Los candidatos y los hispanos
Sólo matices diferencian al candidato presidencial demócrata Al Gore del republicano George Bush en la importancia que ambos conceden a América Latina y el Caribe, casi el mismo interés y compromiso que los dos expresan hacia la minoría hispana.
Sin embargo, el vicepresidente Gore demuestra mayor conocimiento y precisión sobre los problemas de la región, en particular en temas de pobreza o de crisis financieras como las que sucesivamente enfrentaron México, Argentina, Brasil y otras naciones de la región.
Gore también mantiene sólidos empeños en las cuestiones ambientales que atañen a América Latina, y en especial, con la selva amazónica, así como sigue muy estrechamente la lucha antidroga en el hemisferio sur y coincidió con el presidente Bill Clinton en la necesidad de promover el Plan Colombia, un paquete de ayudas por U$S 1.300 millones que aprobó el Congreso.
Bush, que tiene un fuerte arraigo en el sector petrolero y promueve los intereses de esa industria que había iniciado su padre, primero como vicepresidente de Ronald Reagan y luego en 1989, durante su mandato de cuatro años, mantiene una fuerte disidencia con México sobre el tema de los hidrocarburos.
El gobernador de Texas es un firme partidario de la apertura al exterior de la explotación petrolera en México, interés económico excluido, junto con el tema migratorio, del fructífero Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC o Nafta, en inglés) vigente desde 1994.
Pero Bush, un gran conocedor de México, país con el cual promovió un fuerte aumento del comercio interfronterizo con Texas, prometió durante la campaña: «Miraré hacia al sur, no como algo secundario, sino como un compromiso fundamental de mi presidencia».
El candidato republicano propuso destinar, a este respecto, U$S 100 millones en préstamos a pequeños negocios de la región, y crear un programa de intercambio que dé trabajo temporario en el gobierno a jóvenes de origen hispano.
Gore, quien durante la década siguió de cerca los procesos de afianzamiento de la democracia en América Latina, sostuvo a su vez que «la segunda generación de la reforma está en marcha, concentrada en la creación de gobiernos eficaces y sensibles, que se ganen la fe y la confianza de la gente».
Cada vez que fue interrogado durante la campaña por casos de corrupción y denuncias de fraude electoral, Gore reiteró que respaldaba «el avance hacia la transparencia, la descentralización y una reducción de la burocracia» en América Latina. Tanto Gore como Bush son partidarios de establecer un mayor control fronterizo. El vicepresidente expresó su interés de promover «fronteras seguras y un fuerte control fronterizo», mientras Bush propuso destinar U$S 500 millones en cinco años para acelerar el procesamiento de las solicitudes de inmigración.
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