La lenta agonía de los tripulantes del submarino

La última carta del Kursk

El presidente Vladimir Putin, al abrir una reunión del Consejo de Seguridad, ayer en Moscú, prometió con firmeza que la operación de recuperación de los cadáveres de los 118 marinos del submarino nuclear Kursk «seguirá adelante» a pesar de las dificultades técnicas y meteorológicas.

El mandatario aseguró que las autoridades tienen la intención de ser «transparentes al máximo grado» sobre la investigación de las causas del siniestro.

«Respetaremos los compromisos asumidos con las familias de los marinos fallecidos y haremos todo lo posible para que el estado pueda rendir el último homenaje a estos héroes. Haremos todo lo posible», concluyó Putin.

El Kursk se hundió el 12 de agosto pasado por causas que aún se ignoran. Una comisión investigadora creada por el gobierno ruso debería comunicar sus conclusiones el próximo 8 de noviembre.

Un dramático mensaje hallado en el bolsillo de la ropa que aún vestía a uno de los cuatro cadáveres recuperados anoche, atestigua que los marinos del Kursk no murieron el 12 de agosto pocos minutos después del hundimiento –como dijeron entonces el gobierno ruso y oficiales de la marina– sino que sufrieron una lenta agonía antes de la muerte, que llegó probablemente después de algunos días.

«Hora 13.15. Toda la tripulación de los compartimientos 6, 7 y 8 se transfirió al 9. Aquí, en el 9, somos 23. Hemos tomado esta decisión a causa de la avería. Ninguno de nosotros puede volver a subir», se lee en el mensaje.

El mensaje estaba en un bolsillo del capitán Dmitri Kolesnikov que se trasladó del compartimiento séptimo al noveno.

Estos detalles fueron revelados por Vladimir Kuroiedov, jefe de la marina militar rusa, en la reunión con las viudas que se celebró esta mañana en la base de Vidiavievo.

«Escribo esta nota en la oscuridad», concluye el dramático mensaje escrito por Kolesnikov antes de la muerte.

En el noveno compartimiento del Kursk, en la popa, deben encontrarse los cuerpos de unos veinte marinos, dijo Kuroiedov, precisando que las búsquedas fueron suspendidas para organizar una exploración más meticulosa de la popa.

El jefe de estado mayor de la Flota del Norte, Mijail Motsak, precisó que antes de morir en el submarino, Dmitri Kolesnikov escribió la carta dirigida a sus familiares de la que sólo se divulgó la parte que se refiere a las condiciones de la tripulación después del accidente.

El mensaje será entregado a los familiares de Kolesnikov, que viajan desde San Petersburgo, donde residen, hasta el lugar del accidente.

En la carta también está escrito que dos o tres marinos habrían tratado de salir del submarino a través de la puerta de emergencia en el noveno compartimiento.

«Como sabemos el intento fracasó porque el compartimiento estanco de la salida de emergencia había sido invadido por el agua», explicó Motsak.

Según la reconstrucción hecha por los responsables militares rusos, Kolesnikov escribió la carta entre las 13.34 y las 15.15 del 12 de agosto, el día que se hundió el «Kursk».

A las 12.58 los marinos de la sexta, séptima y octava sección se trasladaron a la novena, donde se encuentra la salida de emergencia.

Dmitri Kolesnikov parece ahora un fantasma que surge de los abismos. Un joven oficial de la marina rusa que con sangre fría y coraje de veterano dejó una última huella de los muertos del «Kursk».

Acababa de cumplir 27 años y en la tripulación del submarino era responsable de la sección turbinas. Su tragedia es también la de una familia: se había casado pocas semanas antes del último y fatal embarque.

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