinton llegó a la madurez política en el sur con el esfuerzo de su marido por rescatar al Partido Demócrata, cuando en los 80, el voto moderado y conservador se había ido con Reagan. El proyecto Clinton partió de la cima a la base para remodelar las ideas demócratas y llegar a los blancos sureños y a la clase trabajadora.
En 2002, Clinton alabó ese esquema, por entender “desde el principio que las ideas correctas eran incluso más importantes que mejorar la organización o el sistema de colecta de aportes”.
Obama comenzó su vida política como un organizador de bases en Chicago. Trabajó en la movilización de los pobres, de abajo hacia arriba. Eso dio a algunas de sus ideas un tinte progresista y activista, mientras tiñó otras de conservadurismo.
En 1997, Obama destacó que los beneficiarios de la seguridad social “generalmente no están representados aquí en Springfield” y que su trabajo era defenderlos. Pero su énfasis como organizador comunitario sonó bastante tradicional cuando ese mismo año dijo: “Buscamos fondos para las escuelas, pero es vital llevar la educación a los hogares y que los padres vigilen las tareas de sus hijos y les enseñen cortesía”.
Obama tendrá amplio financiamiento y Hillary tiene además una gran fortuna que suma a sus donaciones. Pero la sensación entre ambos es diferente. Obama tiene la ventaja del apasionamiento y Clinton, la de la organización y la disciplina.
Clinton trae las cicatrices de 15 años de combate político y Obama está intacto. En su discurso de precandidatura, Obama atacó a los políticos que “se han vuelto agrios y se comprometió con los “intereses de nosotros, los estadounidenses”. Clinton habló de su habilidad para superar a sus rivales: “Nunca temí enfrentar a la maquinaria republicana”.
Y aunque presentan perfiles diferentes, también son parecidos.
Muestran una aparentemente genuina comprensión del rol de la fe religiosa en la política de Estados Unidos. Se enorgullecen de haber triunfado sobre políticos moderados en sus estados natales.
La mujer que puede convertirse en la primera presidenta y el hombre que puede ser el primer presidente afroamericano saben que les será vital la clase media blanca en la próxima elección.
Esos votos definirán si uno de los dos se convierte en hito, y si algún otro demócrata encuentra el camino para meterse en medio de la pelea, estiman los analistas de ambos candidatos.
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