LA INTEGRACIÓN ENERGÉTICA es uno de los temas fijados como prioridad por Tabaré Vázquez al asumir la presidencia del Mercosur por este semestre. Junto al cumplimiento cabal del artículo 1º del Tratado de Asunción, señaló que también serían objetivos estratégicos “trabajar sobre la unión aduanera, buscar instrumentos financieros comunes, la accesibilidad a nuevos mercados, la integración energética, los aspectos medioambientales y la preservación de recursos naturales”, sin descuidar la conectividad física y de comunicaciones, la cooperación en ciencia, tecnología y educación, la integración cultural, los derechos humanos, laborales y la seguridad social, amén de los aspectos institucionales (Parlamento del Mercosur, Unasur).
El tema energético está recogido en el comunicado final y fue asimismo abordado por el presidente Lula en su intervención, a la que hacíamos referencia ayer. Señaló: “Estamos frente al desafío energético. Además de las alternativas tradicionales, que requieren pesadas inversiones y plazos más extensos, pienso que los biocombustibles ofrecen una oportunidad sin paralelo para transformar nuestra región en polo industrial y tecnológico a la vanguardia de esa revolución energética. La experiencia brasileña deja en claro su enorme potencial en términos ambientales, sociales y económicos. Muestra también que ese programa en nada compromete la seguridad alimentaria de nuestros países”. Agrega que planteó a las empresas de su país invertir en esa materia en los países vecinos aprovechando la abundancia de sol, tierra y mano de obra calificada, y la urgencia de que el Grupo de Trabajo sobre Biocombustibles del Mercosur elabore un programa para estimular la producción y el consumo de etanol y biodiesel en los países del bloque.
Un análisis exhaustivo (a escala periodística) sobre este punto se encuentra en un reportaje efectuado por colegas uruguayos y paraguayos a Marco Aurelio García, asesor de la presidencia brasileña en política internacional, de la cual da cuenta Brecha en su última edición. La pregunta, incisiva y compleja, está formulada en estos términos: “Es muy clara la decisión estratégica de Brasil a favor de los biocombustibles. Pero resultó muy sorprendente la posición de Fidel Castro, quien se pronunció duramente contra la opción por los biocombustibles en detrimento del uso de la tierra para producir alimentos. Incluso después el presidente Chávez, quien inicialmente parecía muy entusiasmado con la idea de los biocombustibles, se acopló a esas observaciones. ¿Cuál es su opinión?”. Veamos una síntesis de la respuesta.
Primero, no es cierto que haya una competencia entre combustibles y alimentos, al menos en Brasil, que destina a biocombustibles el 1% de las tierras agrícolas disponibles.
Segundo, se emplean tierras que, una vez aprovechadas para la producción de biocombustibles, se regeneran para una futura producción de alimentos.
Tercero, el etanol se genera a partir de la caña de azúcar. Trabajos de investigación señalan las ventajas de la caña para este cultivo, de la que se extrae una productividad 11 veces mayor que en otros usos posibles. Este cultivo no interfiere con la Amazonia (argumento de algunas ONG) porque no se puede producir caña de azúcar en tierras amazónicas. Hay dudas sobre la producción de etanol a partir del maíz, pero no es el caso en Brasil.
Cuarto, el problema del hambre en el mundo no deriva de la falta de alimentos, sino de la mala distribución de los ingresos. La producción mundial de alimentos, según cálculos serios, podría sostener una demanda doble de la requerida por la actual población del planeta.
Señala luego que Fidel Castro distinguió entre los programas de Brasil y de EEUU; y que Chávez anunció en la reunión de Isla Margarita que va a importar de Brasil cerca de 300 millones de dólares de etanol, el que cumplirá una función importante desde el punto de vista ambiental.
Sobre el biodiesel, acotó que aunque puede producirse a partir de la soja, en el caso de su país se obtiene a partir de oleaginosas no aptas para el consumo humano, como el ricino y otras. Con el agregado de que con los desechos de esas oleaginosas, y los de la caña, pueden generarse nuevas industrias, de plásticos y abonos entre otras, configurando una nueva revolución industrial. Días pasados leíamos en Tierramérica que Brasil emplea etanol de caña de azúcar para elaborar polietileno de alta densidad, utilizado en envases y piezas de vehículos, con tecnología desarrollada por una empresa local (Braskem). El polietileno elaborado a base de etanol es 100% reciclable y puede ser utilizado para generar energía. Ha sido certificado por laboratorios internacionales, comprobándose que contribuye a la reducción del dióxido de carbono en la atmósfera.
El 25% de la gasolina que se usa hoy en los automóviles en Brasil está constituido por etanol, proporción que ha ido aumentando, Y la casi totalidad de los automóviles que se construyen tiene motores con tecnología flex fuel, lo que permite utilizar el 100% de etanol, o porcentajes variables, según el gusto del consumidor. Ello permite ahorro de divisas y menor contaminación ambiental, además de creación de empleos y un proceso de industrialización.
Quedan por cierto muchos problemas por resolver. Por ejemplo, EEUU impone aranceles muy elevados a la importación de etanol brasileño, y Brasil está bregando por su reducción a niveles razonables. Una batalla por cierto muy dura. *
OTRAS NOTICIAS EN LARED21