La interna peronista complica la política
Enviado en Argentina – Isidoro Gilbert
Fernando de la Rúa tiene buen suceso en España donde el jefe del gobierno, José María Aznar, y los grandes grupos económicos con multimillonarias inversiones en la Argentina le han dado su respaldo a la batería de medidas conocidas antes de que volara a Madrid el lunes, con el objetivo de reanimar la estancada economía.
Pero mientras el presidente recibe esos halagos, un sector del peronismo sigue elucubrando escenarios de emergencia política que determinarían que De la Rúa no podría finalizar su mandato de cuatro años y en 2001 habría –sostienen— que convocar a nuevas elecciones presidenciales junto a la renovación total del Senado Nacional y la mitad de la cámara baja.
Es una hipótesis más que improbable y si el sector del peronismo bonaerense que la maneja, más el ex gobernador Eduardo Duhalde que el actual, Federico Ruckauf, se debería a las sospechas, tal vez no de todo infundadas, pero en todo caso muy lejanas, de que el ex presidente Carlos Menem arreglaría con De la Rúa un «pacto de gobernabilidad» si en la Alianza, que le sirve de apoyatura política, el Frepaso decide abandonar los próximos meses la coalición.
La crisis política, si no superada al menos suturada, hoy no es lo que obsesiona al gobierno. La economía está en el centro de la atención y el nuevo programa del reforzado, a pesar de los rumores, ministro José Luis Machinea, recibió el respaldo explícito del padre de la convertibilidad, Domingo Cavallo y de sectores del gran capital, el productivo y el financiero.
Menos entusiasmo exhibe el amplio universo de las pequeñas y medianas empresas y son nulas las esperanzas en el arco sindical que tiende a enfervorizarse con paros generales o parciales.
Duhalde dijo en dos oportunidades que estaba dispuesto a tomar las riendas del gobierno, pero en base a la ley de acefalía actual que permitiría su designación. Machinea y el jefe del gabinete, Chrystian Colombo, un nombre a tener en cuenta, le salieron al cruce, siguiendo el argumento que la semana pasada utilizó el presidente sobre la existencia de conjuras golpistas, para muchos analistas, una apreciación temeraria.
No parece que este debate dé para más porque después de la última reorganización del elenco gobernante con el regreso del Frepaso a cargos importantes, tras la dimisión del vicepresidente Carlos «Chacho» Alvarez, se supone que habrá un desinfle de las tensiones políticas.
Es el peronismo el que tiene sus propios problemas de terminar de encontrar una plataforma común. En La Rioja, la patria chica de Menem, habrá a principios de noviembre un encuentro de los gobernadores de esa tendencia, con legisladores y el propio ex mandatario. Si Ruckauf va a la cita, el justicialismo dará un paso adelante para presentarse ante el público como rebanando sus diferencias internas. Queda, claro, la duda sobre el papel de Duhalde, con fuerza indudable en la provincia de Buenos Aires. Tal vez en este enigma, o su resolución, esté la clave del porqué de las posiciones maximalistas del ex gobernador bonaerense. Se verá.
Ayer se cumplio un año de las elecciones que llevaron a la Alianza al triunfo sobre el peronismo que Duhalde encarnó. El líder del Frepaso, Chacho Alvarez, dijo que el gobierno se encuentra «en deuda en la lucha contra la impunidad» y «en el tema del crecimiento con empleo con más seguridad social», dos capítulos centrales de su programa.
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