Los poderosos militares del Perú
El mandatario peruano hizo en la víspera una demostración pública de aparente control de su gobierno sobre las Fuerzas Armadas al visitar, durante varias horas, instalaciones militares estratégicas en esta capital.
Fujimori también dedicó parte de su tiempo de ayer a visitar las instalaciones del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), donde su ex asesor Vladimiro Montesinos maquinó estrategias políticas para, según se afirma, mantener el control de un gobierno de «largo aliento» más allá del año 2020.
La suerte de Montesinos se quebró en setiembre cuando estalló la crisis política a raíz de un video que lo mostraba sobornando a un congresista. Ahora, sin embargo, su retorno abre graves interrogantes sobre el futuro institucional del Perú.
El retorno de Montesinos ha sido calificado como un desafío de proporciones, habida cuenta que los actuales altos mandos siguen presionando al gobierno y a la oposición para lograr una ley de amnistía general por presuntos delitos de violación a los derechos humanos y corrupción.
A pesar de esa «bomba de tiempo» en sus manos, Fujimori también parece decidido a respetar un acuerdo o una lealtad con Montesinos, aunque éste bien podría –según analistas– estar tramando un «emboscada política» en la que Fujimori quede cautivo de los militares por tiempo indeterminado.
Aun asi, Fujimori intentó demostrar que los militares están sometidos y subordinados a su poder y que él no es el «rehén» de Montesinos y de los jefes militares.
Tras el retorno de Montesinos al Perú, lo que ha desatado otra crisis política de magnitud, Fujimori parece recuperar los «ojos y oídos» que le representó en los últimos diez años su cercanía con Montesinos, un experto en operaciones psicosociales y de inteligencia.
Montesinos es un personaje clave y controvertido para darle vida a una cúpula militar que parece decidida a respaldar a Fujimori, aunque otros analistas advierten que los altos mandos intentarán, en los próximos días, una inédita asonada para revertir la situación de desconcierto que se vive en Perú.
Los militares han sido y siguen siendo los protagonistas de la vida política peruana, caracterizada por golpes de estado, asonadas, cuartelazos y rebeliones de todo tinte y tono político de las últimas décadas.
A pesar de los reiterados comunicados militares de que existe subordinación al mandato civil, en los estamentos castrenses son cada vez más fuertes las voces que advierten sobre una inminente fractura de la supuesta unidad castrense.
El propio Fujimori se encargó de reforzar esa versión al informar anoche que relevó de sus cargos a cinco coroneles, a quienes no identificó, pero que al parecer habrían participado en una suerte de conspiración en contra de su gobierno.
Varios generales han sido pasados al retiro a pesar de estar en línea de carrera para el cargo más importante del ejército: la comandancia general de la institución.
En este embrollo juega un rol protagónico el ex asesor Montesinos Torres, quien tras retornar al Perú parece decidido a retomar el control del país, utilizando para ello el engranaje político militar que él mismo se encargo de diseñar y dirigir.
Montesinos, a quien la oposición le atribuye un enorme poder de decisión a pesar de haber cesado en sus funciones, está recibiendo en Lima la protección del actual mando militar, cuyos integrantes fueron elevados a esa jerarquía por decisión del propio Montesinos.
El propio Fujimori ha admitido que Montesinos se encuentra bajo protección, pero todo indica que el ex asesor del mandatario ha retomado, tal vez con mayor fuerza, el control de toda una situación cuyas consecuencias se estiman imprevisibles para el destino democrático peruano.
Un coronel y dos capitanes del Ejército peruano fueron detenidos «arbitrariamente» por mandato del presidente Alberto Fujimori, denunció ayer el congresista Jorge Pollack, renunciante a las filas de la alianza oficialista Perú 2000.
El legislador dijo que el lunes por la noche fueron detenidos en sus domicilios.
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