El clima y las reminiscencias de la Guerra Fría

La cumbre del G8 comenzó en Heiligendamm, Alemania, sin apenas esperanzas de alcanzar un acuerdo en cifras sobre el clima y en medio de reminiscencias de guerra fría entre Estados Unidos y Rusia.

La reunión anual de los ocho países más industrializados empezará con mal pie para la canciller federal alemana, Angela Merkel, quien había depositado muchas esperanzas en el logro de un compromiso sobre el cambio climático para limitar a 2 grados la subida de las temperaturas hasta 2050, lo que implicaría reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero con relación a 1990.

Pero Estados Unidos, que no ha ratificado el Protocolo de Kioto, ha transmitido mensajes contradictorios que echan por tierra estos ambiciosos objetivos y abren la puerta a un acuerdo modesto.

Al término de un almuerzo en Heiligendamm con Merkel, el presidente estadounidense, George W. Bush, expresó su deseo de «trabajar con (el G8) sobre un acuerdo pos-Kioto» para alcanzar «objetivos esenciales» como la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Junto a él Merkel aseguró que veía «bastantes posibilidades de alcanzar una posición común», pero habló de «señal fuerte», no de números.

Antes, Jim Connaughton, responsable de la administración estadounidense para el medio ambiente, anunciaba en Rostock, cerca de Heiligendamm, que no habrá un «objetivo colectivo» sin haber entablado antes negociaciones con China, India, Brasil, México, Sudáfrica, entre otros países.

Por lo tanto Merkel, salvo sorpresa de último minuto, tendrá que conformarse con un acuerdo de mínimos.

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