Sendero Luminoso quiere matarme, dijo Montesinos
Montesinos, cuyo paradero es desconocido, declaró que no quiere dificultar el proceso de democratización y reconciliación en Perú y que no pretende «atentar» contra su país, en momentos en que circulan rumores sobre un eventual golpe de Estado por parte de militares leales a él.
«Sabiendo que varias organizaciones de Sendero Luminoso estaban llegando a Panamá para atentar contra mi vida, decidí regresar», declaró Montesinos, en entrevista con Radioprogramas del Perú, la segunda que concede como asesor de Fujimori, desde la que brindó a una televisora local, en 1999.
«He regresado porque me iban a matar, iban a atentar contra mi vida (…) y no para desestabilizar a mi país ni atentar contra mi país», afirmó el abogado y ex capitán del Ejército, ex jefe de facto del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN).
Autodefinido como «un ciudadano común y corriente», Montesinos, de 55 años, dijo que espera «de todo corazón, que nuestro querido Perú continúe por el camino trazado (…) y logremos vivir en paz, a eso me voy a dedicar. Mi objetivo ahora es dedicarme a mi profesión de abogado», tras asegurar que se alejará de la «vida política».
Confirmó que regresó a Perú bajo protección del presidente Alberto Fujimori y que la avioneta que lo trajo de regreso a Perú fue contratada por el embajador de Perú en Panamá, Luis Gross.
Montesinos reveló que salvó a Abimael Guzmán Reinoso, fundador de Sendero Luminoso y actualmente purgando cadena perpetua, de ser fusilado, porque, enfatizó, «como hombre de leyes, siempre apuesto por la vida y no por la muerte».
«Al señor Abimael Guzmán lo iban a fusilar. El gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional firmó en abril de 1992 un dispositivo para ser fusilado, yo hablé con el presidente Alberto Fujimori que no me parecía conveniente que se procediera al fusilamiento de esta persona», manifestó.
«La vida sólo corresponde quitarla a Dios y le pedí al señor presidente que me diera la oportunidad» de hablar con Guzmán para obtener información sobre la estructura y operaciones de Sendero Luminoso, agregó.
Montesinos, asesor de Fujimori desde que éste llegó al poder, en 1990, se refirió al período extraconstitucional de gobierno de Fujimori que siguió a su «autogolpe» de Estado, del 5 de abril de 1992.
Guzmán fue capturado en Lima el 12 de setiembre de 1992.
Montesinos enfatizó que no tiene nada que ver con tres sonados casos sobre violaciones a los derechos humanos, como el de secuestro y asesinato de nueve estudiantes y un profesor universitario, en julio de 1992, y el de tortura a la ex agente de Inteligencia Leonor La Rosa, a inicios de 1997. «No tengo ninguna responsabilidad en esos sucesos», dijo Montesinos, tras afirmar que la Justicia militar determinó que, en su condición de asesor del Servicio de Inteligencia Nacional, no tenía responsabilidad penal en esos casos.
Dijo que abandonó el país, en setiembre pasado, porque consideró que su «presencia se había convertido en un motivo de conflicto para el proceso de democratización», y que pidió asilo a Panamá para proteger su vida de grupos terroristas y de bandas de narcotraficantes.
En tal sentido, agradeció las gestiones realizadas para obtener el asilo por parte del Secretario General de la OEA, César Gaviria, y varios países de América Latina. «Espero que mi presencia no altere le proceso de diálogo (para resolver la crisis política) y menos el cronograma de reformas democráticas orientadas a viabilizar la salida adelantada de Fujimori y la convocatoria a nuevas elecciones generales».
Montesinos no se pronunció sobre el escándalo de corrupción que él protagonizó y que causó la crisis política que estalló el 14 de setiembre, cuando un video lo mostró sobornando con 15.000 dólares al congresista Alberto Kouri para que se pase al oficialismo.
El escándalo obligó a Fujimori a recortar su tercer gobierno de cinco a un año (hasta julio de 2001) y a desactivar el SIN.
Además, se atribuyó el «éxito» de las políticas antisubversiva y antidrogas del gobierno, al rescate de rehenes de la embajada japonesa, y dijo que «la fortaleza de este proceso de pacificación ha tenido como eje central la superioridad ética y moral».
«Quienes hemos luchado contra el terror hemos puesto por encima el valor y la ética y con la superioridad moral del Estado de Derecho», declaró Montesinos, sin abordar otras denuncias atribuidas a un aparato paramilitar manejado por él sobre supuestos asesinatos, torturas, seguimiento y espionaje a políticos, dirigentes sindicales y periodistas.
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