Los fundamentalistas islámicos derrotaron los sueños de Yasser Arafat

Golpe de Estado al laicismo

La bandera verde de Hamas izada en los cuarteles de seguridad de la franja de Gaza tras una guerra de vale todo contra Fatah atestigua la división política entre Gaza y Cisjordania, deja a la comunidad internacional sin interlocutor de peso en la región y aleja más que nunca la perspectiva de alcanzar la paz.

El surgimiento de un pequeño Estado islamista en la frontera sur de Israel también amenaza de muerte a la Autoridad Palestina presidida por el moderado Mahmud Abas, líder de Fatah, confinado ahora en Cisjordania, que ha disuelto el gobierno de unidad con Hamas e instaurará en breve un Ejecutivo de emergencia.

La foto de la agencia francesa AFP de un militante de Hamas encapuchado y de pie en el escritorio de Abas, empuñando un fusil Kalashnikov con una mano y agitando el Corán con la otra bajo los retratos del presidente de la Autoridad Palestina y de su antecesor Yasser Arafat, jefe histórico de los palestinos, en medio de un revuelo de sillas y papeles, dio la vuelta al mundo como testimonio del caos y el odio interpalestino.

La toma de poder de Hamas en Gaza «es lo peor» que ocurre a los palestinos desde que Israel ocupó sus tierras en 1967, dijo el jefe negociador palestino, Saeb Erakat, de Fatah.

«Desgraciadamente esto nos hace retroceder varios años. La franja de Gaza y Cisjordania están ahora separadas y las aspiraciones de lograr un Estado palestino, postergadas. Gaza está oficialmente fuera del control de la Autoridad Palestina», sentenció Erakat.

Para Tariq Alhomayed, director del periódico árabe Asharq Al-Awsat, lo que sucede en Gaza es políticamente inmoral en el sentido más profundo del término y responsabiliza tanto a Fatah como a Hamas de cometer «crímenes de guerra».

Alhomayed piensa que Hamas no es ni será nunca un gobierno mientras pretenda imponer la yihad e intente guiar el destino de los palestinos dictando sermones los viernes en las mezquitas. «Hay que entender que la violencia que sacude Palestina, Irak y Líbano está interconectada», opina.

Lluís Bassets, director adjunto del diario español El País, piensa que tanto los acuerdos de La Meca entre Fatah y Hamas como la cumbre de la Liga Arabe en Riad fueron una engañosa señal de esperanza y concluye que estamos, no sólo ante el desvanecimiento del Estado palestino soñado, sino incluso de la propia idea de Palestina. En un contexto regional se plantea una convergencia de conflictos: Irak se palestiniza, mientras Palestina se iraquiza; siendo Gaza uno de los epicentros de un movimiento sísmico de larga duración y extenso alcance geográfico que incluye a los Hermanos Musulmanes, Al Qaeda, Siria e Irán. Vamos camino de una crisis generalizada y de proporciones devastadoras, explicó.

 

Hamastán y Fatahland

Si los territorios se convierten en un «Hamastán» en Gaza y en una Cisjordania dominada por Fatah, «ningún líder israelí –incluido Ehud Barak, el ex primer ministro, que esta semana ganó las primarias laboristas y podría regresar al poder el año próximo– se sentirá presionado a hablar de paz con un liderazgo palestino tan dividido», estimó la revista británica The Economist.

«El escenario catástrofe se hizo realidad: Hamas controla Gaza y Fatah, Cisjordania», tituló en portada el diario israelí Maariv.

La radio pública israelí, por su lado, abrió sus boletines informativos señalando que «existen desde ahora dos entidades palestinas, ‘Hamastán’ en la franja de Gaza y ‘Fatahland’ en Cisjordania».

«Tres Estados para dos pueblos», los israelíes y los palestinos, añadió el diario Maariv al publicar un mapa del Estado judío, flanqueado al este por la bandera palestina y al oeste por un Estado con la bandera verde de Hamas.

Amos Harel, del periódico israelí Haaretz, opina que ya nadie duda que los enfrentamientos entre palestinos en Gaza constituyen una guerra civil y representan una grave crisis para el liderazgo de Al Fatah, que «haría levantar de su tumba al mismísimo Yasser Arafat». Estos combates han hecho desvanecerse el sueño palestino de tener un Estado propio y, más que dos estados para dos pueblos, estaríamos ante la creación de dos entidades en la propia Autoridad Palestina: Hamastán y Fatahstán, señaló.

En opinión de Ghassan Charbel, editor del diario árabe Dar Al Hayat, los enfrentamientos que vive la Autoridad Palestina le obligan a hablar con total franqueza, acusando a Hamas y Fatah de haber infligido un daño mayor a la causa palestina de lo que Israel haya podido hacer nunca. Charbel considera que la situación en Gaza se parece cada vez más a la de Irak y asegura que «los líderes palestinos han dilapidado todo su crédito», tras las esperanzas abiertas en La Meca. Tanto el escenario palestino como el libanés suponen un «regalo» inesperado para el primer ministro Olmert, haciendo olvidar sus errores del último verano y las investigaciones del Comité Winograd.

Hermann Tertsch, columnista del diario español ABC, escribe que la guerra civil palestina parece imparable en Gaza entre bandos, sólo en principio dos, compuestos por fanáticos asalariados y funcionarios fanatizados. Tertsch cree que el factor más importante de este drama es «el naufragio de la idea del Estado palestino como un ente capaz de convivir en paz con Israel». Este cambio profundo respondería a un proyecto general del islamismo y sus aliados, desde Gaza a Irán, pasando por Londres, Estambul, Madrid o Caracas, cuyo objetivo final es convencer a todos de que Israel fue un accidente, dijo el analista.

Tras un año de combates que sólo en la última semana dejaron más de 110 muertos, Hamas –considerada una organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea– anunció la «liberación» de la empobrecida y superpoblada franja de Gaza, donde 1,5 millones de palestinos están hacinados en 365 km 2, y el inicio de una nueva «era islámica».

Abas, por su lado, único interlocutor de Bruselas y Washington, disolvió el gobierno de unidad que compartía con Hamas y ordenó el arresto de decenas de militantes islamistas en Cisjordania para «aplastar el golpe de Estado en Gaza».

Su incapacidad para poner orden en el territorio se debe en parte a su fracaso en las urnas frente a Hamas en las legislativas de enero de 2006, que resultaron en un boicot político y económico de la comunidad internacional a los palestinos.

Hamas, que se niega a reconocer a Israel, «quiere que el mundo lo acepte por la fuerza, luego de que su gobierno fuera sometido a un boicot durante más un año», opinó el politólogo palestino Hani Al Masri.

Frente a los sangrientos combates entre palestinos, algunos observadores recuerdan hasta con cierta nostalgia el liderazgo de Arafat, fundador de Fatah en 1959, que durante años logró espantar el fantasma de la guerra civil.

 

«Irak es un juego de niños comparado con lo que será Gaza bajo Hamas»

«Hay grupos que querrán vengarse. Irak es un juego de niños comparado con lo que será la franja de Gaza bajo el control de Hamas», alertó Nader Said, director de un instituto de sondeos en Cisjordania.

Mario Sznajder, profesor titular de la cátedra León Blum en Ciencia Política de la Universidad Hebrea de Jerusalén e investigador asociado del Instituto Truman, cree que los violentos choques entre Hamas y Fatah en la Franja de Gaza demuestran «la inexistencia de la institucionalidad palestina» en toda su magnitud. Mientras los niveles de institucionalidad que posee Israel le permiten resolver enfrentamientos internos, de acuerdo con la ley, a través de elecciones y negociaciones, la falta de institucionalización en el lado palestino sólo generan violencia interna y sufrimiento.

 

Hamas quiere un Estado islámico en territorio israelí

Hamas, el principal movimiento islamista palestino, consiguió imponerse desde su victoria electoral en 2006 como la fuerza clave en el panorama político y militar palestino.

Hamas es enemigo jurado del Estado de Israel, que lo considera
una organización terrorista. Su popularidad creció de forma espectacular en los territorios palestinos, y sobre todo en Gaza, en detrimento del Fatah de Mahmud Abas, que es apoyado por Occidente.

Hamas –acrónimo en árabe de Movimiento de Resistencia Islámica– fue creado el 14 de diciembre de 1987, poco antes de la primera sublevación palestina contra la ocupación israelí, por un grupo de militantes islamistas que decían formar parte de los Hermanos Musulmanes.

Entre ellos figuraba el jeque Ahmed Yassin, líder espiritual de organización, que murió en un ataque israelí el 22 de marzo de 2004. El actual jefe del movimiento, Jaled Mechaal, se encuentra en Damasco.

Con los años, Hamas desarrolló una amplia red de ayuda social y de obras de beneficencia, sobre todo escuelas, lo que explica su influencia creciente.

Enconado opositor a los acuerdos de Oslo de 1993 que culminaron en la creación de la Autoridad Palestina, Hamas es partidario de la instauración de un Estado islámico en el conjunto de Palestina, desde el Mediterráneo hasta el Jordán, es decir, que englobe a Israel.

El brazo armado de Hamas, las Brigadas Ezedin Al Qasam, es responsable de los atentados antiisraelíes más sangrientos, que causaron cientos de muertos.

A partir de su victoria electoral, el Hamas empezó a armar una Fuerza Ejecutiva para contrarrestar la supremacía del Fatah en los órganos de seguridad, cuyo control fue una de las principales causas del conflicto entre los dos movimientos rivales.

El gobierno que formó, dos meses después de su victoria en enero de 2006, fue boicoteado inmediatamente por la comunidad internacional.

En marzo de 2004, un doble atentado suicida en el puerto israelí de Ashdod, que dejó 10 muertos además de los dos kamikazes, condujo al gobierno israelí a intensificar sus ataques aéreos y los asesinatos selectivos como los que costaron la vida al jeque Yassin y luego a su sucesor, Abdelaziz al Rantisi.

 

Un «peligro» para Israel

Adrián Mac Liman, experto del Grupo de Estudios Mediterráneos de La Sorbona, cree que la guerra abierta entre Hamas y Al Fatah responde a la debilidad del Gobierno de Unidad Nacional y a la expansión del proyecto jomeinista, tras la llegada al poder del movimiento islamista Hamas. Para el autor, la destrucción del proyecto nacional palestino sólo servirá para incrementar la inestabilidad en Oriente Medio.

Para el ex embajador de Israel en Chile, el veterano de guerra Josef Regev, el triunfo de Hamas en Gaza es «un peligro». El funcionario de la cancillería israelí dijo a LA REPUBLICA «que la gran pregunta que se hace Israel es qué va a pasar con los acuerdos que se firmaron con la Autoridad Palestina». También se preguntó qué va a suceder en la franja de Gaza, teniendo en cuenta que hasta ahora los palestinos no han hecho nada por su gente. «El agua, la electricidad, el teléfono, la comida, el petróleo llegan desde Israel», dijo.

Recordó que los palestinos han recibido de Europa el doble de lo que Estados Unidos dio a través del Plan Marshall a Alemania, tras el fin de la II Guerra Mundial. El embajador Regev afirmó no entender lo que hicieron los palestinos con ese dinero. «Lo único que hicieron fue luchar entre ellos y contra Israel, en vez de construir su sociedad», sentenció.

«Para nosotros el de hoy es un conflicto interno entre los palestinos. Ellos deben elegir qué gobierno quieren, pero en realidad tienen muchas dificultades. Viven como tribus, con grupos armados que se amenazan unos a otros», dijo.

El diplomático manifestó que «Israel quiere vivir en paz con sus vecinos, dialogando, en forma normal. Pero hasta que ellos no vivan en forma normal en su sociedad todo se hace difícil. Ellos están recién en la primera etapa para construir su sociedad».

Regev entiende que en los conflictos entre los palestinos y en el Mundo Arabe «nada tiene que ver Israel», y recordó los enfrentamientos que se producen en «Argelia, en el desierto del Sahara, Sudán, Irak. Hay que recordar que en la primera guerra del Golfo un país árabe atacó a otro país árabe, los norteamericanos intervinieron para pararlos, y al final el que sufrió fue Israel al que atacaron con cohetes, cuando no tenía nada que ver». «Es evidente que la franja de Gaza se convierte en una especie de base avanzada de Irán, quien ayuda a Hamas financiera y militarmente», sostienen expertos israelíes. *

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