OPINION INTERNACIONAL

El camino a casa

ESE ES EL TÍTULO («The road home») del editorial de The New York Times del domingo 8 de julio que tenemos a la vista y que alcanzó intensa repercusión en su país y en el mundo. Es en alguna medida un reflejo de un estado de opinión que crece en la sociedad estadounidense y que gana incluso a tradicionales sostenedores de Bush en su política intervencionista a ultranza. La tesis fundamental es que «llegó el momento para Estados Unidos de dejar Irak» y que «continuar sacrificando las vidas de los soldados sería erróneo». Los fundamentos y las alternativas merecen un examen cuidadoso.

 

Llegó el momento

«It is time for the United States to leave Irak» es el concepto más citado, y para ello según el NYT solamente habría que esperar el lapso requerido por el Pentágono para organizar un retiro ordenado. Dice luego que estuvo esperando, al igual que muchos estadounidenses, que el presidente sacara a EEUU «del desastre que él mismo creó al invadir Irak sin causa suficiente, enfrentando una oposición global, y sin un plan para estabilizar al país posteriormente». Muchos pensaron que tras destruir al gobierno, el Ejército, la Policía y las estructuras económicas de Irak, Bush lograría edificar un Irak estable y unificado. Pero quedó claro que «el presidente no tenía ni la visión ni los medios para hacerlo». Más tarde se esperó por el resultado de las elecciones en Irak, de la Constitución, del envío de más tropas (ahora hay alrededor de 160 mil hombres y millones de toneladas de material militar). Nada de eso resultó, no hubo ningún progreso. El envío de mayor número de efectivos a Bagdad no cambió nada. Hoy resulta meridianamente claro que el plan de Bush es «mantener ese curso durante todo el tiempo en que siga en la presidencia y arrojarle el fardo a su sucesor». Fuera cual fuera su causa, «está perdida» («it is lost»).

De ahí la conclusión: «continuar sacrificando la vida de los soldados es erróneo («wrong»). A la misma llegaron muchos estadounidenses. Incluso en el Congreso, las líneas de división sobre la guerra no coinciden con las orientaciones partidistas. Es evidente que esta solución entraña muchos riesgos, pero «mantener las tropas en Irak sólo llevará a empeorar las cosas» («keeping troops in Iraq will only make the things worse»). Se requiere una gran discusión sobre el tema en el país y en el Congreso. Hasta ahora «el presidente Bush y el vicepresidente Cheney utilizaron la demagogia y el miedo para enfrentar los reclamos de los estadounidenses de ponerle fin a la guerra». Además, EEUU debe volver con el tema a la ONU, «que Bush despreció y ridiculizó en el prólogo de la guerra».

 

Senadores republicanos se dan vuelta

Habíamos señalado que el senador republicano Pete Domenici se había unido a sus colegas y correligionarios Richard Lugar (muy influyente y que hizo punta en esta dirección) y George Voinovich para abogar por el regreso de las tropas. Se incorporó a la corriente la senadora Susan Collins, del estado de Maine, con el argumento de que «hay pérdidas enormes entre los soldados, habiendo sido junio uno de los meses más mortíferos». En efecto: más de 3.600 soldados estadounidenses perdieron la vida desde la invasión de marzo de 2003. A principios de mes se habían contabilizado oficialmente entre ellos 3.599 muertos, y los días siguientes fueron particularmente fatales para las tropas de ocupación en varias regiones de Irak (y también para la población). Es en este clima que el Senado reanuda el lunes sus sesiones, y allí la mayoría demócrata prevé lanzar un debate de dos semanas sobre el presupuesto de Defensa. El nuevo secretario de Defensa, Robert Gates, debe entregarle al Congreso antes del 15 de julio un informe sobre Irak. Pero más allá de ese plazo, Bush y sus asesores esperan postergar una discusión en el Congreso sobre el retiro gradual de las tropas hasta después de la presentación, en setiembre, de un informe general sobre la situación elaborado por el comandante de las fuerzas estadounidenses, general David Petraeus, y el embajador en Bagdad, Bryan Crocker.

Por añadidura, se ha complicado al extremo la situación en Afganistán porque las tropas de ocupación están perpetrando decenas de muertes de civiles, alegando en muchos casos que ha sido por error y que se trata de «daños colaterales», lo que ha suscitado la cólera del presidente Hamid Karzai (ante la masacre de 90 civiles a fines de junio) y la protesta de la opinión pública. Las matanzas prosiguieron este mes.

 

Bases militares a permanencia

En el examen de las alternativas, el editorial del NYT afirma que «los militares van a necesitar recursos y bases militares para un futuro previsible» en Irak, y explicita que «los Estados Unidos podrían buscar un acuerdo con los kurdos para crear estas bases en el nordeste de Irak» (antes había señalado la posibilidad de la partición del país en tres regiones: una kurda, otra sunnita y una tercera chiita). «Y el Pentágono podría utilizar sus bases militares en países como Kuwait y Qatar, además de su considerable presencia naval en el golfo Pérsico».

Advierte, no obstante, que esto podría suministrar argumentos a quienes sospechan que «el verdadero objetivo de Washington es asegurarse bases militares permanentes en Irak».

Así es, en efecto. Y no sólo esto: además, alargar la zarpa sobre el petróleo y los fabulosos negociados de la reconstrucción del país que ellos están destruyendo hasta los cimientos. *

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