Gore quema todos sus cartuchos
Gore ha multiplicado sus intervenciones sobre los asuntos más diversos en los últimos días. El candidato demócrata a la Casa Blanca llegó ayer temprano a Little Rock (capital de Arkansas, estado natal del presidente Bill Clinton, al sureste del país) para una cita matinal de campaña: la reunión con una familia.
Los ciudadanos Bobbie y Mollie Goza discutieron con él lo concerniente a la salud y la educación de sus hijos, de 8 y 9 años. Allí Gore defendió el balance de los ocho años de gobierno junto a Clinton y preguntó: «¿Quieren ustedes abandonar una economía fuerte, volver a los déficit de hace ocho años?»
Pero el todavía vicepresidente concentró su discurso en atacar a su rival, a quien acusó de arriesgar la prosperidad de Estados Unidos al querer gastar el superávit previsto para las pensiones.
«Los intereses particulares que apoya mi adversario quieren entrar» en esos asuntos para defender sus beneficios, caso de las empresas farmacéuticas, aseguró Gore, quien también denunció el muy mediocre balance de Bush en cuanto a medio ambiente en el Estado que gobierna, Texas.
Ante los ataques del republicano, que le acusa de querer aumentar la burocracia estatal, Gore replica que la administración de Clinton redujo en 300.000 el número de funcionarios federales y promete un gobierno más eficaz.
Tras la escala en Little Rock, el vicepresidente viajará a Shreveport (Luisiana, vecino a Arkansas) para «movilizar a los electores». Luego, regresará a su cuartel general de Nashville (Tennessee, su tierra) para reunirse con su candidato a la vicepresidencia, Joe Lieberman. Los republicanos podrían ganar en Tennessee, según los sondeos electorales.
Este es el tercer viaje de Gore a Arkansas, que Bush ya ha visitado siete veces. El pequeño Estado sólo aporta seis de los 538 delegados del Colegio Electoral que elegirá al presidente tras los comicios.
El candidato que triunfe en un Estado se lleva todos los delegados de éste, por lo que es clave ganar en los grandes, como California, Nueva York o Florida. Pero lo reñido de esta elección torna decisivo cada estado para conseguir la mayoría absoluta de 270 votos electorales que abre la puerta de la Casa Blanca.
Por eso Gore pidió a los habitantes del feudo de Clinton que marquen la diferencia: «Ustedes tienen la oportunidad de decidir el futuro del país en una elección muy ajustada».
En cada etapa de la gira electoral, Gore insiste sobre las grandes cuestiones, porque cada grupo cuyo voto cuenta quiere que se defiendan sus intereses. Sobre todo, aquellos tradicionalmente votantes de los demócratas, como las mujeres, los ciudadanos de raza negra, los sindicatos o los liberales de izquierda.
La esposa del candidato, Tipper, se dirigió en Arkansas a las mujeres y a las familias: «Al Gore está por el derecho de las mujeres, el derecho a la igualdad salarial, a disponer de su cuerpo».
El domingo pasado, Gore habló de los valores religiosos en Texas ante la Iglesia de los Bautistas del Sur, formada mayoritariamente por negros. Por la tarde, pidió a los sindicalistas que se movilizaran para convencer a los simpatizantes de que voten, antes de recaudar cientos de miles de dólares en una velada con varias estrellas del espectáculo.
El lunes, Gore atravesará el país para combatir en los Estados de Washington y Oregon (al noroeste) las tesis del candidato ecologista, Ralph Nader. Este amenaza con morderle una porción del electorado progresista (los sondeos le dan un 4 o 5% de la intención de voto) que podría resultar decisiva para ganar a Bush.
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