"En Europa un día, gana la derecha y otro la izquierda, y en América Latina también"
Con la elección de gobiernos progresistas de centroizquierda o de izquierda se ha producido un cambio en el mapa político de América Latina. ¿Cómo ve usted hoy la situación de la región?
Es un poco prematuro hablar de un nuevo mapa político. Lo que más ocurrió fue que hubo reelecciones o confirmaciones de las situaciones existentes. En Brasil y México, los dos mayores países de América Latina, que entre sí tienen bastante más de la mitad de la población, hubo una reelección en Brasil y una elección de un presidente del mismo color político que el anterior en México. En Venezuela y Colombia hubieron reelecciones, en Chile hubo continuación. En el único país grande que hubo un cambio de gobierno fue en Perú; en Argentina no se ha votado aún, por eso no corresponde hacer pronósticos. Los cambios se produjeron en países más pequeños como Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Lo importante aquí, más allá de quién ganó y quién perdió, es que hay un proceso democrático. Si hoy en día se mira Europa, después de lo que pasó en Bélgica el domingo, y en Francia antes, se podría decir que hay un vuelco a la derecha, pero no. En Europa un día ganan fuerzas más de centroderecha y otro día fuerzas más de centroizquierda o de izquierda; en América Latina, también. Lo importante es que hay procesos democráticos y que todo el mundo se ciñe a las mismas reglas.
A mí me llama la atención cuando me preguntan si hay debates ideológicos en América Latina. Y sí, los hay. Me da la sensación que en los debates que por ejemplo se producen en la OEA, unos y otros argumentan en base a la Carta Democrática Interamericana, por lo tanto tenemos algunas ideas comunes, aunque a lo mejor no las interpretamos exactamente igual.
¿América Latina está en un momento de definiciones?
América Latina está creciendo más; no todo lo que quisiéramos, pero está creciendo. Incluso hay una cierta mejoría en relación a la pobreza. De acuerdo con las últimas cifras de la Cepal, en los últimos cuatro años la cantidad de pobres ha disminuido casi en veinte millones, pero quedan muchos desafíos grandes todavía. No hay que cantar victoria, no tenemos el grado de inserción en la economía mundial, el nivel de integración y la diversificación que deberíamos tener. Nuestro sistema financiero es aún débil. Tenemos 200 millones de pobres todavía. Ochenta millones de latinoamericanos se fueron anoche a la cama sin haber comido lo suficiente. Es pobreza mezclada con discriminación, pueblos originarios, poblaciones afroamericanas, hogares monoparentales encabezados por una mujer…
La parte electoral de la democracia ha avanzado mucho, pero todavía en algunos países tenemos pocas instituciones republicanas. En Latinoamérica, Uruguay es un ejemplo de república.
República democrática quiere decir que se practica la democracia y hay instituciones sólidas que se respetan. Se llega al gobierno y se gobierna de acuerdo con las reglas de la democracia. En algunos países se entiende la democracia como un juego electoral en el cual el que gana puede hacer lo que quiere.
Estamos en un momento de encrucijada, esta región puede solidificar estas tendencia favorables que ha tenido en los últimos años o volver a sufrir una crisis en la próxima baja del mercado mundial. En eso estamos trabajando.
Se han producido ciertos enfrentamientos y disputas en la región. ¿Eso favorece la consolidación de la democracia?
Las relaciones entre los países nunca son perfectas. Muchas veces la disputa ideológica no se condice con la realidad.
Usted se refiere a la disputa que hubo entre Venezuela y Estados Unidos en la última Asamblea General de la OEA. Entre ambos hay un negocio de petróleo de 50 mil millones de dólares. Pocos países de Latinoamérica exportan esa cantidad de recursos a Estados Unidos. Los países buscan generalmente acuerdos de libre comercio para mejorar su penetración en el mercado norteamericano; Venezuela no los necesita. No sólo exporta petróleo, porque si fuera sólo petróleo efectivamente podría irse a otro lado; es petróleo refinado en refinerías propias y distribuido en gasolineras propias. Es una relación económica muy estable. Siendo yo un realista de la política internacional, pienso que esas cosas no se rompen con facilidad. Preferiría que hubieran relaciones más armoniosas, que se llevaran mejor, pero me alarmo frente a ese tipo de situaciones. Recientemente ha habido problemas también entre Argentina y Uruguay, entre Perú y Chile, pero dentro de un marco de integración y de relaciones bastante más complejas que un puro problema. En términos técnicos las relaciones son más densas, tienen que ver con el comercio de bienes, con el tránsito de personas, con relaciones de tipo cultural, con vínculos de carácter político. Las relaciones tienden a mantenerse más allá de los problemas que puedan existir.
La Declaración de Panamá, firmada en la última Asamblea General de la OEA, declara que la energía es un recurso fundamental para el desarrollo de los pueblos. ¿Cuál es el papel que juega el etanol en ese desarrollo y qué alcance puede tener en América Latina?
Creo que puede tener un alcance inmenso, por sus potencialidades y porque, si me permite cierta impropiedad en el lenguaje, desde el punto de vista cultural la cantidad de gente que creía no tener acceso a ninguna forma de producción energética ve que puede hacerlo. El etanol va a dar mucho que hablar, sobre todo en los países pequeños, por ejemplo de Centroamérica o del Caribe, que van a iniciar una cierta industria. Eso estimula la búsqueda de fuentes alternativas de energía. Hay dos temas que son importantes, junto con el tema del petróleo, los gasoductos, los oleoductos y la necesidad de la integración energética. Uno es el de los biocombustibles y las formas alternativas de producción de energía. A lo que no se le dio suficiente relieve es a la utilización eficiente de la energía. Nosotros somos grandes derrochadores de energía, los estudios que existen demuestran que en Europa la producción de una unidad de producto no supone una producción del mismo tamaño de energía, sino que la energía se usa de una forma eficiente. Nosotros seguimos requiriendo las mismas cantidades de energía para producir las mismas cosas que antes, no hemos mejorado nuestra eficiencia energética.
Hoy se discute si Venezuela va dejando la democracia de lado para recorrer caminos más autoritarios, según afirman algunos analistas…
No lo creo. Yo no creo en las democracias con apellido. En mi país la dictadura hablaba de las democracias protegidas; en los años sesenta se hablaba de las democracias populares. La democracia es democracia. La democracia significa primero elegir y ser elegido de manera libre y secreta, informada y participativa, con opciones reales, y significa que en la sociedad se da un conjunto de normas de conducta institucional que no se cambian a cada rato. Tiene que ver tanto con el manejo del Estado como con los sistemas tributarios, los sistemas aduaneros, de justicia. El juego de mayorías y minorías no significa que se cambien las normas a cada rato. Tenemos que progresar pero estamos en un buen camino democrático.
¿Existe la posibilidad de que Cuba se reintegre a la OEA?
No, yo no he hablado nunca de eso. He dicho siempre que ésta es una Institución integrada por 34 miembros activos, 35 con Cuba, de los cuales 33 tienen relaciones con La Habana. Que Cuba sea un miembro suspendido de la OEA no significa que no haya ningún diálogo con ella y que hagamos de cuenta que no existe. Yo no tengo ninguna voluntad de dividir a la OEA con esto. Es importante buscar un diálogo, una relación con Cuba, pero no su incorporación. Después de 50 años habría muchas cosas que ver antes. Ojalá
vuelva Cuba alguna vez a la OEA.
¿Sigue vigente la OEA como fue planteada en sus inicios? Los cambios económicos, geopolíticos, el fin de la guerra fría, ameritan alguna adecuación de este organismo…
Ciertamente muchas cosas han cambiado. Las instituciones regionales durante la guerra fría, que era un período de zonas de influencia, tendían a ser dominadas por la potencia hegemónica de la zona. En las organizaciones de Europa Central era la Unión Soviética, en América Latina era Estados Unidos. Eso se terminó. No significa que el peso de Estados Unidos en la OEA no sea de la envergadura que es, pero el tipo de relaciones que se establece ya es muy distinto.
Necesitamos una OEA efectivamente comprometida con la democracia, que respete la pluralidad ideológica y las distintas formas de organización económica o social.
La OEA siempre ha hablado de tres cosas: democracia, seguridad y desarrollo. Cuando hablamos de seguridad, en primer lugar, tenemos en cuenta al crimen. El principal problema de seguridad que tiene esta región es el aumento de la criminalidad, el narcotráfico, las pandillas, la violencia urbana, el crimen organizado. América Latina también tiene que cuidarse del terrorismo, tiene que mantener la paz interna también, pero son muchos menos estos problemas. Hace mucho que no tenemos guerra.
El titular no ha cambiado: Seguridad. Los problemas de seguridad de los ciudadanos son muy distintos. En la zona del Caribe el tema de las catástrofes naturales es central.
Por otra parte, en América Latina no califican más de siete u ocho países para ser donantes de ayuda; los demás tienen problemas de desigualdad. No es que no tengan recursos para enfrentar la pobreza, lo que pasa es que los ocupan de manera desigual.
En Uruguay el 20% más pobre se lleva el 8,8% del ingreso nacional; es la mejor distribución de América Latina. En otros países el 20% más pobre se lleva el 2,2%. Cada país tiene que enfrentar el problema de la desigualdad de manera adecuada. No es un problema ya de ayuda al desarrollo como antes, por lo tanto los programas tienen que ser para la formación de recursos humanos, para el desarrollo institucional. Hoy en América Latina sólo algunos países califican para recibir ayuda, entre ellos Haití, Bolivia, Honduras, Nicaragua y Guyana.
Además veinte años atrás en América Latina teníamos pura dictadura; la realidad hoy es otra.
Los tres titulares de la agenda de la OEA democracia, desarrollo y seguridad han cambiado su contenido radicalmente.
¿Cómo ve un chileno su país desde afuera? La distancia ayuda a hacer un análisis más certero…
Lo veo con bastante satisfacción. La imagen que hay en el exterior es que funciona muy bien. Se echa de menos, y a uno lo afectan mucho las cosas buenas y malas que pasan. Atraviesa un buen período económico. Las cifras en materia de pobreza fueron nuevamente espectaculares, una baja muy notable de la pobreza y una caída de la indigencia a un 3,2%. Cuando Chile volvió a la democracia, en 1990, había 41% de pobres y hoy hay 13,7%. No deja de ser un progreso inmenso en estos 18 años.
Yo veo a Chile de manera muy optimista, reconociendo que muchas veces mis compatriotas tienden a pelearse por algunas cosas que yo creo que no valen la pena.
Ustedes viven en un país donde pasa más o menos lo mismo. La imagen que se tiene de Uruguay en el exterior es la de un país que tiene una de las principales democracias de América, ésa es la realidad.
Probablemente cuando uno llega acá mucha gente no está dispuesta a decir lo mismo.
Cuando hablo de estos 18 años en Chile digo que es obra del gobierno de la Concertación, pero también la oposición ha puesto su granito de arena.
Los países se desarrollan cuando todo el mundo marcha de acuerdo con algunas cuestiones básicas. *
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