EEUU procura instalar otra base militar en Colombia

EL GOBIERNO de Rafael Correa decidió no renovar el convenio que cede a los militares estadounidenses la base militar de Manta, sobre el Pacífico. Ese fue un punto básico de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia y de la actual movilización cívica por la Asamblea Constituyente. El Pentágono está a la búsqueda de un territorio latinoamericano para ubicar la base que reemplace a Manta, tomando como pretexto la lucha contra el terrorismo y contra las drogas. Precisamente ése será uno de los objetivos de EEUU en la próxima Conferencia Hemisférica sobre seguridad, cooperación y desarrollo que se reunirá en Lima en el mes de julio.

 

Para reemplazar a Manta

La decisión del presidente Correa de poner término a la concesión resuelta por anteriores gobiernos cuenta con el firme respaldo del pueblo ecuatoriano, en defensa de la soberanía nacional. En el pasado se desarrollaron movilizaciones de organizaciones populares y sociales que confluyeron sobre la base en reclamo de que se marcharan las tropas extranjeras. Fue un caso similar al de la base yanki en la isla de Vieques, que determinó una serie de movilizaciones de las organizaciones nacionalistas de Puerto Rico hasta lograr finalmente la liquidación de la base. Lo mismo ocurrirá en Manta en el año 2009. Esto es irreversible.

Desde la base de Manta EEUU ha estado interviniendo activamente estos años contra las guerrillas de Colombia y en operaciones de espionaje aéreo sobre su territorio. Los aviones cruzaban la frontera (la misma que Colombia está envenenando con las fumigaciones de glifosato) e irrumpían sobre el espacio aéreo colombiano, con el visto bueno del gobierno de Álvaro Uribe. Se dice que en los prolegómenos de la Conferencia hemisférica se barajaron dos países para instalar la nueva base: Perú y Colombia. En los demás el horno no está para bollos. Se optó por este último, aprovechando su dependencia de EEUU en relación con el Plan Colombia (para el cual el propio Uribe anda mendigando más recursos) y con un TLC cada vez más esquivo, a diferencia de lo que podría ocurrir con Perú y Panamá.

En Colombia están en pleno funcionamiento tres bases norteamericanas, dotadas de numeroso personal de ese país. La más importante es la de Tres Esquinas, en el departamento de Caquetá, al suroeste, que toma su nombre del afluente del Amazonas. Desde allí no sólo han estado asesorando y efectuando amplios operativos de espionaje, sino actuando directamente en enfrentamientos con las guerrillas. Además de su personal regular, actúan también allí grupos de mercenarios, provistos por empresas yankis que reclutan sus efectivos entre personal militar y policial cesante, además de mercenarios que matan por la paga.

 

Espionaje y «guerra contrainsurgente»

Una segunda base, menos conocida, está instalada en una hacienda cercana a la localidad de Florencia, también en Caquetá. Una tercera se ubica en la ciudad de Villavicencio en el departamento central de Meta, está provista de unidades aéreas que entraron en acción y desde allí opera la llamada «inteligencia técnica» del Pentágono.

Un estudio de la agencia ecuatoriana Altercom señala que las autoridades militares colombianas, en acuerdo con el presidente, ya habrían dispuesto un extenso territorio estratégico para instalar una base «más moderna y poderosa que la de Manta»; y que la misma estaría en condiciones de controlar a la insurgencia colombiana y a la vez «todo tipo de actividades políticas soberanas que se realicen en América Latina y el Caribe».

En realidad, sería una más de las cientos de bases que EEUU detenta en el mundo, enquistadas en territorios extranjeros, en donde impera un estatuto de extraterritorialidad y a la vez de impunidad para sus fuerzas armadas. Esto es lo que ocurre en la base de Guantánamo en territorio usurpado a Cuba, centro de torturas y vejaciones sin límite y de pisoteo de todos los derechos humanos. O en la gigantesca base de Okinawa en Japón, donde sus soldados han cometido atentados contra la población civil que permanecen impunes por la eternidad. O las numerosas bases en Europa, a las que se han agregado las cárceles secretas de la CIA y la intención de instalar nuevos centros de engendros misilísticos sobre la frontera con Rusia. O las que mantienen en América Central (Honduras y otras), o las que proyectan para vigilar la triple frontera desde Paraguay.

O las numerosas bases instaladas en la zona del Canal de Panamá, de donde debieron mandarse mudar cuando el país recuperó su plena soberanía sobre el Canal en virtud de los tratados Torrijos-Carter, a fines de siglo. Las bases de Howard, Fort Clayton y otras eran centros de las escuelas de «contrainsurgencia» donde se formaron cientos de oficiales superiores de las fuerzas armadas de los países latinoamericanos (muchos de ellos futuros golpistas) en la funesta doctrina de la «seguridad nacional». Recientemente tuve ocasión de recorrer varias de esas instalaciones en la zona el Canal y quedé sorprendido por su magnitud, ya que conforman una ciudad en pequeño. Eso se terminó. Lo mismo sucederá con Manta.

 

Uribe y los paramilitares

El estudio citado expresa su alarma por el crecimiento que se viene produciendo en Colombia del número de expertos y asesores militares norteamericanos, así como de sus equipos técnicos y armamentos, ya sea en grupos o como conjuntos militares operativos, todo ello relacionado con la ampliación del Plan Colombia y el plan Patriota. La nueva base militar yanki es parte de este plan.

En mi nota del jueves hice referencia a la denuncia de que Uribe recibió dinero de los paramilitares y narcotraficantes en su campaña electoral de 2001. Ese mismo día llegó a las manos una investigación de Alpher Rojas Carvajal recogida en el libro «La irrupción del estado mafioso», que abunda en nuevos datos sobre el tema y sus colaterales. Quizá un día próximo los podamos compartir. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje